La urgente necesidad de organización masculina en la lucha feminista

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Por Rodrigo Dedes

Una polémica en la lucha feminista es determinar el rol que juegan los hombres en esta. Actualmente, la discusión se centra en si los hombres pueden o no pueden participar en la lucha feminista. Esta discusión deja de lado algo central: la organización y autorreflexión de los varones en esta lucha.

Querer sumarse a estas iniciativas está muy bien, pero esconde la necesidad de reflexionar entre hombres sobre el rol que deberíamos jugar dentro del feminismo. La organización y reflexión entre varones es importante porque como personas privilegiadas debemos entender por nosotros mismos cuáles son estos privilegios y cómo debemos combatirlos y cederlos. Obviamente, esta es una tarea que solo podemos llevar adelante nosotros dado que somos los poseedores de dichos privilegios.

En esta línea, complementando el aporte que necesitamos de nuestras compañeras para visibilizarlos, en el proceso de desconstrucción es necesaria una introspección que, de nuevo, solo podemos hacer nosotros como poseedores de los privilegios que nos otorga el patriarcado. Reconocerlos no solo es un acto de sinceridad y humildad muy necesario, sino que también es el primer paso para combatirlos desde la raíz.

Haciendo una rápida revisión se puede encontrar una multiplicidad de actitudes y situaciones que se pueden y deben discutir desde la posición de privilegio que poseemos, entre las cuales se pueden nombrar: ¿cuáles son nuestros privilegios? ¿cuáles son nuestras conductas machistas? ¿Cómo debemos relacionarnos con las organizaciones feministas que en sus principios declaran que no trabajarán con hombres? ¿cuál es el rol de los hombres en la lucha feminista? ¿cuál es el rol de los hombres homosexuales en la lucha LGTB?, entre otras. Como se puede ver, son muchas las interrogantes que deben ser resueltas y para las cuales se hace fundamental la organización entre hombres, con marcado énfasis en los que formamos parte de organizaciones de izquierda, dado que además de la necesidad de construir feminismo, debemos construir feminismo revolucionario y no burgués, diferencia que no totalmente pero si en parte, pasa por la distinción entre lo colectivo y lo individual, y entre lo sistémico frente a lo subjetivo. En este sentido, como hombres militantes de izquierda estamos particularmente al debe en este punto.

Un ejemplo de esta situación es lo que ocurrió en torno a Maluma y su canción “4 babys” durante febrero. Sin adentrar en la discusión de cómo se tiene que abordar la música machista desde el feminismo, la crítica hecha por algunos hombres en redes sociales y otros espacios no tuvo ningún carácter propositivo, sino que más bien apuntó a jugar al empate. Esto se refleja en que solo se consideró la problemática de mujeres “perreando” frente a lo que cabe preguntarse ¿Acaso los hombres feministas no perrean? ¿Por qué se critica a las mujeres y no a los hombres? La respuesta inmediata apunta hacia la misoginia, de la cual no escapan las personas que se declaran feministas. Reconociendo la legitimidad de este punto, es importante resaltar otra razón. En buena parte los hombres no nos cuestionamos sus privilegios y sus contradicciones porque no tenemos un espacio para hacerlo colectivamente entre nosotros, dejando este tipo de reflexiones a la buena voluntad de cada uno, lo cual quita la dimensión colectiva, o en sesiones grupales hombres-mujeres en las que las tensiones naturales que surgen a partir de los cuestionamientos de nuestros privilegios impiden un debate sincero y abierto. Para poder abordar esta problemática es fundamental contar con un espacio en el que podamos hablar de nuestros privilegios sin miedo a ser juzgados y al mismo tiempo que permita construir bajadas prácticas. Y esto solo se hace con la organización que no hemos sido capaces de construir.

Finalmente, dejar en claro que esto no es un llamado a la autoflagelación que conduce a la inmovilización. Todo lo contrario: es un llamado a hacernos cargo del rol que decimos tener (y que tenemos) en el feminismo. Sin embargo, se debe reconocer que el interés de los hombres en la lucha feminista es muy reciente mientras que las compañeras feministas han luchado durante demasiado tiempo (casi siempre contra nosotros) para poder posicionar sus demandas. Así como ellas tuvieron que luchar para construir el feminismo, parece justo considerar que como hombres es necesario luchar para construir nuestro espacio dentro del feminismo mediante organización y reflexión, tal como lo hicieron ellas, y no exigirlo como un derecho adquirido.

Un primer paso en esta dirección es la conformación de la Asamblea de Varones Antipatriarcales de Santiago, la cual pese a encontrarse aún en periodo de definir sus principios y objetivos apunta a construir feminismo desde lo masculino no solo sin interferir en los espacios construidos por nuestras compañeros sino que creando un nicho real y fundamental desde el cual podremos aportar todos los hombres que nos declaramos feministas.

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