Desde el corazón de Cisjordania: Hebrón y los asentamientos ilegales

Por Javier Pineda, publicado originalmente en www.eldesconcierto.cl

Desde la ciudad más grande de Cisjordania, el autor da cuenta de cómo se sostienen los asentamientos ilegales israelíes y la represión constante hacia el pueblo palestino.

Hebrón es una ciudad ubicada a 30 kilómetros al sur de Jerusalén. Nos tomó aproximadamente una hora de viaje desde nuestro alojamiento en Belén hasta el Comité de Rehabilitación de Hebrón donde Hisham nos daría una contextualización sobre la situación de la ciudad y luego recorreríamos y podríamos apreciar con nuestros ojos la situación de opresión en toda la ciudad, pero especialmente, en el área de la Ciudad Vieja (Old City) de Hebrón.

Hebrón es la ciudad más grande de Cisjordania, teniendo aproximadamente 215.000 residentes. Es una ciudad sagrada para las religiones judía, cristiana y musulmana, pues se encuentra la Mezquita de Ibrahim, también llamada Tumba de los Patriarcas, donde descansarían los restos de Abraham, su hijo Isaac y su nieto Jacob. Esta Mezquita está ubicada en la Ciudad Vieja de Hebrón, la cual solía ser, desde la “Era Dorada” de Hebrón en tiempos del periodo Mameluco, el corazón del área comercial de la ciudad. Además de su relevancia histórica y económica, esta ciudad es de especial importancia para dimensionar el sistema de apartheid que sufre el pueblo palestino, pues junto con Jerusalén Este, tiene colonias israelíes dentro de la ciudad.

¿Cómo sucedió esta división de la ciudad? En abril de 1968, en el contexto de ocupación de todo el West Bank por Israel, un grupo de 40 judíos israelitas liderados por el Rabino Moshe Levingerse, uno de los líderes del movimiento de extrema derecha Gush Emunim, arrendó el hotel principal de Hebrón ubicado cerca de la Mezquita de Ibrahim por dos días. Pasados estos dos días anunciaron que no abandonarían el Hotel y solicitaron protección militar, la cual fue concedida por el Gobierno de Israel. En 1971 fundarían la primera colonia en Hebrón con 50 familias. El modus operandi para las próximas colonias en Hebrón sería el mismo: un grupo de colonos con apoyo del Ejército Israelita ocuparían alguna construcción o área palestina en la Ciudad Vieja de Hebrón y una vez instalados, solicitarían al Gobierno de Israel su autorización y protección oficial. La ocupación se fue intensificando y expandiendo con el pasar de los años, al igual que la tensión entre los colonos y la población palestina.

Las restricciones que el Ejército de Israel imponía a la población palestina cada vez eran mayores y aumentaron con la Primera Intifada. En 1994, en contexto de la discusión de los Acuerdos de Oslo, un colono israelita abrió fuego contra musulmanes que se encontraban rezando en la Tumba de los Patriarcas en la Mezquita de Abraham, matando a 29 personas e hiriendo a más de 100. Luego de la masacre, el Ejército de Israel prohibió el acceso a más de la mitad de la Mezquita y convirtió esa zona en una sinagoga. Asimismo, aumentaron las restricciones de peatones palestinos a la Ciudad Vieja y se prohibió que estos ingresaran con sus vehículos a la mayoría de las calles ocupadas por israelíes en la Ciudad Vieja, incluyendo la calle principal de la ciudad ash-Shuhada Street.

En el año 1997 se aprobaría el Protocolo de Hebrón, el cual divide a la ciudad en dos áreas: el área H1 controlada por la Autoridad Palestina (80% de la ciudad) y el área H2, que incluye toda el área de la Ciudad Vieja y las colonias israelitas (20% de la ciudad), controlada por el Ejército Israelí. La protección de 800 colonos, legitimando un crimen de guerra, significarían que Israel control directamente un quinto de la ciudad, aún cuando su población no representa ni un 0,001% de la población. Luego de la Segunda Intifada el acuerdo se transformaría en papel mojado e Israel hace lo que quiere en el territorio.

La colonización ha transformado a la ciudad. El corazón comercial de Hebrón ubicado en la Ciudad vieja murió, al igual que cientos de palestinos a lo largo de estos años, quienes han sido asesinadas y asesinados por colonos o soldados israelitas.

Para acceder a la Ciudad Vieja, los extranjeros y palestinos debemos ser sometidos al control establecido a las afueras de la Mezquita de Ibrahim y a la pregunta de rigor: ¿lleva armas o cuchilla? Saliendo de la mezquita nos encontramos con el control absoluto del Ejército Israelí sobre la zona de la Ciudad Vieja de Hebrón. Soldados, hombres y mujeres de no más de 20 años, ostentan sus rifles automáticos y su presencia es permanente en la zona. La mayoría de los locales comerciales se encuentran cerrados. Las calles y casas prácticamente abandonadas. Sólo a ratos vemos a algún joven con patillas crespas y largas (péyes) caminando hacia las colonias o se ve algún grupo de mujeres palestinas musulmanas cruzando la calle para ir a buscar a sus hijos a la Escuela de la zona. Algunos niños se asoman tímidamente desde los balcones de sus casas a mirar.

El ambiente de hostilidad se hace presente en toda la Ciudad Vieja. Y también el miedo. Miedo a caminar por alguna de las calles que da a las ventanas de casas de colonos, las cuales tuvieron que ser enrejadas para que las piedras que lanzaban los colonos israelitas desde sus balcones no hirieran ni mataran a la población palestina. Pero estas rejas no evitan la humillación ni los baldes con mierda humana o agua con cloro que siguen arrojando por sus ventanas cuando pasan palestinos. Miedo, impotencia y rabia infinita que se desborda por las venas.

Impotencia de la población palestina cuando les confiscan sus casas o les prohíben usarlas. Miedo a que los tomen detenidos en cualquier calle o checkpoint y que ni siquiera puedan conocer los cargos en su contra. Miedo a que los maten. Sólo en el último año han muerto más de 200 palestinos civiles en manos de colonos o soldados israelitas, incluyendo a 49 niños y 14 mujeres. Pero las agresiones no terminan con la muerte: las autoridades israelíes imponen condiciones a las familias para entregarles los cuerpos y les exigen funerales con asistencia mínima.

Esto sucedió con el homicidio del joven palestino Abed al Fatah al-Sharif el pasado 24 de marzo en un vecindario de Hebrón, a quien un soldado israelí le disparó en la cabeza cuando se encontraba reducido en el suelo. Este caso sólo se hizo conocido porque se subió un video con el asesinato que se transformó en viral. Aún cuando lo trataban de poner como un caso aislado, esto corresponde a la generalidad de los casos. La orden es matar al palestino: luego se inventa el motivo. La impunidad está garantizada para los agresores israelitas, sean soldados o colonos.

Hombres, mujeres, niños y niñas palestinas sufren por igual. El entrar y salir de la casa no está asegurado para la población del área de Hebrón controlada por el Ejército Israelí. Las familias palestinas pueden encontrar de un día para otro un checkpoint a la salida de sus hogares, debiendo pedir permiso para entrar y salir de sus casas, permiso que puede ser denegado por “razones de seguridad”. A diciembre de 2015 un reporte de Naciones Unidas establecía que 4.200 niños debían cruzar obligatoriamente un checkpoint para llegar a sus escuelas cada día.

Este sistema de opresión no se restringe a las afectaciones de la libertad de movimiento de los palestinos. Afecta todos los ámbitos de la vida: más del 75 por ciento de las personas palestinas del área H2 viven bajo la línea de la pobreza y no tiene acceso a derechos sociales.

Aún así, Israel sigue justificando este sistema de apartheid y sus crímenes de guerra. El desplazamiento forzado de población civil como sucede en Hebrón es un crimen de guerra conforme al Cuarto Convenio de Ginebra. Y transferir población civil de la Potencia Ocupante al territorio ocupado, como lo hace Israel en Hebrón y en los asentamientos ilegales en general, también es un crimen de guerra. Pero esto no pareciera ser suficiente para los Estados de Occidente que siguen apoyando financiera y militarmente a Israel.

La colonización y las medidas de opresión por parte del Ejército Israelí y colonos se ha intensificado. Cada vez más propiedades son confiscadas o su uso es denegado, lo cual permite ampliar la zona de colonias. Este sistema afecta toda la vida de los Palestinos que viven en Hebrón: diariamente se ven expuestos a ataques militares, invasiones, asesinatos extrajudiciales, castigos colectivos, bloqueo, encarcelamiento, tortura y supresión de la libertad de expresión y de reunión.

Pero el pueblo palestino sigue resistiendo y, nuevamente, el mayor mecanismo de resistencia ha sido existir. Seguir existiendo, permaneciendo en sus casas a pesar de las presiones para que abandonen sus hogares. Y de esto son conscientes. Abdul Shakoor, residente de la Ciudad Vieja de Hebrón, lo sostiene claramente: “quedarme en esta tierra es resistir, y nuestra existencia es como una espina en sus gargantas”.

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