Sistema de salud en crisis: Principales aristas

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Nicolás Orozco, estudiante Medicina, Pontificia Universidad Católica.

Tomás Celedón, estudiante Psicología, Pontificia Universidad Católica.

Serían muy pocas las personas que se extrañarían o que negarían la siguiente afirmación: ‘’La salud chilena está en crisis’’. Este es uno de los ámbitos de la vida que más siente la población, y eso se refleja en todas las encuestas periódicas que buscan reflejar la opinión pública. Y cómo no podrían sentirlo, si es que ya van décadas desde que Chile fue elegido como ratón de laboratorio para el experimento neoliberal, donde la salud, al igual que otros aspectos elementales de la vida, fueron transformados en bienes de consumo, y así llegamos a la lamentable situación donde quienes tienen los recursos necesarios pueden acceder a una vida digna.

El objetivo de la presente columna es hacer una descripción de las principales aristas de la mencionada crisis, y servir como insumo para la reflexión de quienes se hacen parte del movimiento popular por una salud digna, y del mismo modo, invitar a quienes aún no son parte, propiciando la articulación de esta lucha con el resto de las peleas que se han dado en el seno del pueblo.

  1. Salud no garantizada como derecho:
    En nuestra constitución la referencia a la salud, y el deber que tienen el estado para con esta se dan de solo una manera: Proteger “el libre e igualitario
    acceso a las acciones de promoción, protección y recuperación de la salud y de rehabilitación del individuo”1 y por otro lado, el estado solo tiene el deber preferente de garantizar la ejecución de las acciones de salud. Gracias a estas dos “obligaciones” constitucionales del Estado para con la salud es que este tiene la posibilidad de desligarse de nociones básicas como garantías, calidad, etc… e incluso más aún entendiendo que muchas cosas quedan meramente en el papel, sobre lo cual se habla más adelante.
    Para hablar de una salud que realmente sea un derecho debemos entender que esta conlleva tanto libertades como derechos, libertades de control sobre el cuerpo personal, incluyendo libertad sexual y genésica, y el derecho a vivir de una manera saludable, con prevención y acceso a un sistema de salud eficiente en concordancia con lo que la gente necesita, no según cuanto esta puede pagar2

  1. Negocio en la salud
    Gracias a un decreto de ley impuesto en 1981 por la dictadura cívico militar (y gracias también a la complicidad de la Concertación que no hizo mayores esfuerzos por revertir esto), en nuestro país coexisten dos sistemas de salud: Uno público y uno privado, donde cada trabajador y trabajadora tiene ‘’libertad de elección’’ para optar por asegurar su salud en FONASA o en una de las ISAPRES. Estas últimas son las instituciones privadas con fines de lucro que representan el descarnado negocio en el que se ha convertido la salud, negocio que llevan a cabo a través de diversos mecanismos, como por ejemplo: La discriminación por edad y género que hacen a sus afiliados y afiliadas, o el alza de los precios de sus planes para captar sólo a cotizantes con ingresos altos, elementos con los cuales buscan tener solamente inscritas a personas con buenos sueldos, determinando que el 90% de sus afiliados percibe un sueldo mayor a los $400.000, y que tengan un bajo riesgo de padecer alguna situación que requiera atención de salud. Por ejemplo, de las personas mayores de 84 años, un 5% está afiliada a alguna ISAPRE, y el 95% está en FONASA (Goyenechea, 2013). La situación es más desesperanzadora si consideramos que el sistema privado recibe un subsidio por parte de fondos públicos mediante mecanismos como la Modalidad de Libre Elección de FONASA, o la compra directa de servicios ante la incapacidad que tiene el sector público de responder a la demanda, entre otros mecanismos. Dicho subsidio, entre 2005 y 2012, representaron un traspaso de fondos públicos para el lucro del empresariado que llegó a los $6.809 millones de dólares. Mientras el sistema público está falto de infraestructura, recursos humanos y equipamientos, los dueños del sistema privado no tienen escrúpulo al momento de llenarse el bolsillo con recursos destinados para la salud de todos los chilenos y chilenas. Cabe preguntarse entonces de qué vale tanto ‘’progreso’’, tantos rankings y tener la etiqueta de ser los Jaguares de Latinoamerica, si es que en la práctica, quien sufre la desigualdad en salud es el pueblo, y los únicos que aparecen como ganadores son los dueños de las ISAPRES: Estos entes privados, durante 2015, promediaron una ganancia de $37.244.016.000 (Superintendencia de Salud, 2016).

  1. Financiamiento insuficiente y mal distribuido
    Según datos del Banco Mundial, Chile destina un 7,8% del PIB para gasto en salud, lo que es claramente insuficiente si lo comparamos con el gasto promedio de los países de la OCDE: 9,5%. Además de insuficiente, el financiamiento está claramente mal distribuido, ya que del gasto total como porcentaje del PIB, un 49% va dirigido al sector público, y el 51% restante va hacia el sector privado. Paradójico e injusto son dos adjetivos que podrían atribuirse a estos datos si es que consideramos que un 76% de las personas están inscritas en FONASA (y por ende, su puerta de acceso a una atención en salud es en el sector público), y un 18% de la población está inscrita en alguna ISAPRE. Y como si fuera poco, este financiamiento insuficiente se refleja en el gasto per cápita de Chile, que llega a los $1.750 US, mientras que el promedio OCDE es de $3.740.
    Otro dato que debe ser mencionado es el referente al gasto de bolsillo en el que tiene que incurrir la población. Nuestro país es el segundo país de la OCDE que presenta un mayor gasto de bolsillo por parte de las personas, llegando a ser un 37% del gasto total en salud, constituyéndose como la fuente de financiamiento más importante para resguardar el sistema (datos del Banco Central, 2013). Es decir, más de un tercio de todos los recursos para la salud provienen de las mismas familias, lo que se aleja del 10-15% recomendado. Esto explica que miles de familias deban incurrir en gastos catastróficos en salud, llevándolas al borde de la pobreza (si es que no a la pobreza misma).

  1. Acceso desigual a la salud
    Es un hecho que el acceso a una atención oportuna de salud discrimina según clase social, y eso se refleja en que las personas que se atienden en el sistema público deben someterse a plazos literalmente fatales, y que no logran disminuir sustantivamente con el paso de los años. Las listas de espera se pueden clasificar según si son por resolución de alguna patología GES (Garantías Explícitas en Salud), donde supuestamente cualquier persona tiene garantizado el acceso y tratamiento oportuno, y en listas de espera por resolución de patología no GES. Según datos del MINSAL, a octubre del 2016, la lista de espera GES presentaba un retraso en 9.719 retrasos oportunos, mientras que la lista de espera no GES presentaba cifras más desalentadoras: 1.600.334 personas en lista de espera por consulta de especialista, con un promedio de 440 días de espera, y 259.034 personas se mantienen a la espera de una intervención quirúrgica, con un promedio de 471 días de espera. Incluso excluyendo otros datos como, por ejemplo, la espera a la que deben someterse las personas para atenciones dentales o para confirmaciones diagnósticas de enfermedades que podrían ser letales, las cifras son bastante crudas, y no hacen más que reflejar el abandono que ha sufrido la salud pública por parte del Estado, que si bien es síntoma de una condición histórica, ha presentado una grave acentuación desde la dictadura en adelante.

  2. Falta de personal en el sistema público
    Nuestro país se caracteriza por tener una falta de profesionales de salud en el sector público, y los indicadores reflejan esto. En Chile hay casi quinientas personas por médico, mil por cada uno si nos referimos a médicos con alguna especialidad 3, lo que es apenas la mitad de la densidad de médicos que tienen países como Argentina y Uruguay. Y este déficit no se limita tan sólo al estamento médico. Para el año 2015, Chile presentaba una densidad de 22 enfermeras por cada 10.000 habitantes, lo que se aleja sobremanera del promedio de los países de la OCDE: 91 por 10.000 habitantes (MINSAL, 2015). Las razones de esto son varias: Falta de equipamiento necesario para que los y las profesionales lleven a cabo un trabajo efectivo, sueldos ‘’insuficientes’’ (las comillas se hacen necesarias al constatar que para algunas disciplinas, no son tan insuficientes), o la intervención del ya mencionado negocio de la salud, las diferencias de sueldo que puede ofrecer el sector privado frente al público son abismales, llegando a ser hasta un 100% mayor si es que sumamos los diferentes convenios. Y con falta de personal y todo, nos damos el lujo de desvincular a profesionales que optan trabajar en el servicio público, como por ejemplo, los 277 médicos extranjeros que debieron dejar el sistema público por no haber aprobado el Eunacom, hecho que los mismos Municipios han reclamado, pidiendo que la medida se retrase, porque como siempre, el perjudicado es uno sólo: La población (y no precisamente la que puede costear atenderse mediante alguna ISAPRE).

  1. Patriarcado y salud
    El problema de género dentro del sistema de salud va desde incluso antes de entrar al sistema: La diferencia de sueldos existente entre hombres y mujeres crea una diferencia entre la oportunidad de acceder a mejores seguros entre los géneros, lo que también se traduce en una diferencia a la hora de acceder a tratamientos, especialmente si consideramos que las mujeres tienen un mayor riesgo de contraer enfermedades crónicas en su juventud que los hombres. La percepción sobre la salud también es algo que cambia entre hombres y mujeres: Mientras un 67% de los hombres en Chile declara tener buena salud, solo un 51% de las mujeres asegura lo mismo.
    Por otra parte, para nadie es nueva la discriminación que se da en las ISAPRES hacia las mujeres, seguros más caros y un acceso más dificultado son los mecanismos más comunes bajo la excusa de que “la mujer representa un mayor riesgo económico para los seguros”. Ahora bien, si entendemos que este “mayor riesgo” se debe al rol mismo que le da la sociedad le da a las mujeres vemos el círculo vicioso donde la única perjudicada es la mujer.

  1. Crisis de la Atención primaria de salud
    El servicio de Atención primaria de salud (APS) podría (o más bien, debería) considerarse la puerta de acceso a la atención en el sistema. Para eso está hecho, y ese es el principal rol que debería cumplir, logrando ser el nivel que cumpla la promoción y prevención en salud para la población, con un gran enfoque en lo comunitario. Lamentablemente, este ideal se está quedando tan sólo en el papel. No existe una política pública a nivel nacional que apunte a que los y las profesionales de la salud se queden en los consultorios, para que a largo plazo materialicen el anhelado enfoque biopsicosocial del modelo. En cambio, vemos que existe una alta rotación en las personas que trabajan en este sector del sistema, donde por ejemplo, un tercio de los médicos se cambian de establecimiento luego de transcurrido un año, y más de dos tercios lo hacen después de tres años. De hecho, es en APS donde la ayuda de los médicos extranjeros se aprecia más: De todos los doctores que trabajan en APS, un 11% proviene de la Universidad de Guayaquil, sólo superado por el aporte de la Universidad de Chile, que es un 12% del total (Asociación Chilena de Municipalidades, 2016). Esto no es más que otro síntoma de la crisis estructural en salud, donde el Estado y las autoridades, justificándose en lo impuesto por ley, han preferido transferir recursos públicos a los privados y no generar una inyección sustantiva de recursos para el descuidado sistema público de salud.

  1. Deterioro de la salud en regiones
    Si bien la crisis estructural del sistema es algo que se extiende a lo largo y ancho del país, es posible evidenciar que la población que vive en regiones que no son la Metropolitana padecen más las consecuencias de esta crisis. De nuevo podemos recurrir a las estadísticas para demostrar esto: De los médicos especialistas disponibles en el país, un 40% trabaja en hospitales públicos en Santiago, mientras que un 1.5% lo hace en los de la Región de Tarapacá, un 1,4% en la Región de Aysén, y un 1.6% en la Región de Magallanes (INDH, 2017). Y no sólo eso, ya que también al igual que en todo el sector público, es menor la cantidad de enfermeros y enfermeras en regiones si lo comparamos con Santiago. Esto deviene en que las personas deban trasladarse a su capital regional, o bien a la capital del país, para poder tener una atención de salud oportuna. Lamentablemente, muchas veces las personas no tienen los recursos siquiera para trasladarse, lo que las obliga a tener que esperar meses, incluso años, para atenderse con algún especialista. Si la espera por una atención está matando a las personas, esto se acentúa con las personas que viven fuera de Santiago.

  1. Pensiones paupérrimas
    Y como si fuera poco, también está el tema de las míseras pensiones que recibe una gran parte del pueblo chileno. Se preguntarán ¿Cómo afecta esto en la salud de las personas? Claramente, no es un hecho azaroso el que cerca de un 90% de los adultos mayores esté afiliado a FONASA, y que en muchos casos esto sea determinado por las bajas pensiones que reciben las y los adultos mayores. Suele suceder que personas que cotizaban en ISAPRES se ven obligadas a dejarlas, debido a que les cobran más por sus planes de salud (esto justificado en que son grupos con mayor riesgo de enfermarse, al igual que las mujeres). Así, pasar de estar asegurados por una ISAPRE a estarlo por FONASA, y el sistema público desfinanciado se ve obligado a cumplir la demanda del grupo poblacional que tiene más problemas de salud. Entonces, si en la ecuación ponemos el negocio en la salud y el negocio en las pensiones, se hace patente que la mercantilización de la vida imposibilita que hayan políticas públicas dirigidas a ubicar la seguridad social como un derecho que se cumpla en la práctica.

Estas son tan sólo algunas de las aristas que explican o por las cuales se manifiesta la crisis estructural que presenta la salud de nuestro país. Y si bien esto es algo que se remonta a tiempos anteriores a la gestación de un sistema de salud en Chile, no se puede negar el oscuro legado que nos dejó la dictadura militar en este aspecto y en tantos más, lo que sumado a la complicidad de la clase política (Nueva Mayoría y Chile Vamos) con el gran empresariado, nos lleva a la mercantilización de aspectos fundamentales de nuestra vida: Educación, vivienda, pensiones y salud. Y esta crisis de gran aliento, debe ser superada con grandes esfuerzos. Sin embargo, ¿Cuáles vendrían siendo las soluciones? Son varios los elementos a considerar: Políticas públicas de salud hechas en base a las necesidades del pueblo y no en complacencia del capital; formación de profesionales dentro de un proyecto de país serio, y no a tajo y destajo, como ocurre con el actual sistema educativo mercantilizado; llevar a la práctica un modelo de salud biopsicosocial, donde un real trabajo interdisciplinario permita dar respuesta a los determinantes sociales de la salud, con especial énfasis en la promoción y prevención de la salud, y así con tantos otros elementos que podríamos mencionar. Sin embargo, hay al menos una cosa clara que debe enfatizarse en el corto y mediano plazo: La lucha por una salud justa no es algo que tenga que ver sólo con leyes más o leyes menos, sino que debe enmarcarse dentro de la lucha por una vida digna, donde los pueblos tengan plena autodeterminación y empoderamiento con respecto a sus vidas. En miras de ser uno de muchos aportes en este sentido, es que el Movimiento Salud para Todos y Todas se ha articulado a la interna (estudiantes, trabajadores/as y pobladores/as) y a la externa, en conjunto con otras organizaciones que asumen el desafío de luchar por garantizar el derecho a una salud digna para todas las personas.

1 Artículo 19, inciso 9 de la Constitución Política de la República de Chile

2 Comité de derechos económicos, sociales y culturales, 2014

3 Registro nacional de prestadores individuales de Salud.

2 comentarios sobre “Sistema de salud en crisis: Principales aristas

  • el 07/02/2017 a las 18:27
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    Excelente articulo. Completo y simple de entender la gran injusticia que existe en nuestro país en relacion a la salud, entre otras.

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  • el 08/02/2017 a las 14:15
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    Excelente artículo! Es una triste realidad, sobre todo en contexto de pacientes donde su crisis no es sólo en el ámbito sanitario.

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