¿Qué es la reforma universitaria? (El concepto socialista de reforma universitaria)

Para imprimir la edición N° 45 de Aurora Roja, haz click aquí.

Ad portas de un nuevo comienzo de un nuevo año académico, compartimos la reflexión del estudiante cubano y latinoamericano, Julio Antonio Mella, sobre el Concepto Socialista de la Reforma Universitaria, publicado en la Revista Tren Blindado, en septiembre de 1928 en Ciudad de México.

Por Julio Antonio Mella1

Mucho se habla de ‘Reforma Universitaria’. El malestar y la inquietud existentes entre los estudiantes hacen que se oigan los balbuceos de un lenguaje revolucionario. En Tren Blindado y en pláticas públicas trataremos de desarrollar las bases sociales de este movimiento, sus antecedentes históricos, sus principios fundamentales y todo aquello que sea necesario para su mejor comprensión por la multitud estudiantil.

Lo primero que necesitamos definir es el concepto real de la reforma universitaria. Hay mucha palabrería liberal y vacía sobre reforma universitaria, debido a que los elementos que en muchas partes tomaron parte de este movimiento lo eran de la burguesía liberal. Pero si la reforma va a acometerse con seriedad y con espíritu revolucionario no puede ser acometida más que con un espíritu socialista, el único espíritu revolucionario del momento.

Las universidades, como otras tantas instituciones del régimen presente, están hechas para sostener y ayudar el dominio de la clase que está en el poder. Creer que los intelectuales, o las instituciones de enseñanza no tienen vinculación con la división sociológica en clases de toda sociedad es una ingenuidad de los miopes políticos. Nunca una clase ha sostenido una institución, ni mucho menos instituciones de educación, si no es para su beneficio. Es en las universidades, en todas las instituciones de enseñanza, donde se forja la cultura de la clase dominante, donde salen sus servidores en el amplio campo de la ciencia que ella monopoliza. Las universidades de los países capitalistas modernos crean abogados, ingenieros, técnicos de toda naturaleza, para servir los intereses económicos de la clase dominante: la burguesía capitalista. Si se considera que los médicos pueden ser una excepción se caería en un grave error. La inmensa mayoría de los médicos que se gradúan, ¿son para servir en instituciones de beneficencia colectiva o para formar en la burguesía profesional individualista y explotadora? Que muchos médicos no triunfen, por las mismas injusticias del régimen presente, no indica que la aspiración del gremio no sea ésta.

Sentado esto, que no necesita ampliarse para cualquiera que posea una media cultura social, diremos que la reforma universitaria debe acometerse con el mismo concepto general de todas las reformas dentro de la organización económica y política actual. No hay ningún socialista honesto que suponga factible reformar toda esta vieja sociedad paulatinamente hasta sacar de ella una nueva y flamante como en las viejas utopías. La condición primera para reformar un régimen -lo ha demostrado siempre la historia- es la toma del poder por la clase portadora de esa reforma. Actualmente, la clase portadora de las reformas sociales es la clase proletaria. Todo debe ir convergente a esta finalidad. Pero el hecho de que la solución definitiva sea, en esto, como en otras mil cosas, la revolución social proletaria, no indica que se deba ser ajeno a las reformas en el sentido revolucionario de las palabras, ya que no son antagónicos estos conceptos.

Un concepto socialista de la lucha por mejorar la Universidad es similar al concepto del proletariado en su acción por mejorar las condiciones de su vida y su medio. Cada avance no es una meta, sino un escalón, para seguir ascendiendo, o un arma más que se gana al enemigo para vencerlo en la ‘lucha final’.

Luchamos por una universidad más vinculada con las necesidades de los oprimidos, por una universidad más útil a la ciencia y no a las castas plutocráticas, por una universidad donde la moral y el carácter del estudiante no se moldee ni en el viejo principio del ‘magister dixit’, ni en el individualista de las universidades republicanas de la América Latina o EE.UU.: Queremos una Universidad nueva que haga en el campo de la cultura lo que en el de la producción harán las fábricas del mañana sin accionistas parásitos ni capitalistas explotadores. Sabemos que no lo vamos a conseguir inmediatamente. Pero en la simple lucha por la obtención de ese ideal de la universidad del porvenir vamos a obtener un doble triunfo: agitar conciencias jóvenes ganando reductos en el frente educacional contra los enemigos del pueblo trabajador, y, probar, ante todos los revolucionarios sinceros, que la emancipación definitiva de la cultura y de sus instituciones no podrá hacerse sino conjuntamente con la emancipación de los esclavos de la producción moderna que son, también, los títeres inconscientes del teatro cómico de los regímenes políticos modernos.

1 Julio Antonio Mella (1903-1929) fue el principal dirigente de la Reforma Universitaria de Cuba. También fundó la Liga Anticlerical en 1922, la Federación de Estudiantes Universitarios-FUC en 1923, la sección cubana de la Liga Antiimperialista de la América en 1925 y el primer Partido Comunista de Cuba. En su exilio, llegó a ser uno de los principales dirigentes del PC mexicano, desde donde colaboró con el levantamiento de Sandino. Junto a José Carlos Mariátegui (1894-1930), Mella fue uno de los fundadores del marxismo latinoamericano. En marzo de 1923, apenas cinco años después de Córdoba, la insurgencia estudiantil de La Habana declara la ‘Universidad Libre’ y nombra a Mella rector interino. El estudiante Mella tenía en ese momento 20 (veinte) años de edad. Más tarde, Mella es expulsado de la Universidad. Cuando en 1926 el rector le inicia un juicio, Mella le responde: ‘¡Qué ejemplo para los profesores de esta Universidad! ¡Un rector que no tiene fuerza moral, prestigios, elocuencia, para habérselas con un alumno! Necesita ¡oh inutilidad de la toga rectoral! acudir a los tribunales de la justicia oficial para que lo ayuden a gobernar desde la altura demasiado alta para usted, del rectorado de la Universidad Nacional […] usted es hombre de ‘reglamentos’, de ‘leyes’, de ‘orden’, de ‘legalidad’, de todas esas cosas que conquistan sabiamente a los hombres que no son capaces de ser libres, es decir, de todo menos de justicia’. Mella remataba esa carta al rector de la Universidad con una formulación esencial de la Reforma Universitaria. Le dijo, sencillamente, que: ‘la Universidad es de los alumnos’. En 1929 Mella cayó asesinado en una calle de México. Apenas tenía 26 años. Dos matones del dictador Machado le pegaron dos tiros por la espalda.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *