El 2016 y el movimiento chileno de trabajadores: entre el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad

Por José Portiño y Axel Gottschalk

Si en el futuro algún historiador comprometido con la causa de las y los trabajadores debiera hacer memoria de que significó el 2016 para las y los trabajadores chilenos, se debería marcar como un año negativo para los trabajadores y positivo para los empresarios. Esto fundamentalmente por 3 cuestiones que revisaremos brevemente: I) La reforma laboral, 2) La debilidad de la organización sindical, 3) La derrota de las huelgas emblemáticas. Sin embargo y más allá del saldo negativo, cada una de estas derrotas traen a su vez interesantes posibilidades para los tiempos venideros.

  1. Una -falsa- reforma ‘’pro-sindical’’.

El movimiento sindical y de trabajadores ha tenido malas experiencias con las reformas al plan laboral de la dictadura. Ninguna de las reformas, ni la primera, ni la segunda, ni la reforma procesal laboral ni el resto de leyes modificadas han significado un cambio al modelo de relaciones laborales de la dictadura, como bien señala en su- a estas alturas- clásico texto Irene Rojas 1.

Sin embargo, los sectores sindicales que encabezan la CUT llamaron a abrazar el proceso de reforma. Primero, pues la reforma no estaba originalmente en el programa de gobierno de la Nueva Mayoría y el conseguirla habría sido un triunfo de la Central luego de la negociación por el salario mínimo. Y segundo, pues como nunca se contaba con un gobierno alineado con las reformas, con una mayoría histórica en el Congreso para aprobarlas y todo ello en plena sintonía política con los dirigentes de la Central. El escenario se veía tan favorable que llevó a la presidenta de la CUT a señalar, textualmente, que con la reforma ‘’empezamos a desmantelar el plan laboral de José Piñera’’.2

Un escenario inmejorable. Incluso el mensaje del proyecto de reforma laboral señalaba, textualmente, ‘’En nuestro país, lamentablemente existe contundente evidencia de que las relaciones laborales están caracterizadas por la falta de confianza y de colaboración, existiendo escaso dialogo entre los actores de la relación laboral, a lo que se suma un ordenamiento legal que contiene un modelo de organización del trabajo y de relaciones laborales que limita significativamente los espacios de negociación y entendimiento’’. 3 Una crítica profunda a un modelo de relaciones laborales que sería entonces transformado por el proyecto. ¿Que podía salir mal?

A dos años de aquellos anuncios, y luego de un largo proceso con Tribunal Constitucional incluido, la reforma fue promulgada y publicada el 8 de Septiembre, y esta ad portar de entrar en vigencia el 1 de abril del presente año. Y todo salió mal, una vez más.

Con una coalición que ni desde el gobierno ni desde el congreso se atrevió a utilizar sus mayorías y por el contrario cedió frente a las presiones. Con una Central de Trabajadores que opto por el lobby como vía de influencia y que solo muy tarde decidió utilizar la calle4. Esto sumado a un sindicalismo clasista que, si bien intento resistir a la reforma, tuvo nula capacidad real de impacto. 5 Todo lo que contraste con un actuar profundamente coherente y coordinado del empresariado y sus medios de prensa. Eso sumado al diseño institucional de Jaime Guzmán que permitió al Tribunal Constitucional cercenar el único avance relevante que la reforma traía al movimiento de trabajadores. Una tormenta perfecta.

Así es como queda una reforma que no solo no transforma el modelo de relaciones laborales de la dictadura, sino que en muchos aspectos lo profundiza y perfecciona, cuestión indesmentible si se tiene una visión robusta de la libertad sindical y los derechos que la componen: la sindicalización, la negociación colectiva y la huelga. Si bien el análisis de la reforma será materia de una serie de columnas en las próximas semanas, a grandes rasgos y en torno a los derechos colectivos:

En cuanto a la sindicalización, la reforma no logra la titularidad sindical y aunque sin claridad de su regulación pues el veto presidencial no lo sistematizo, los grupos negociadores se mantienen. Peor aún, se generan una serie de trabas para los sindicatos de pymes -donde trabajan la mayoría de los trabajadores y trabajadoras chilenas-, como cambios en el quorum, menores derechos de información, posibilidad del empleador de solicitar la disolución del sindicato, etc. Esto sumado a la ley de cuotas, que, si bien es un avance en la inclusión de la mujer trabajadora en un mundo sindical caracterizado históricamente por contener lógicas machistas y patriarcales, es complejo en tanto no se entregan ni a las compañeras trabajadoras ni a los sindicatos ninguna herramienta para que dicho proceso pueda ser exitoso.

En cuanto a la negociación colectiva, se mantiene en el nivel de empresa -corazón del plan laboral de José Piñera, se establece un piso que no contiene las materias más relevantes para los trabajadores como incrementos reales, reajustes y bonos de termino de conflicto, se prohíbe formalmente la extensión unilateral aunque en realidad se permite en los hechos en tanto se permite al empleador extender el reajuste del IPC -si lo presento en su respuesta al proyecto- y negociar individualmente con los trabajadores. Además, permite pactos de condiciones especiales de trabajo, pudiendo permitir que trabajadores laboren 12 horas al día, contradiciendo uno de los principios básicos del derecho del trabajo como la irrenunciabilidad de los derechos y llevando la flexibilidad laboral al extremo.

Finalmente, en cuanto a la huelga, con los servicios mínimos y las adecuaciones necesarias se deja espacio para que empleadores encuentren formas solapadas de reemplazo, lo que sumado al descuelgue (que se reduce en días para las pymes) vienen a golpear este derecho. Esto sin mencionar la norma que permite a la empresa principal, frente a la huelga de los subcontratados, contratar otra empresa o trabajadores para reemplazarlos, norma que parece dirigida a los sectores más dinámicos del movimiento sindical de los últimos años.

Una reforma que además en muchos aspectos entrega poder a los órganos administrativos como la Inspección del Trabajo o la Dirección del Trabajo, lo que se aleja de un modelo de autonomía sindical y sigue apostando por la intervención Estatal. Esto además de la serie de contradicciones normativas, lagunas y espacios abiertos que deja la reforma y que deberán ser resuelto por los tribunales, cuestión que siempre es más desgastante para los sindicatos y trabajadores que para los empleadores.

Una reforma que, sin dudarlo, es una derrota para los trabajadores chilenos. Y mientras, de la reforma a la Constitución no hay muchas claridades. Pero nuevamente el pesimismo de la razón nos debe llevar a uno esperar mucho de aquel proceso.

  1. Corrupción en la CUT y debilidad del ‘’nuevo sindicalismo’’.

Una segunda cuestión relevante que nos lleva a plantear este año como un año de derrota, es la debilidad de los principales órganos de organización de los trabajadores.

Por un lado, la CUT, donde el cambió de dirigencias luego de décadas en la conducción de Arturo Martínez, no significó un cambio de dirección, de formas ni de fondos. La CUT siguió atrapada en su burocracia, en su subordinación a los intereses políticos de la Concertación y en su apuesta por el lobby y no por la movilización y la huelga. Así esta conducción solo suma derrotas: el salario mínimo, la reforma laboral, la ley docente, por nombrar algunos. Todo esto se cristalizó en las elecciones celebradas en Agosto, donde en un proceso marcado por corrupción, fraude y vicios6, volvió a ganar Arturo Martínez quien debía asumir la presidencia de la central, cuestión impedida gracias a una alianza entre gallos y medianoche del PC con la DC, que mantendrán a Figueroa a la cabeza de la Central.

A esto se suma la salida de Raúl de la Puente de la ANEF luego de años en la cabeza y la victoria del PC, lo que en base a la experiencia de la CUT no parece ser auspicioso para el sector de los funcionarios públicos.

Por otra parte, el movimiento clasista de trabajadores, aun no es capaz de mostrarse como una alternativa a la CUT capaz de disputar en el escenario público. Si bien la convocatoria al 1 de mayo alternativa fue históricamente masiva, esto no se tradujo en la consolidación de un bloque de poder distinto. De hecho, uno de los sectores más relevantes del llamado ‘’nuevo sindicalismo’’, como es el 4×4, se mostró particularmente débil frente a la crisis que hoy asiste a los commodities. Esto al punto de que la CTC, buque insignia de este sector, no fue capaz de lograr hacer respetar el acuerdo marco en los mismos términos de años anteriores. Esto parece mostrar a un sector cuya fuerza depende en demasía de los ciclos económicos de este sector.

Esto plantea un escenario donde el conjunto de los trabajadores y trabajadoras no encuentran un espacio ni una referencia en donde articularse y luchar, lo que dificulta cualquier posibilidad de triunfo en el escenario nacional.

  1. Huelgas: con las manos atadas.

Finalmente, las huelgas este año parecen dejar un sabor amargo a los trabajadores. En particular por las dos huelgas de mayor impacto mediático, ambas con sendas derrotas.

Por una parte, la huelga del sector público, que, tras una movilización de más de 3 semanas, con cortes de calle, paralización de funciones y una masiva presencia de trabajadores, no fue capaz de superar el 3,2%, casi idéntico a la oferta inicial del gobierno7. Llama la atención de este proceso, además, la virulencia y poca solidaridad del resto de los trabajadores con el paro de los funcionarios públicos, cuestión que ya se había visto antes con los funcionarios del registro civil.

Por otra parte, y en el ámbito privado, la huelga de Homecenter significo otra derrota importante para los trabajadores. Tras 26 días de huelga y más de 8.000 trabajador parados en todas las sucursales del país, los trabajadores terminaron firmando un acuerdo que estaba muy por debajo de la oferta inicial de la empresa, que se mantuvo inflexible. Con ello buscan dar una lección a los trabajadores de Homecenter y en general: el sindicato, la negociación colectiva y huelga no sirven.

El plan laboral de José Piñera funcionando en todo su esplendor.

  1. El optimismo de la voluntad

¿Qué hacer frente a estas derrotas? Si bien el pesimismo de la razón no augura buenos tiempos para el movimiento de trabajadores, cada una de las derrotas de este año implica importantes lecciones y oportunidades para las y los trabajadores chilenos.

El proceso de discusión de la reforma laboral sirvió para madurar los diagnósticos y demandas del movimiento sindical chileno. Hoy ya no se habla del multirut o del reemplazo sino de la necesidad de hacer efectivos los derechos de las y los trabajadores a la sindicalización, a la negociación colectiva y a la huelga. La conciencia de que más allá de lo que señale la ley, estos son derechos fundamentales que deben ser protegidos y respetados es un gran avance que pueda permitir un salto cualitativo al movimiento sindical chileno. Eso en el largo plazo.

En el corto plazo la entrada en vigencia de la reforma pone de relieve la necesidad de los sindicatos y de los trabajadores en general de educarse para entender cómo afrontar este proceso. Esto además para poder construir una propia interpretación respecto de las lagunas, antinomias, vacíos y contradicciones que trae la reforma, cuestión que será fundamental en el año que viene.

La debilidad y falta de referentes de las grandes organizaciones sindicales, muestran con claridad lo relevante que es contar con organización sindical autónoma del empresariado y de los partidos tradicionales. Ello debe traducirse en la tarea de pensar y construir una nueva organización que dé cuenta de estos desafíos. Dicho proceso, lejos de partir por arriba, debe partir desde la constitución misma de los sindicatos y organizaciones de trabajadores y trabajadoras en lógicas nuevas. Un nuevo sindicalismo que no obtenga su fortaleza de los super-ciclos económicos, sino de su capacidad real de aportar organización, educación y fuerza de lucha a los y las trabajadores y trabajadores.

Finalmente, el fracaso en huelgas son la lección clara de la necesidad de transformar por completo y desde la constitución, el modelo de relaciones laborales del plan laboral, pues mientras este exista los derechos colectivos de los trabajadores se ven fuertemente disminuidos. A corto plazo se muestra la necesidad de que los procesos de huelga sean preparados por los sindicatos, que las cuotas sindicales no sean gastadas en canastas de navidad sino en ahorros que permitan pagar sueldos durante la huelga. Plantean la necesidad de encontrar formas que por fuera de la legalidad entreguen herramientas que permitan fortalecer los procesos de huelga. Y plantean la necesidad fundamental de la solidaridad de todos los trabajadores y trabajadoras, como única forma de vencer las ataduras legales y los cercos mediáticos que hoy encierran al movimiento sindical e impiden su despegue.

¿Es posible el desarrollo de estas tareas y perspectivas?

Creemos que sí.

Con el pesimismo de la razón, con el optimismo de la voluntad como decía Gramsci.

1 http://www.scielo.cl/pdf/iusetp/v13n2/art09.pdf

2 http://www.latercera.com/noticia/barbara-figueroa-empezamos-a-desmantelar-el-plan-laboral-de-jose-pinera/

4 http://radio.uchile.cl/2016/01/24/cut-llama-a-paro-en-medio-de-criticas-al-gobierno-por-reforma-laboral/

5 http://www.adnradio.cl/noticias/nacional/trabajadores-portuarios-anuncian-paro-indefinido-por-votacion-reforma-laboral/20160323/nota/3092027.aspx

6 http://radio.uchile.cl/2016/08/25/denuncias-de-fraude-marcan-elecciones-de-la-cut/

7 http://www.24horas.cl/nacional/sector-publico-finaliza-paro-tras-aprobacion-del-reajuste-en-un-32-2194951

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