Subcontratación en las universidades: La lucha interna contra la precarización del trabajo y el “doble discurso”

Tras la creciente movilización de sus estudiantes, la Universidad Central decidió hace unos días poner fin al subcontrato de sus trabajadoras del aseo. Más allá de casos de estatales como la UTEM y algunas facultades de la Universidad de Chile, fue una institución privada la que logró acabar con un régimen que la Confech postula como contradictorio con el supuesto “rol público” de los establecimientos.

 

Por Pablo Álvarez originalmente en El Desconcierto

“Nosotros dijimos desde el principio de este proceso que el subcontrato se acababa en la Central sí o sí”, dice Gabriel Iturra, presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Central, casa de estudios que hace dos semanas, y tras la creciente presión de sus estudiantes, tomó finalmente la decisión de terminar con el régimen de subcontrato para alrededor de 118 trabajadoras y trabajadores del aseo.

Las quejas con este régimen – que según el Informe Mensual de Calidad del Empleo (IMCE) Marzo-Mayo 2016 de la Fudación Sol agrupa a un 33,9% de los trabajadores del sector- han sido históricamente las mismas: Sueldos mínimos o incluso bajo el mínimo, no remuneración de horas extra, polifuncionalidad, escasez de espacios para siquiera comer o ducharse, rotación laboral arbitraria, supervisores abusivos, despidos injustificados o la desmesurada dificultad para organizarse sindicalmente.

“Cuando yo llegué acá, a los dos o tres días quería irme”, cuenta Bernarda Hernández, presidenta del Sindicato de Trabajadoras/es del Aseo de la Universidad Central. Asegura que en cuanto llegó vio que no contaban con los implementos mínimos para trabajar, que había que robarle escobillones a las compañeras para limpiar, fabricarse llaves para los dispensadores de papel confort y destapar los baños con las manos.

Además asegura que bajo el régimen del subcontrato tan solo una ausencia al trabajo les basta para que les descuenten $40 mil pesos del sueldo a pesar de tener licencia. “Así vengas con un certificado de la Presidenta de la República te lo descuentan igual”, bromea la trabajadora, y alega que los sueldos son el mínimo y que, con los $60 mil pesos que gasta solo en transporte cada mes, se le reduce de manera considerable. “Yo tengo compañeras acá que tienen tres o cuatro chicos, sin marido ni nada, y ahí estamos pidiéndonos plata prestada las unas a las otras para llegar a fin de mes”, dice.

Hernández también ironiza con su vestimenta, ya que los recurrentes cambios de nombre de la empresa contratista de la universidad han hecho que cada una de las prendas de su uniforme tenga un logo distinto. “Bueno ¿a qué empresa pertenezco?”, afirma haber preguntado en una de sus últimas reuniones.

Las gestiones para terminar con el subcontrato en la U. Central, si bien se vienen dando desde 2011 –que incluso involucró una polémica por la expulsión de 37 estudiantes movilizados por la causa en 2013-, tuvo un trámite sorprendentemente rápido este año. Con actos solidarios los estudiantes fueron generando vínculos y organización con los trabajadores de modo que, cuando estalló la movilización de la universidad y de las privadas en general hace poco más de un mes, ya el sindicato de trabajadores estaba armado.

Durante la toma de la Central se negociaron puntos, como por ejemplo dejar que los trabajadores siguieran ejerciendo sus funciones durante ese período, a cambio de que los estudiantes permitieran que se realizaran los cursos de postgrado. En paralelo estuvieron los talleres de formación sindical. Hasta que llegó el momento de negociar.

“Llegamos el primer día a la negociación con un discurso más de guata. Se nos presentó una proyección respecto a los costos que tenía internalizar a los trabajadores. La universidad hablaba de alrededor de $500 millones anuales más, contemplando los tres edificios de acá más el de La Serena”, asegura Iturra.

Ante este escenario, los estudiantes no decayeron. Tomaron los datos que les pasaron y, en un ejercicio multidisciplinario con alumnos de ingeniería, derecho y más carreras, lograron armar una contrapropuesta que demostraba que la internalización no implicaba un gasto extra de $500 millones sino que de $80 millones.

La universidad, viendo la propuesta y además con la presión de una movilización de más de un mes encima, aceptó internalizar a los trabajadores desde finales de este año. “Se quedaron sin argumentos porque el tema de la plata era lo que más les complicaba. Pudimos demostrar que no es un tema de plata sino uno de voluntad, y que la universidad de verdad es capaz de crear un departamento de aseo y limpieza”, explica Iturra.

Por un alza de sueldo de $80 mil pesos de base más los beneficios que la universidad contempla, materialmente el aumento de sueldo que conllevaría esta medida doblaría el sueldo actual de las trabajadoras y trabajadores. Cuando les comunicaron la noticia, algunos lloraban de la emoción.

“Cuando los niños nos comunicaron esto, esta noticia era algo inimaginable, no nos creíamos el cuento y yo creo que todavía no aterrizamos bien” dice Hernández, y luego agrega: “Muchas veces nos dijeron ‘Nooo, ¿pero si cuántas veces los cabros han peleado esto y nunca lo han logrado?’ Yo no soy muy antigua, por lo que con que esto se haya logrado ahora me considero una bendecida”.

La dispar experiencia de las universidades estatales: los casos de la U. De Chile y la USACH

“Una de las cosas que dejó el 2011 fue el cuestionarse no solo las condiciones económicas de la educación, como la gratuidad o el lucro, sino también el proyecto educativo. Y algo que empezó a ser de sentido común en el movimiento estudiantil es que no puede haber una universidad pública, o que se diga pública, que tenga a sus trabajadores en un régimen precario” dice Axel Gottschalk, miembro de la Corporación Jurídica 4 de Agosto –que ha realizado diversos estudios sobre subcontrato- y representante estudiantil de la Mesa de Condiciones Laborales de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech).

Esa casa de estudios ha tenido en los últimos años una serie de movilizaciones internas para terminar con el subcontrato: luego de 2011 se creó la Secretaría del Trabajo de la Fech, que empezó a ver por primera ves estos temas; en la Facultad de Arquitectura de Urbanismo hubo en 2012 un paro que impidió que se desvinculara a 16 trabajadoras por un cambio de empresa contratista; y Beauchef, a pesar de no ser el campus más politizado, inauguró la primera Universidad Popular Patricio Manzano y realizó en 2015 junto a la Facultad de Ciencias Sociales un estudio que mostró las condiciones de los trabajadores externalizados en la universidad y planteó serias dudas sobre si era más eficiente este sistema.

“Nos dimos cuenta de que no existía un ahorro significativo para las facultades, por lo que la razón de que ‘era más económico’ no era tan así. Y también nos dimos cuenta de que el otro gran argumento, que era despreocuparse de un servicio, tampoco era tan así porque la universidad tenía que participar bastante en el proceso cotidiano de ese trabajo”, dice el sociólogo Giorgio Boccardo, director de la Fundación Nodo XXI y ex presidente de la Fech, que fue uno de los principales gestores del estudio, que también reveló datos como las enfermedades a las que se exponían los trabajadores por sobrecarga laboral y las sustanciales diferencias de salario entre hombres y mujeres.

“Esto en las universidades públicas no debería ocurrir. Ahora, la subcontratación en el Estado ha crecido exponencialmente. La tendencia general en los Ministerios, colegios, universidades, hospitales etc ha sido la externalización, lo que le da un golpe bien fuerte al sindicalismo”, dice Boccardo, quien también asegura que, si los estudiantes no hubiesen puesto el problema en el debate, esto no habría sido tema.

Sin embargo, la primera internalización no se dio por iniciativa de los estudiantes. El decano de Odontología, Jorge Gamonal, se convenció de que había que cambiar el régimen y él mismo hizo un estudio en la facultad para terminarlo. “Él mencionaba los ejemplos de que el portero de la facultad era subcontratado y le pedía al decano la credencial porque no lo conocía, de que en los laboratorios tiene que haber una cierta especialización en el lavado de los elementos químicos, en limpieza y orden. Como la gente siempre iba rotando por el subcontrato nunca podía producirse esa especialización. Y además la facultad estaba llenándose de demandas” dice Gottschalk.

Se logró internalizar a los trabajadores con la mejora sustancial en las remuneraciones –casi el doble- que eso conllevaba. La iniciativa fue replicada en parte del personal de Ingeniería, el campus Juan Gómez Millas y la escuela de Derecho. La Mesa de Condiciones Laborales –creada por la Fech de 2014 y en la que participan la Federación de Asociaciones de Funcionarios de la Universidad de Chile (Fenafuch), el vicerrector económico en representación de rectoría, el Senado Universitario y la misma Fech- investigó durante un año y aprobó a finales de 2015 un informe que recomienda a los decanos internalizar a sus trabajadores. El informe debe ser aprobado en el próximo Consejo Universitario.

“Para los estudiantes es importante pelear contra el subcontrato, no solamente porque en esto se juegue nuestra solidaridad con los trabajadores con un discurso medio paternalista, sino que hay una cuestión política central. Lo que se está jugando es un modelo de educación, universidad y sociedad”, dice Gottschalk, quien también ha prestado ayuda al tratamiento del tema en la Usach, aunque asegura que en ese caso es más difícil por la cantidad de migrantes que hay.

La principal diferencia entre universidades privadas y públicas a la hora de contratar son las exigencias. Mientras las privadas pueden contratar a quien quieran, si las públicas quieren internalizar trabajadores tienen la traba de los requisitos de nacionalidad chilena y la escolaridad básica. Los estudiantes han apoyado este último punto a través de escuelas para que los trabajadores rindan sus exámenes, pero muchas veces no les da el tiempo para asistir a las clases.

Uno de los estudios más sólidos que se ha hecho a nivel de subcontrato en universidades es el que hizo la Fundación Sol sobre la Usach en 2014. Respecto a la migración, el estudio reveló que cerca de un 10% de los trabajadores subcontratados en la institución eran migrantes y que casi todos enviaban remesas a sus países. Esto además de otros datos que se repiten: salarios menores para mujeres, ausencia de duchas o lugar donde calentar comida y la ausencia de implementos de calidad.

Si bien en ese momento no existía ninguna clase de sindicalización en la Usach y la mayoría de los trabajadores declararon que era “por miedo a represalias”, actualmente a través de reuniones fuera de la universidad estudiantes y trabajadores y luego de un paro en mayo por el no pago de remuneraciones, se logró levantar el Sindicato de Aseo y Jardinería Usach, que actualmente tiene 250 afiliados.

El miedo tenía fundamento, ya que se empezaron a barajar tratos paralelos con los trabajadores para que no participaran del sindicato, hubo descuentos injustificados y la empresa incluso echó a la tesorera María Angélica Panes, ignorando el fuero sindical. Tuvo que ser reintegrada.

“Nosotros vemos una falta de compromiso con el supuesto rol social que cumple la universidad. Porque siempre ha tenido un rollo o discurso de estar apegada a las demandas de la sociedad. Hay un doble discurso, porque viendo otras experiencias, como en la Universidad de Chile o la UTEM, nos dimos cuenta de que esto pasa solamente por un tema de voluntad de cambiar un régimen que precariza el trabajo y no tiene ningún saldo positivo para las instituciones”, dicen a El Desconcierto desde el sindicato.

La lista de subcontrataciones de la UC

Swan, Interservice, Domínguez y Domínguez, Fastem, Gatservice, Aseos Express,Magochic, etc. La Universidad Católica tiene alrededor de 15 empresas contratistas de aseo asociadas, esto solo para servicios de aseo que, en un estudio de la Dirección de Estudios Sociales del Instituto de Sociología de la UC de 2014, acapararó el 77% de los trabajadores subcontratados encuestados. Un 9% de los trabajadores jefes de hogar de la encuesta declaró tener un sueldo inferior a los $200 mil pesos en ese estudio.

Al igual que en los otros casos revisados, los problemas son similares. “Los principales problemas que tenemos son los espacios físicos para guardar materiales, maquinaria, comedores, vestidores. Hay algunas instalaciones dentro del Campus San Joaquín que son deplorables. En mi instalación yo tengo los líquidos, el confort, las escobas, los baldes y las máquinas en el mismo lugar en que almorzamos y tomamos once. Es pésimamente malo el espacio físico que nos da la Católica”, dice Estrella Cardemil, presidenta del Sindicato de Trabajadores de Interservice.

“Como FEUC hemos asumido un compromiso irrestricto y permanente en nuestro trabajo con el área de trabajos sindical, subcontrato y condiciones laborales. Nos encontramos realizando un estudio externo de las condiciones laborales de los trabajadores subcontratados, hemos impulsado un nuevo proyecto de nivelación académica y nos encontramos trabajando en nuevas alternativas de contratación, avanzando así en el fin de la subcontratación y en la articulación de una verdadera comunidad universitaria”, asegura la vicepresidenta de la Federación de Estudiantes de la UC, Carla Ljubetic.

El estudio sobre condiciones laborales impulsado por la Feuc ha estado a cargo de la Fundación Nodo XXI y comenzó a realizarse a inicios del año académico. Según Giorgio Boccardo, los resultados probablemente estarán disponibles en septiembre.

No todos los trabajadores subcontratados de la UC realizan labores en la universidad. La Red de Salud UC-Christus Health también aplica esta figura con quienes realizan labores en el Hospital Clínico. Los trabajadores de la contratista Hospital Housekeeping Systems SpA Chile (HHS) impulsaron una propuesta de contrato colectivo el mes de mayo que demandaba bonos de $30 mil pesos para movilización y colación, $40 mil para bono de vacaciones, $20 mil por asistencia y $100 mil por término de conflicto.

La respuesta de la empresa llegó este mes y la única demanda que satisfacía por completo era la de asistencia. Para el resto de los bonos, la contrapuesta contemplaba un total de $69 mil pesos menos. Ante este escenario, el viernes el 95% de los trabajadores del Sindicato de HHS votaron irse a huelga, la que supuestamente partiría hoy. Sin embargo, este fin de semana la empresa hizo un último intento de evitar la huelga ofreciendo $20 mil pesos más para satisfacer por completo la demanda de bono de término de conflicto. La dirigencia del sindicato aceptó y no hubo huelga.

Estos son algunos de los conflictos de la subcontratación en la UC, del que se tendrán más datos una vez salga el estudio de condiciones laborales. “¿Le gustaría pertenecer a la Católica?” fue una de las preguntas que Estrella Cardemil asegura que le hicieron para la investigación. Sin embargo, ella cree que fue una pregunta innecesaria: “Toda persona entrevistada seguramente dijo que nos gustaría por supuesto pertenecer a la Católica, por sus beneficios y garantías que no tienen nada que ver con nuestra empresa. Pero me hubiese gustado que estuviera en otras cosas el foco, porque que seamos de planta de la Católica no va a pasar nunca”.

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