[Entrevista] Claudia Rodríguez: travesti, pobre, resentida y enferma

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Por Caminando Medios

Claudia Rodríguez, como ella misma se autodefine, es una activista travesti feminista autónoma. Nacida y criada en la periferia de Santiago, proveniente de una familia de Lanco, comienza a problematizar sobre su sexualidad durante la adolescencia e inicia su activismo en 1991 en la primera organización homosexual del país. Realiza capacitaciones sobre diversos temas de sexualidad y género, desarrollándose como Consejera especialista en prevención del VIH/ITS en el proyecto nacional FONOSIDA del Ministerio de Salud hasta el año 2010. Estudió Trabajo Social y desde el 2007 comienza a tomar talleres de escritura para desarrollar su lado artístico: la poesía. Actualmente, su principal interés es problematizar la lectoescritura y la producción de arte como estrategia política, en organizaciones travestis.

  1. En la conmemoración de un nuevo 8 de marzo, en términos generales ¿cómo crees que está el país respecto de las políticas públicas referentes a la temática de género?

Creo que nos encontramos en un momento decisivo de la historia donde se podría definir si es que avanzamos o definitivamente retrocedemos en términos de derechos humanos y sociales. Hay que considerar la influencia que podría acarrear en todo el mundo, el éxito del conservadurismo y la intolerancia racial, de clase y también sexual. Es un momento en donde hay que prepararse para resistir, ojalá no solas.

  1. Cuando te refieres a un momento donde hay que prepararse para resistir, ¿cómo resistimos?

En este momento, no se sabe si vamos a avanzar en términos de libertades y respeto por los derechos humanos o vamos a retroceder según lo que está pasando, por ejemplo, en Estados Unidos con su nuevo Presidente. En ese contexto de duda, una tiene que prepararse para resistir, ojalá no solas. Digo esto porque podríamos encontrarnos que nuestros amigos, que podrían en un momento denominarse a sí mismos como disidencia sexual, pero en otro momento adverso puedan obviar que se identificaron como disidencia sexual. Por lo tanto, lo más probable es que nos vayamos quedando solas. Es decir, la resistencia es que no te castiguen por estar diciendo una verdad, que tus cercanos no te dejen sola por haber dicho una verdad, porque ese es el riesgo.

  1. ¿Con quiénes podríamos contar para esta resistencia para no estar solas?

Con las feministas, porque yo me he dado cuenta que en las organizaciones homosexuales no puedo confiar tanto como sí puedo confiar en las feministas, porque han levantado la necesidad de una ley de matrimonio igualitario, pero eso no es una necesidad de las travestis, de las lesbianas pobres ni de los homosexuales jóvenes y adolescentes con VIH. Hay otras necesidades más urgentes, más reales, más concretas y que no se relacionan tanto con la movilidad de clase.

  1. En este contexto, ¿en qué condiciones se encuentra la disidencia sexual? ¿qué posición política asume respecto de éstas?

Desde mi perspectiva el concepto disidencia sexual proviene, y se ha visto que con el tiempo es así, de homosexuales de la academia que quieren pertenecer a la academia y, por lo tanto, negocian con la academia, obviando los problemas de clase, raza, sexo y genero (las interseccionalidades) con el propósito de ganar, subir, obtener poder. Desde mi comprensión del feminismo, hablar desde el peor de los lugares es lo que podría ser lo revolucionario, es decir, desde el lugar que nadie quiere ocupar porque en ese lugar es imposible ganar nada. Cuando una asume públicamente que es una travesti, pobre, resentida y enferma, estas descripciones de tu vida, no pueden ser parte de tu curriculum académico. Es decir, la verdad de tu historia importa menos que una carrera universitaria, que un diplomado o cualquier estudio universitario. Para mí la disidencia sexual chilena juega al juego de las apariencias cuando no se asume definitivamente monstruosa por sus ansias de poder. Mi activismo travesti feminista renuncia a cualquier posibilidad de ponerme sobre otro ser humano.

  1. Cuando te describes como un travesti, pobre, resentida y enferma ¿a qué te refieres con “enferma”?

A que los transexuales estamos considerados como enfermos psiquiátricos, tenemos un trastorno de identidad sexual.

  1. Respecto al ámbito laboral ¿Cuál es el rol que pueden jugar en el movimiento de trabajadores las distintas identidades sexuales?

Desde mi perspectiva, las organizaciones LGBT han fracasado porque no profundizaron este tema al interior de la lucha de los derechos humanos. No veo que los homosexuales o las lesbianas se hayan organizado en sindicatos para instalar una reflexión sobre su propia fuerza laboral. Es triste, por ejemplo, que la transformista más importante de Chile haya fallecido denunciando que la disco gay para la que trabajó por más de 10 años, nunca la consideró trabajadora, ni tampoco nunca formalizara su relación laboral. En este contexto, las transformistas, a lo largo de todo el país, son explotadas laboralmente por los dueños de las discos gays, porque éstos no les reconocen sus actos artísticos como trabajo, y ni ellxs mismxs son conscientes de sus derechos como trabajadorxs, inconscientemente auto discriminándose.

  1. ¿Cómo crees que hoy ha sido la posición de dirigentes del movimiento de trabajadores frente a la diversidad/disidencia sexual?

Hay que reconocer que las organizaciones sociales post dictadura repitieron el modelo de organización vertical machista y misógina de la izquierda, por lo tanto la dirigencia de la que hemos sido víctimas las multitudes no heterosexuales tiene esas características, ha sido una dirigencia que cree en la sexualidad reproductiva, en que la función del ser humano se debe basar en su biología, que la mujer naturalmente se debe a la maternidad y que su trabajo doméstico no debe considerarse una fuerza laboral remunerable. Las mujeres, las lesbianas y las travestis no sólo hemos sufrido la violencia real y simbólica de la derecha y la iglesia, sino también hemos tenido que sufrir la violencia del conservadurismo de la izquierda, de nuestros padres y hermanos trabajadores.

  1. En perspectiva de lucha, ¿crees que las organizaciones de trabajadores es un espacio efectivo para la organización de la diversidad/disidencia sexual?

Se debe reconocer que la organización sindical no ha tenido éxitos perdurables. Se debe reconocer que la organización sindical ha sido y es misógina, homofóbica, lesbofóbica y travestifóbica tanto como el empresariado. Se debe reconocer que en estos últimos años la influencia sindical en las negociaciones por un sueldo digno ha sido un fracaso de la misma forma en que la organización LGBT ha fracasado en la obtención del reconocimiento de igualdad ante la ley. Por una parte se hace necesario, desde una mirada feminista, problematizar la organización vertical interna, su planteamiento de lucha de clase por sobre la mujer y todas las diversidades, y el reconocimiento de que todo ser humano posee la capacidad de fuerza laboral, incluso las travestis.

  1. Reconociendo las prácticas patriarcales a las que aludes, ¿qué hacemos: transformamos el sindicato, cambiamos lxs dirigentes, les exigimos? ¿existe en el mundo sindical una potencialidad de lucha para las diversas identidades sexuales?

Es que me temo que referente a estos temas no, porque el conflicto que yo menciono, por ejemplo en la academia, es que hay un grupo de homosexuales y de organizaciones que lo único que han demostrado es querer poder. Lo mismo ha pasado en la organización sindical y es esto lo que hay que problematizar, este discurso de democracia que tienen las instituciones, pero en la práctica son verticales, hegemónicas, patriarcales, incluso en organizaciones donde la mujer está a la cabeza como la Bárbara Figueroa, ella al principio significó una modificación importante, significó esperanza de negociar con el gobierno de manera distinta, pero al final se la comió. El cuento es que hay que revolucionar todo eso.

  1. Entonces ¿Qué características debería tener una organización de trabajadores para ser una trinchera de lucha en este aspecto?

Lo que pasa es que los títulos no necesariamente van a decir de las prácticas y yo me refiero a las prácticas. A las prácticas donde la diversidad sexual pueda tener opinión, es decir, ¿cómo nos representamos?, ¿basta con que alguna travesti nos represente? Podría ser como un ejercicio momentáneo, pero yo creo que va a costar tiempo, porque no hay una cantidad importante de personas lesbianas y homosexuales que estén pensándose una fuerza de trabajo o política. Entonces, hay que ir avanzando profundamente en estos temas, porque probablemente se sigue participando de alguna manera desde el sindicato, pero quizás va a tener que cambiar de nombre porque van a ser otras las formas de pensar, otras las prácticas cotidianas y laborales. Pero lo que ocurre hasta el momento es que la organización homosexual nunca tocó el tema, el movimiento homosexual no se reconoce como una fuerza laboral, no exige sus derechos laborales y, entonces, menos las travestis. Aquí en Santiago existen organizaciones de travestis, pero están lejos de problematizar políticamente su fuerza laboral como personas que ejercen trabajo sexual o que son explotadas sexualmente. Entonces, hay mucho paño que cortar ahí.

  1. O sea, tú apuestas a una transformación completa de una posible organización de trabajadores…

Claro, porque yo creo que hay que pensarse más a una misma. Es cierto, necesitamos derechos, pero ¿me reconozco como una fuerza laboral?, ¿reconozco que siendo travesti y ejerciendo trabajo sexual, estoy ejerciendo un trabajo? Esa conversación para las travestis que ejercen trabajo sexual ni siquiera ha sido posible, ni siquiera se han dado las posibilidades de acercarse a una reflexión de este tipo.

  1. Entonces, dejamos el sindicato de lado y ¿de qué forma se organizan las diversidades sexuales?

Hay que descubrir otras formas, porque tampoco están bien elaboradas, pero hay cooperativismo. Habría que trasladar algunas cosas del cooperativismo para problematizar las formas en que nos estamos organizando, porque incluso las organizaciones trans están siguiendo un modelo vertical, incluso organizaciones feministas son verticales, son prácticas que provienen de la izquierda. Es eso lo que hay que problematizar, cómo visualizamos lo colectivo y cómo llevamos a la práctica algo profundamente colectivo.

  1. Una vez generada esta reflexión, ¿cuál es el siguiente paso?

Esa respuesta es una demanda neoliberal, la necesidad de conocer el producto proviene del neoliberalismo. Yo me quiero enfocar en el proceso, en todo lo que podemos conversar, es decir, ¿qué sindicato me abre las puertas para que yo ingrese diciendo que soy travesti, resentida y enferma?, ¿me dejarían entrar a un sindicato aunque incluso únicamente mi trabajo sea la prostitución? Yo pongo el énfasis en el proceso, el producto que resulte de ese proceso tendrá las características que tenga que tener y todas debemos ser partícipes y responsables de ese proceso y ese producto.

  1. Desde la óptica de la lucha laboral, ¿cuáles son las líneas de acción que debería seguir la disidencia sexual?

La disidencia sexual debe reconocer su enfermedad, su biografía, su historia familiar frente a la academia para debilitarla, fracturarla, fisurarla. Desde mi perspectiva, toda institucionalidad se provee de sujetos excluidos para generar dominación, mano de obra barata, en este sentido las multitudes no heterosexuales deben revertir las formas antiguas de organización donde nadie quede abajo o atrás.

  1. Por último, ¿cuál es el llamado?

Llamo a dejar de marchar y a funar, llamo a parar y ocupar los espacios públicos para que caigan los que tengan que caer.

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