Entrevista a Manuel Ahumada Lillo, Presidente de la CGT y del Comité de Iniciativa por la Unidad Sindical (CIUS)

En el marco de la deslegitimación de la clase dominante y de la institucionalidad política, de elecciones fraudulentas en la CUT y de unas próximas elecciones municipales donde Manuel Ahumada Lillo se presenta como candidato a Alcalde de la comuna de San Bernardo por el pacto Pueblo Unido, Daniel Morales, militante del Frente de Acción Socialista, entrevista al dirigente del CIUS.

DM: Las próximas elecciones presidenciales estarán marcadas por un contexto de deslegitimación del sistema político con sendos casos de corrupción que se han conocido en los últimos dos años, y sin embargo, ya se han levantado candidaturas en la Nueva Mayoría y en la derecha con caras ya conocidas. ¿En este contexto, cree usted posible que se levante una candidatura alternativa al duopolio?

MA: La primera cuestión a tener en cuenta, es que hay un escenario deslegitimado y con corruptela, pero que, sin embargo, es el que va determinado a quien se le entrega el poder, lo que hasta ahora, ha resultado nefasto. Por lo tanto, pareciera errada la orientación que hizo en algún momento, de llamar al pueblo a abstenerse de participar de un proceso que no le iba a servir. No comparto la tesis de que la abstención podría deslegitimar todavía más este proceso. Los candidatos que tenemos hoy en la Nueva Mayoría y la derecha, son los representantes del capital, con la potencialidad de que algunos quieren dirigir marcadamente con el poder del mercado y otros quieren humanizarlo, pero responden a la misma lógica. En este escenario, se viene un problema para el pueblo, porque si bien se han creado instrumentos, son de poco valor cuantitativo y cualitativo. Entonces, el mayor problema es que hoy existe una carencia de dirección, sin embargo, hay que ser claros, hay que terminar con la suerte de mesianismo. Por una parte, se ha llamado un Frente Amplio, que quieren hacer cambios y ajustes al sistema, pero que en su gestión hoy, es absolutamente afín al modelo, ya que por ejemplo en el proceso de reforma laboral se negaron a escuchar al sindicalismo de clase. Incluso, respecto del resultado de la reforma, tampoco tuvieron influencia en su manejo y producto. Por tanto, el modelo nos quiere instalar un sector marginado del duopolio como alternativa, sin embargo, es el pueblo quien debe tratar de crear y generar un instrumento que avale sus propias demandas, instalando su propio programa. Por ello, es una obligación de que los sectores que nos reconocemos como anticapitalistas, que nos unamos y busquemos presentar una candidatura de clase, con todos los títulos y complicaciones que ello implique. Solo así se podrá lograr que el pueblo avance realmente en la instalación de un programa propio.

DM: ¿Cómo articular todas las demandas temáticas que los movimientos sociales han instalado durante el último tiempo en torno a un rechazo general al sistema? ¿Se puede comenzar a superar al neoliberalismo desde el sentido común?

MA: Me llama profundamente la atención una falla de la que adolecemos quienes estamos en el mundo popular y clasista, y es que nos entusiasmamos de manera fácil con cualquier escenario que aparente o que intente reflejar el rechazo del pueblo al modelo y apostamos todas nuestras fichas a este tipo de movimientos. Por ejemplo, creo que en el movimiento NO+AFP es necesario insuflarle más elementos de clase, que la gente hoy no los percibe. Hay un manejo de los medios, porque este tipo de demandas, sean puras y prístinas, fuera de todo partido o tendencia política, pero se nos olvida que el sistema de AFP fue impuesto por una dictadura a sangre y fuego. El problema es que como pueblo nos falta una propuesta de cara a estas temáticas. Nos falta un programa que sea capaz de explicar estas demandas. Si nosotros no aprovechamos la efervescencia que las movilizaciones contra las AFP han levantado y no somos capaces de convencer al mundo popular que esto se cambia solo si la fuerza se transforma en organización, podríamos generar un gran fracaso, porque el modelo no va a ceder tan fácil a uno de sus pilares. Entonces la pregunta es, ¿cuál es la demanda por la cual vamos a ir guiando la lucha popular? El retroceso o el estancamiento de demandas y movimientos populares anteriores, se debe a la incapacidad de explicarle al pueblo que es lo que se quiere y cuál es la propuesta que se debe generar desde el propio mundo popular.

DM: Pueblo Unido es una plataforma que agrupa a diversos sectores políticos, con militancia partidaria y otros independientes. ¿Cree usted posible que la plataforma se mantenga luego de las elecciones municipales y presidenciales de 2017?

MA: Mi participación en la plataforma es como independiente, y creo que nuestra principal tarea es no caer en el peligro de sostener que la vía electoral es un fin en sí mismo, sino que es un medio para organizar y educar. La plataforma podría llegar a jugar un interesante rol si logra recepcionar de manera correcta la percepción que sus candidatos están obteniendo en su contacto con el pueblo. Por ejemplo, en San Bernardo vemos un pueblo asqueado y aburrido, pero también desprovisto de ganas e intenciones de luchar. Nosotros hemos sostenido esta candidatura con un discurso de articulación, de conciencia y de clase. Si Pueblo Unido se hace parte de ese clamor, puede llegar en buenas condiciones a presentar candidato parlamentario e incluso presidencial. Si se lograra amalgamar estas demandas populares en un programa, podría fomentar la participación en la vía electoral, pero solo como instrumento, ya que por ejemplo nosotros en nuestra candidatura, hemos ido ayudando a formar sindicatos. Vamos a crear un equipo de apoyo sindical y social permanente en la comuna demostrando que las campañas electorales no se agotan en la elección misma. Nosotros vamos a continuar después del 23 de octubre. Por ello, las elecciones solo sirven como instrumento para devolver la fe y la esperanza en que sí se puede cambiar la realidad. El espacio electoral hay que ocuparlo, pero para concientizar. Nosotros, los de la verdadera izquierda, la que no transa, tenemos que volver al pueblo, como dijo Víctor Jara, no digamos que hay que bajar al pueblo, hay que subir al pueblo y es esa la lección que debemos tomar de este proceso y transformarlo en el programa.

DM: ¿Cuáles son los principales ejes de su candidatura como alcalde en San Bernardo?

MA: En San Bernardo tenemos algunos puntos principales. Primero, transparencia municipal y devolver a los ciudadanos la confianza en ellos. Por ejemplo, proponemos una oficina de asesoría directa de apoyo en cuestiones que el sistema no lo hace. De igual manera, hay que implementar un concepto de seguridad comunitaria, adverso al modelo de seguridad ciudadana que impulsan los medios de comunicación y los partidos políticos del capital, sosteniendo que son necesarios más carabineros, más cárceles. No, hay que volver al principio de la solidaridad entre los habitantes y pobladores de un mismo lugar. La sociedad comunitaria podría renacer el concepto de trabajo comunitaria.

DM: Cambiando de tema, recientemente se han conocido los problemas que existieron en las elecciones de la CUT, con una serie de acusaciones cruzadas entre candidatos y que devela un problema de legitimidad en el sistema de voto y el proceso eleccionario en general. ¿En este contexto, cree usted necesario y viable la construcción de una nueva Central de Trabajadores?

MA: Hay que hacer algo de historia y es que por mucho tiempo fueron los partidos quienes dieron la pauta para la política sindical. Partidos que se declaran obreros hasta el día de hoy. El problema es que el partido cambió y la visión que tenían respecto de su relación con el movimiento obrero también, ya que, en lugar de servir, comenzó a “servirse de” el pueblo trabajador, y en este aspecto, creo que nos faltó mayor independencia y autonomía. Esta pertenencia partidaria es la que le salvó la vida al sindicalismo durante la dictadura, pero hay allí una costra de mugre que no ha sido destruida. Una costra que tiene que ver con corrupción, con vida de lujos, con disipaciones que no se venían con la vida dura que se vivía. La CUT nace en este contexto. La crisis que hay hoy al interior de la CUT, es una crisis de posicionamiento político respecto de las elecciones del otro año. Es una crisis de partidos. Por ello no es extraño que la alianza sea entre comunistas y democratacristianos. Lo que se está viviendo es una repetición de una forma errada de hacer sindicalismo. Hoy por hoy, Bárbara Figueroa llega en una posición completamente deslegitimada a enfrentar el próximo periodo frente a la Central. Por eso, aunque se respondiera a demandas históricas del clasismo desde la CUT, esta última elección deja claro que hay que pensar seriamente en la construcción de una central de clase que asuma un planteamiento anticapitalista. Por eso, no podemos hacernos parte de una central que tiene varias camadas de direcciones podridas, corrompidas por una mala escuela de gestión sindical. Por una idea de que el fin justifica los medios. Por lo tanto, así como el ámbito parlamentario la clase tiene que tener la capacidad de crear una alternativa distinta que la lleve al poder, en lo sindical. La clase tiene que asumir que debe crear su instrumento que no negocia sin los trabajadores. Es una consigna vieja, pero que tiene que una vigencia universal, nada sin la opinión ni participación de los trabajadores. El nuevo instrumento debe construirse sobre esta base irrenunciable, o estará condenado al fracaso.

DM: ¿Cuál es la tarea y rol que tiene que cumplir el CIUS en el actual periodo y contexto de la clase trabajadora?

MA: El CIUS tiene que cuidarse de no caer en pensar que tal o cual coyuntura [por muy válida que sea] es el centro de todo su quehacer. El CIUS es un instrumento que apunta a la unidad sindical, y por lo tanto tiene que tener objetivos que vayan a esa unidad, y debe ser capaz de mostrarse como una alternativa a los trabajadores sobre la base de una propuesta coherente. En este sentido, el pliego de los trabajadores es su gran herramienta. El CIUS debe educar y articular, dando curso al principio de la independencia y la autonomía, que es válida, necesaria e irrenunciable para la participación política de los trabajadores. Tienen que entender que su compromiso primero es con el instrumento de clase. El CIUS debe hacer realidad los sueños de Recabarren y de Blest. Los trabajadores deben sentir en el sindicato su segunda casa, manteniendo la unidad y expandiéndola por capas, por ejemplo, en regiones.

DM: ¿Cómo debe ejercerse el sindicalismo en nuestros tiempos?

MA: Yo renuncié con plena convicción al partido en el que milité por 28 años cuando me di cuenta de que el partido se estaba “sirviendo de” y no sirviendo a la clase. Quiero ser enfático en esto para explicar lo siguiente. El sindicalismo es uno solo, y es la acción conjunta de muchos que busca por la vía de la unidad, quitarle espacios al capital y por ese camino obtener mejoras y beneficios que dignifiquen al trabajador y trabajadora. Hasta fin de los años 80 cuando se fundó la CUT, los sectores clasistas asistimos al proceso por la vía de la omisión, ya que dejamos instalar un sindicalismo que no tenía base en los trabajadores, que no los tenía como gestor. Es cosa de leer la plataforma de lucha de la CUT del año 88. Ese modo de hacer acción sindical, fracasó, ya que el modelo económico lo tiene cautivo. Por ello, hay que superar esta forma de hacer sindicalismo, e instalar la idea de que el trabajador tiene que asumir que es él el actor más importante en un sindicato, sin miedo y sin corrupción. Creo que estamos en condiciones de comenzar a implementar esta forma de hacer sindicalismo, ya que la clase ha aprendido lo suficiente desde los años 80, pero para ello primero hay que barrer con los elementos negativos.

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