Mujer trabajadora, mujer pensionada, mujer explotada

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Por Pamela Valenzuela

“Porque nuestra condición ofrecía más garantías y beneficios al Capital. Nuestra carne era más productora -trabajábamos sin protestar más horas- y aceptábamos la mitad del salario que el hombre percibía, y, por otra parte, aceptábamos mansamente las odiosas exigencias y caprichos del Capital y que el hombre no podía aceptar…”

Esther Valdés

Presidenta, Primera Asociación de Costureras de Chile

Publicado en periódico La Alborada

11 de noviembre de 19061

El camino de la mujer trabajadora asalariada en nuestro país al igual que en el resto de gran parte del mundo se inicia mayormente en la segunda mitad del siglo XIX, si bien antes existió trabajo femenino en talleres, enseñando, como servidumbre al interior de los hogares acaudalados, en la venta de servicios sexuales, en el campo como inquilina, etc., la diferencia que imprime el ingreso de la mujer a las filas de los trabajadores fabriles es que se abre la compuerta a una serie de elementos que antes eran negados de plano por la sociedad. Como por ejemplo la existencia en términos legales de la mujer, con derecho a poseer el fruto de su trabajo al interior del matrimonio, la tenencia de sus hijos, la posibilidad de divorciarse, los derechos civiles (sufragio, opción a cargos en el gobierno) y a participar en organizaciones de trabajadores. No es hasta la emergencia del hombre y mujer libres de la servidumbre del inquilinaje, que se empezaron a sortear las barreras que heredadas de nuestro pasado colonial, con sociedades que se han construido a sí mismas bajo la influencia del patriarcado inserto tanto en los ejércitos que levantan las primeras repúblicas independientes del imperio español y que sirven a burguesías criollas que prontamente encuentran nuevos patronazgos en los países que disputan la hegemonía del capitalismo liberal: Inglaterra y EEUU.

Junto con la emergencia de la mujer trabajadora y al calor de la concientización de ésta surgen numerosas organizaciones sindicales de mujeres en Chile, se plantean como sociedades de resistencia, socorro y apoyo mutuo. En su seno se advierten aspectos tales como el reconocimiento de igual salario por igual trabajo con sus pares masculinos, así como las necesidades de aquellas que son madres y sostenedoras del hogar. Es de la mano de la lucha de los derechos de las y los trabajadores que las mujeres iniciamos nuestro camino de emancipación.

Bajo estas premisas es que el trabajo de la mujer ha estado marcado por la discriminación tanto en el tipo de oficios ‘aptos para mujeres’, como en el poco acceso a trabajos que implican calificación de estudios universitarios, o en recibir salarios menores, es decir todos aquellos que devienen de no ser reconocida sujeto de derechos. Esto se debe a que para las mujeres la división social del trabajo conlleva la división sexual2 en él. Ha sido por tanto una lucha multidimensional la que hemos debido asumir las mujeres trabajadoras organizadas, por un lado todos aquellos elementos que son inherentes a la clase explotada, por otro los que transversalmente se encuentran en nuestra sociedad con sello colonialista patriarcal desde hace más de quinientos años, en la cual se nos ha encasillado en determinadas tareas que al mismo tiempo son consideradas de orden menor en las cadenas de producción del capital. Otro elemento tiene que ver con la consideración de que el trabajo femenino es un apoyo al ingreso principal otorgado por el hombre. Todo ello en una concepción de familia tradicional, occidental y judeo-cristiana, algo que de suyo en las clases trabajadoras desde su constitución no ha sido la norma. Siendo la situación de la madre trabajadora soltera un aspecto que aborda la Ley de la Caja del Seguro Obrero Obligatorio (Ley 4.054), la cual integra en sus bases la ‘protección de la maternidad obrera’, dando cobertura a las mujeres aseguradas independiente de su condición civil, y ampliándose en la década del cuarenta a las cónyuges de sus afiliados varones3.

Más de un siglo después de las primeras organizaciones obreras femeninas, el escenario del trabajo de la mujer ha cambiado a la par que lo ha hecho el modelo, sorteando en su camino las transformaciones impuestas por el neoliberalismo a partir de la década de los setenta, durante la dictadura, profundizadas a su vez por los posteriores gobiernos pseudodemocráticos. Siendo a partir de la década de los ochenta que se inicia una profundización del deterioro de sus condiciones laborales que tiene directa relación con las transformaciones del contrato social de las y los trabajadores. Nos referimos al Plan Laboral de José Piñera de 1979, a la promulgación del DL 3.500 de 1980 instaura el actual sistema de pensiones civiles en base a capitalización individual a cargo de Administradoras de Fondos de Pensiones y a la promulgación de los DL 3 de 1981 que permiten la creación de las Isapres y el DL 2763 de 1979 que da origen a FONASA4.

Las transformaciones al contrato social de la fuerza de trabajo se relacionan con que el neoliberalismo posee como premisa la liberalización de mercados con el fin de abrir el campo al capital financiero desde el cuál puede acumular ya no sobre la plusvalía de las mercancías producidas, sino que además desde el incremento del interés que poseen los instrumentos de deuda que permiten apalancar la inversión productiva, haciendo crecer en escala la acumulación. En nuestro país cuya estructura productiva es principalmente extractivista, se ve mezclado con su carácter rentista a través de la explotación del cobre, del cual Chile es el principal productor mundial5, el cual se desnacionaliza en la década de los 80 cuando se promulga la Ley de Concesiones Mineras. Generando un camino para la entrada de la inversión extranjera, el cual a su vez encontrará un modelo ‘virtuoso’, que permite extraer inversiones financieras adicionales desde el sistema de inversión de recursos de fondos de pensiones por parte de las AFP.

Por otro lado, la flexibilización y precarización del empleo, permiten acomodar la fuerza de trabajo de acuerdo a la necesidad del campo específico de acumulación para el capital, el cual está cada vez más a merced de los vaivenes de la especulación y de las grandes economías que son los principales demandantes de nuestros bienes y servicios. El andamiaje descrito en una economía transnacionalizada, como es la nuestra, requiere que crezca el sector servicios –más aún luego del auge de las TICs- para poder facilitar la libre circulación del capital financiero. Al mismo tiempo que aumente la masa de consumo de productos, lo cual necesita para ello del crecimiento del comercio y de las actividades que lo fomentan.

Todo esto impulsa el aumento de la fuerza de trabajo femenina a partir de los 90, período que coincide con la de mayor auge de inversión extranjera directa en la gran minería del país, a partir de 1990 se produce un alza sostenida, encontrándonos con que en 2005 su aumento ha sido por sobre el 51% en esos quince años ( de 1.485.010 en 1990 a 2.257.010 en 2005), y que para el 2016 alcanzó un total de 3.373.463 trabajadoras, significando desde 1990 un aumento por sobre el 127 % y desde 2005 otro 50%. Constituyendo al año 2016 el 41% de un total de 8.230.371 trabajadores.6

Al observar hacia que ramas se dirigió esta nueva fuerza de trabajo encontramos que es en el sector comercio y servicios donde en mayor medida ingresaron las mujeres a trabajar, a diferencia de los hombres que poseen mayor participación en la industria, minería, construcción y transporte. De otra parte, el acceso a nuevos puestos no significó que se obtuviesen los mismos salarios, de acuerdo a la Nueva Encuesta Suplementaria de Ingresos (NESI) 2015 del INE, a nivel país los salarios promedios de las mujeres son inferiores que los de los hombres desde diferentes variables de análisis, como son el nivel de estudios y la actividad económica en la cual se trabaja.

Otro aspecto es la variación en el tipo de contrato en la fuerza de trabajo femenino, el crecimiento del empleo de la mujer no significa que lo haga el empleo protegido, por el contrario se inicia el avance de la subcontratación, la generación de la venta directa de servicios sin mediación de contrato pero si de ‘boleta’, ya que en las economías neoliberales al ser despojado el trabajador de sus derechos sociales, queda para el capital únicamente su significación en tanto mercancía, la cual requiere de empleo flexible para poder hacer todos los ajustes que determine el curso de las ganancias y del interés asociado a la inversión financiera en el ámbito del trabajo

Estos movimientos mezclados, por un lado, uno que favorece la inversión extranjera directa (productiva) e indirecta (financiera) con sus repercusiones en el crecimiento del sector servicios y comercio, por otro el de la flexibilización y precarización laboral, al cual se le agregan la inyección de recursos frescos constantes al mercado financiero local y extranjero desde los ahorros previsionales a través de las AFP, constituye uno de los engranajes clave del modelo neoliberal en este país.

Las repercusiones de ello se observan en todas las áreas que impactan, pero en el de las pensiones adquiere dramatismo ya que al estar fundado en la capitalización individual y no ser solidario, genera que las personas ahorren solo en proporción directa con sus ingresos, y al ser Chile un país en el cual los salarios son bajos, de acuerdo al estudio de Fundación Sol, Los Verdaderos Sueldos de Chile, 2015, elaborado en base a la encuesta NESI del INE, el 2014 el “El 53,5 % de los trabajadores chilenos gana menos de $300.000 y el 70 % menos de $426.000 líquidos. Sólo el 15,9 % gana más de $652.000 líquidos.” Para el caso de las mujeres el estudio observó que el “83,5 % de las mujeres que tienen un trabajo remunerado gana menos de $550.000 líquidos.”

El mismo documento concluye que en aquellas actividades económicas que como planteábamos antes concentran la fuerza de trabajo femenina como son servicios y comercio “el 70 % de los trabajadores no supera los $400.000 líquidos.” Por ende, el trabajo femenino al ser menos valorado, puede ahorrar menos para su pensión.

Pero a esto hay que añadirles factores que o bien no importaron o no fueron considerados por la maquinaria neoliberal: la rentabilidad de los fondos depende de los vaivenes del mercado financiero, es así como en el 2008 al desatarse la crisis subprime en EEUU y las posteriores burbujas inmobiliarias desatadas en la eurozona, desmoronaron los ahorros previsionales. “Desde el inicio de la crisis el 25 de julio del 2007 y hasta el 7 de octubre del 2008, las pérdidas de cuota real alcanzaron a -22,31%, que aplicada sobre el valor inicial del fondo y expresada en moneda de hoy equivalen a -13,48 billones de pesos y a -21.967 millones de dólares. (…) En otras palabras, desde el inicio de la crisis, las AFP han perdido más de un quinto del fondo total, más de un cuarto del fondo B y más de un tercio del fondo A.”7

De otra parte, la flexibilización y precarización del empleo chocó con otra de las aristas de las AFPs, solo cotizan obligatoriamente los que poseen un contrato ya sea a plazo fijo o indefinido. Al darse la condición de que el empleo femenino es más precario, se observan en promedio largos períodos en los cuáles no se posee un empleo con contrato, el informe de la Comisión Presidencial de Pensiones del año 2014 estimó lo siguiente: “Utilizando datos de la Encuesta de Protección Social 2002-2009, se observa que en Chile en promedio, las personas entre 18 y 60 años de edad han estado un 41,2% del tiempo ocupado como asalariados (…). Sin embargo, esta situación difiere considerablemente entre hombres y mujeres. Mientras los primeros pasan el 53,3% de su vida como ocupados asalariados, las mujeres pasan un 29,1% de su vida laboral en la misma situación. De hecho, las mujeres pasan la mayor proporción del tiempo -casi la mitad de sus vidas – como inactivas y sin ganar ingresos (49,8%).”8 Esta situación empeora siempre en los momentos de crisis o desaceleración económica, en las cuales tienden a disminuir los asalariados y aumentar los cuentapropistas o independientes.

Si a esto agregamos las mujeres que se dedican al cuidado de familiares o del trabajo doméstico, nos encontramos con que para el período de su vejez sus posibilidades de contar con pensiones se vuelven casi nulas.

La reforma de 2008 al DL 3500, buscó disminuir estas brechas, para ello instituyó el PBS, pilar básico solidario, el Aporte Previsional Solidario (APS). Todas medidas que buscaban otorgar pensiones, o llenar en parte las lagunas de ahorro previsional. El Pilar Básico Solidario creado para otorgar pensiones a quienes no poseen pensión bajo ningún régimen previsional y pertenecen al 60% de las familias más pobres de Chile, y que a contar del 01 de julio de 2016 asciende a $93.543 mensuales. Por su parte el APS complementa mediante un aporte mensual a todas aquellas personas que reciben una pensión menor a $304.062 ya sea en AFP, Compañías de Seguros, IPS o de sobrevivencia por Ley de accidentes del trabajo.

Para el caso de la mujer con la situación de su participación laboral descrita antes se agregan el bono al trabajo de la mujer pobre, la compensación por nulidad o divorcio, medida dirigida expresamente a las mujeres que desempeñan labores del hogar y cuidado de sus hijos y el bono por hijo nacido vivo, el cual se entrega una vez se han cumplido los 65 años y equivale al 10% de 18 ingresos mínimos mensuales, para los hijos nacidos antes de 2009 se considera el valor de sueldo mínimo correspondiente a ese año.

En el caso del bono por hijo nacido vivo si consideramos para aquellos nacidos antes de 2009, cuando el sueldo mínimo era de $165.000 pesos, y lo dividimos por los meses de la expectativa de vida para las mujeres (312 meses), la bonificación mensual que recibirá es de $990, y para aquellos que nazcan a contar de este año cuando el salario mínimo alcance los $270.000 ascendería a $1.557 mensuales. Ambas cifras que poseen poca incidencia en la situación económica de una mujer pensionada. Agregando el componente de que ese es el precio que tiene para esta sociedad el haber cumplido funciones reproductivas durante la vida fértil en la continuidad de la renovación de la fuerza de trabajo.

En junio 2016, las mujeres que recibían PBS eran 290.754 versus 108.892 hombres, para el caso del APS correspondía a 409.755 aportes a pensiones femeninas y 298.366 a varones, es decir en ambos casos los beneficios corresponden casi en un 60% a mujeres.9

Otro aspecto es el monto de las pensiones, las cuales poseen una tasa de reemplazo muy por debajo del 70% prometido cuando se implementó el sistema de capitalización individual de acuerdo a datos publicados por Fundación Sol en marzo de 2016 el 94% de las mujeres jubiladas recibía una pensión inferior a $154.000 pesos, para el caso de los hombres la cifra ascendía a un 87,5%. Es decir, al momento de jubilar si eres mujer tienes un 94% de quedar en situación de pobreza, ya que a ello se suma que es en la vejez cuando aumenta el gasto bolsillo en salud: aumenta la precariedad.

Carmelo Mesa Lago plantea que los principios de la Seguridad Social – ámbito de los derechos en los cuales se inserta la previsión, salud, educación, vivienda, seguros de cesantía e invalidez- deben abordar la equidad de género, la igualdad, la universalidad, es decir la no discriminación10. La situación previsional de las mujeres chilenas demuestra cuán lejos estamos de ellos y cuánto debemos organizarnos y luchar para avanzar en la conquista de nuestros derechos, al igual que nuestras compañeras y hermanas de hace 1 siglo lo hicieron frente al capitalismo liberal, nuestra tarea frente al neoliberalismo adquiere ribetes mayores, dado el nivel de hegemonía que éste ha adquirido no sólo en términos de acumulación, sino que también en la inserción de valores y principios que sustentan la situación de desigualdad e injusticia descrita previamente.

La lucha por la Seguridad Social, lleva implícita en su seno, nuestra justa reivindicación por la dignidad del trabajo y de la vida en sí. Nuestro país vive un momento en el cual frente a la debilidad de las organizaciones sindicales que representan solo un 11% de los trabajadores, o la crisis de legitimidad que vive la CUT, ha dado paso a la constitución de un referente en el cual vuelven a encontrarse las y los trabajadores organizados en sindicatos y aquellos que producto de la flexibilización y precarización del empleo no pueden hacerlo, la Coordinadora Nacional de Trabajadoras y Trabajadores No+ AFP. El crecimiento de este espacio, la autonomía que debemos cautelar en él tanto de los partidos políticos tradicionales como de los intereses cortoplacistas de sectores políticos de izquierda que ven en ella el nicho desde el cual levantar e impulsar sus campañas eleccionarias durante este año, cuándo el agotamiento que presenta el sistema de representación del régimen democrático trasciende a la idoneidad de un programa, o las buenas intenciones en términos de valores y principios que se sostengan.

El rol que debemos jugar las mujeres trabajadoras es clave para la lucha por una Nueva Previsión Social, en la cual la propuesta levantada por la Coordinadora, reconoce la deuda histórica que se posee con el trabajo femenino, incrementando los aportes a la mujer, fijando una pensión mínima universal homologada al salario mínimo, y por sobre todo exigiendo el término del actual sistema y su sustitución por un Sistema de Reparto Tripartito y Solidario. Aportar en las coordinadoras zonales y comunales, impulsar el debate al interior de nuestros espacios laborales, vecinales, culturales, de estudio nuestro o de nuestros hijos e hijas. Cautelar que esta construcción sea crítica del patriarcado tan inserto en nuestras relaciones sociales. Son tareas no menores.

Por todo ello es que este 08 de marzo nos sobran razones para salir a la calle a protestar, pero también debemos hacerlo masivamente el 26 de marzo en las calles de nuestras ciudades y regiones, respondiendo y respaldando el llamado que ha hecho la CNT No+AFP para poner un contrapunto frente a la ofensiva neoliberal de la CPC y de sus representantes en el gobierno, como el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés y el Presidente del Banco Central, Mario Marcel, para los cuales la solución es como han llamado a fortalecer el actual sistema. Esta es sola una de las batallas que tendremos que dar. En nuestro futuro quedan muchas más.

 

1 Cecilia Salinas Álvarez, Las obreras chilenas a principios del siglo XX, Sus organizaciones y luchas. 2003, http://www.blest.eu/cs/salinas87.html#N_42_

2 “Esta situación instala la división sexual del trabajo, que es un fenómeno socialmente construido sobre el cual se erige y comprende el presente. La distribución sexual del trabajo jerarquiza simbólica y materialmente la sociedad sobre la noción hombre/proveedor – mujer/cuidadora, legitimando complementariedades entre el trabajo productivo y el trabajo reproductivo, es decir, se crean representaciones sociales entre los sexos que justifican la brecha salarial que perciben las mujeres por el mismo trabajo realizado que los hombres.” Isabel Margarita Núñez Salazar, Mujeres Trabajadoras en Chile: Un estudio de casos (1885-1920), Licenciada en Historia, Universidad Diego Portales. 2007.

3 “Las disposiciones de esta ley previsional, respecto de las mujeres aseguradas, indicaban que durante el embarazo, parto y puerperio aquellas debían recibir asistencia profesional y un auxilio del 50% de su salario durante las dos semanas que precedían y seguían al parto, y de un 25% en el periodo posterior hasta el destete, sólo en el caso que amamantaran a su hijo (este periodo no podía exceder los ocho meses). Para llevar adelante la cobertura médico-asistencial, la Caja del Seguro Obligatorio organizó servicios de atención maternal y oficinas del niño en el país. Esta entidad reunió en 1942 a todas aquellas organizaciones creadas para la protección de ese binomio social y amplió el espectro de quienes podían acceder a él, extendiendo sus beneficios a mujeres no aseguradas pero esposas de los afiliados a este fondo previsional estatal. La asistencia del parto y del control prenatal, tanto en sus aspectos técnico-clínicos como sociales, y la extensión de su cobertura se transformaron en metas centrales para la cuestión de la salud de los futuros “ciudadanos” y la protección de las mujeres trabajadoras urbanas.” Maternidad obrera, www.memoriachilena.cl.

4 La Salud Laboral se encontraba ya desde 1968 bajo corporaciones privadas ‘sin fines de lucro’ que pertenecen a asociaciones de empresarios amparadas por la Ley 16.744, lo cual nos da indicios de que el neoliberalismo inicia su camino en la capturación de derechos sociales para su mercantilización previo al golpe de Estado de 1973.

5 En 2016 representó el 26,9% de la producción mundial. Fuente Cochilco, www.cochilco.cl.

6 Fuente Ine: Comparación de los trimestres móviles Nov-enero de cada año.

7 Manuel Riesco, Fondos AFP: Nuevo día de pérdidas record, octubre 2008. http://economia.manuelriesco.cl/2008/10/fondos-afp-nuevo-da-de-prdidas-record.html

8 INFORME FINAL COMISIÓN ASESORA PRESIDENCIAL SOBRE EL SISTEMA DE PENSIONES 2015, pág. 65.

9 En base a datos de la Superintendencia de Pensiones.

10 Carmelo Mesa Lago, Las reformas de salud en América Latina y el Caribe: su impacto en los principios de la seguridad social, Cepal 2005.

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