[Entrevista] “Lo mejor del teatro es encontrarse con la vida misma”

Entrevista a Luis Guenel, director de la compañía Teatro Niño Proletario

Por Jota Ce

Luz Jiménez cruza el vestíbulo. De tenida sport, ojos radiantes y sonrisa a flor de labios aparece como si sólo ayer hubiera comenzado su trayectoria en las tablas. A unos metros, José Soza ríe a carcajadas junto a Rodrigo Velásquez y Manoj Mathai. En el otro extremo, el Asistente de Dirección Francisco Medina camina raudo y ensimismado hasta que se encuentra con Paola Lattus, Ema Pinto y Cristian Flores con quienes se saluda dedicada y cariñosamente como si por un instante nada más importara para luego continuar verificando los últimos ajustes de la puesta en escena.

Es la antesala de “Fulgor”, la obra más reciente del joven director y dramaturgo Luis Guenel (32) y su compañía, Teatro Niño Proletario, en que abordan el racismo, la xenofobia y la cuestión migrante en nuestro país.

El propio Guenel es migrante en la capital. Oriundo de Punta Arenas, se trasladó a Santiago a los 18 años para estudiar actuación en la Universidad Mayor. Allí junto a Sally Campusano, Francisco Medina y Catalina Devia fundó el año 2005 la compañía que lleva por nombre el descarnado cuento del escritor argentino Osvaldo Lamborghini. Su trayectoria lo ha llevado a diferentes rincones del país y a reconocidos escenarios internacionales. Sin embargo, el foco parece no moverse un centímetro: la exclusión social, la marginación, los condenados de la tierra, son las musas que mantienen viva la vitalidad rebelde que atraviesa su labor y la de sus compañeras y compañeros de trabajo.

En paralelo, Guenel ha mantenido una parte del corazón en su ciudad natal. Allí, el año 2008, fue uno de los fundadores del afamado Festival de Artes Escénicas “Cielos del Infinito” que verano tras verano ha deslumbrado hasta la fecha los lugares más recónditos de Magallanes con compañías nacionales e internacionales de primer nivel, escuelas abiertas, charlas, talleres e innovadoras intervenciones urbanas pocas veces vistos en esas tierras australes.

A comienzos de este mes logramos distraerlo de su ocupada agenda para conversar sobre la migración, Niño Proletario y las Artes Escénicas. Esto fue lo que nos contó.

JC: Luis, en el mes de enero se reestrenó Fulgor, de la compañía Teatro Niño Proletario que diriges. Cuéntanos cómo surge el proyecto y cuál es su motivación.

LG: La motivación para hacer Fulgor viene desde el 2013 más o menos, luego de hacer El Otro. Para ese entonces yo tenía un tema con los inmigrantes en Santiago, con observar su integración al país. Coincidió que el mismo año me toca viajar fuera del país por una beca, así que fui inmigrante en París. Llegué a vivir a un barrio musulmán y luego me cambié a un barrio africano y si bien era innegable que, por mi color de piel, el idioma, etc. yo era mirado distinto a la gran mayoría de migrantes, me era interesante observar que por los años que llevan esas migraciones son como una anticipación de lo que vamos a vivir en algún momento en Chile.

Como migrante en París yo podía ir al médico, estudiar gratis, ir a la municipalidad a solicitar clases gratuitas de francés y un sin fin de oportunidades de integración a la sociedad. Entonces era inevitable pensar si acaso un migrante haitiano en Chile podría conseguir clases de español gratuitas con la misma facilidad. Desde ahí me empecé a preguntar por el proceso de adaptación que hace la sociedad hacia el otro, cuán preparado estábamos para aceptar al otro que tiene un color de piel distinto, cómo los integraríamos a los colegios, etc., eso fue finalmente la base para lanzarnos de cabeza a pensar Fulgor.

JC: Tengo entendido que la primera decisión para realizar Fulgor fue realizar todo un proceso previo de investigación. ¿Cómo se realizó esta investigación y qué fue lo que encontraron?

LG: En Niño Proletario siempre que vamos a abordar una obra, independiente de la temática, hacemos una investigación. Esto significa para nosotros recibir insumos desde distintas disciplinas, como la sociología, la literatura, la historia, incluso como trata el tema el periodismo. Luego, ir a terreno, entender, mirar, observar, olfatear, sentarse a la mesa con diferentes personas, recorrer la ciudad, en este caso fue, ir a los barrios, a los lugares de trabajo de los migrantes.

Para Fulgor estuvimos en Recoleta, Pedro Aguirre Cerda, Independencia, Lo Valledor, Quilicura, Estación Central, Santiago Centro. También fuimos algunos sábados a trabajar y jugar con niños migrantes, que quedan solos por el trabajo de sus papás. En paralelo todo el equipo está leyendo, investigando según sus preferencias. Yo normalmente busco referencias visuales entonces empiezo a ver películas, fotografías, o hacemos actividades cotidianas simples como por ejemplo ir a cortarse el pelo a una peluquería de dominicanos y escuchar el acento, el ritmo, sus preocupaciones, sus motivos para estar acá. También fue muy valioso entrevistarnos con los responsables de oficinas municipales de asuntos migrantes de Santiago, Recoleta e Independencia, ir a la oficina de extranjería a pararnos en las colas enormes de atención, al Registro Civil a observar cómo es el trato a los extranjeros.

Fue especialmente intenso trabajar con las comunidades de haitianos por el idioma, que es un tema muy duro. Yo pasé por lo mismo fuera de Chile, muchas veces uno se siente tonto de no poder encajar en las conversaciones más simples, como compartir una cerveza con un conocido. Y bueno, desde el otro lado es fácil olvidarse de las dificultades y de pronto te das cuenta que estás hablando muy rápido, con mucho modismo y no te están entendiendo nada.

Cuando nosotros como compañía vemos que tenemos una buena base con todos estos elementos que hemos ido recopilando, recién invitamos a los actores a unirse al proceso. En ese momento ellos son invitados a aportar con toda su experiencia, a traer al ensayo sus propias reflexiones y preguntas sobre el tema en cuestión, en resumen, a hacerse cargo de la temática. Para nosotros lo más importante es tener una visión lo más amplia y diversa posible, desde todas las experiencias y disciplinas posibles.

JC: ¿Qué dirías que tienen en común Fulgor con otras obras de Teatro Niño Proletario como Hambre, Barrio Miseria, Temporal, El Olivo o El Otro?

LG: Lo primero es la mirada que tenemos de cómo se vive en este país que tiene un libre mercado feroz y cómo eso se refleja en el cuerpo de los actores. En todas nuestras obras hay un trabajo súper acentuado en el cuerpo de los actores, cómo las esquirlas de la bomba van a dar al cuerpo del ser humano.

Segundo, las temáticas. En nuestra trayectoria hemos tratado siempre de evitar caer en el discurso oficial, en los prejuicios, en la condescendencia con uno mismo incluso. Siempre hemos buscado tener la perspectiva más global posible para luego plantear nuestra mirada sobre el tema. Por ejemplo, en Temporal, nuestra mirada sobre la clase media y el Chile aspiracional. En El Olivo, sobre el Chile que olvidamos después de que agotamos los recursos naturales. Nos motiva tener una mirada genuina del Chile que vive en los márgenes sociales, aquellos que no caben en el discurso que inventó la elite para vender el país a los inversionistas y transnacionales, queremos ser movilizadores, provocar al público que ve nuestras obras a no ser sumisos, por eso nos preocupa lo que ocurre en los barrios, en los servicios de salud públicos, en la demanda de jardines, la desigualdad de oportunidades…

JC: Si me permites agregar un elemento, creo que también es distintivo de Teatro Niño Proletario el trabajo intergeneracional que han realizado. Es imposible rememorar sus montajes y no pensar en las actuaciones de Greta Nilsson, José Soza o Luz Jiménez que perfectamente podrían ser los abuelos del resto del elenco. ¿Cómo ha sido la experiencia de este abrazo generacional?

LG: Creo que ha sido unos de los pilares de nuestro trabajo en los últimos 7 años. Reconocer que hay una experiencia, que hay un oficio en esa generación que nosotros debemos ser capaces de rescatar, de escuchar, de ver, de entender. Es nuestra tarea seducirlos a ellos con las temáticas que nos mueven.

Además, hay que hacerse cargo de que el modelo actual tiende a quebrar el vínculo entre generaciones, a cortar el traspaso de memoria. Nosotros queremos enfrentar eso. La memoria está viva, se está construyendo en este mismo minuto, por tanto, nosotros debemos ser capaces de trabajar no “con ellos” si no que “junto a ellos”, para salirnos de la vorágine en que normalmente estamos inmersos, para elaborar una visión crítica de la temática que abordamos.

Finalmente, algo mucho más básico. La familia, nuestras familias, tienen distintas edades, abarcan más de una vida. ¿Por qué el teatro tendría que poner sobre el escenario puros viejos o puros jóvenes o pura gente linda? Lo mejor del teatro es encontrarse con la vida misma.

JC: ¿Qué opinión tienes respecto de las condiciones laborales de los trabajadores de las artes escénicas en Chile? ¿Qué has podido observar al respecto en tus giras al extranjero?

LG: Lo que más me ha llamado la atención es que hay países como Francia que tienen una forma diferente de percibir el aporte del artista a la sociedad. Puedes notar que la alta valoración que se tiene del arte repercute directamente en las condiciones de vida de los artistas. En Chile los artistas carecen de derechos sociales y, además, tienen que enfrentar condiciones laborales precarias donde manda la boleta de honorarios o la incertidumbre de los financiamientos estatales, circunstancias que dificultan el desarrollo de nuestra labor, y eso es un claro reflejo que no hay una real valoración de la contribución del arte a la sociedad.

Lo irónico es que el aporte de los artistas no es sólo cultural. Tomemos por ejemplo el Festival Cielos del Infinito. Año a año su realización en Magallanes moviliza la economía regional, se activan una serie de servicios: transporte, alojamiento, alimentación, turismo, etc. Si a esa dimensión económica le sumas que el Festival entrega alegría a la gente, momentos de esparcimiento, de encuentro, de aprendizaje y reflexión en familia sobre las temáticas que se abordan, simplemente no se comprende la falta de visión de las autoridades que ha dificultado que estas manifestaciones culturales se empoderen y sean verdaderamente reconocidas.

Si te pones a pensar en el caso de Magallanes, hay una cartelera cultural de enero a diciembre impresionante. Tienes festivales costumbristas, carnaval de invierno, festivales de música, de teatro. Pero toda la estructura es tan precaria que todo el mundo se mueve bajo la incertidumbre de si el siguiente año tendrá o no el financiamiento necesario. Eso impide que la región se desarrolle como un polo cultural y todas estas actividades sean algo más que iniciativas aisladas. Es triste, desalentador, pero es nuestra realidad.

JC: Si bien ya no eres parte de la organización del Cielos del Infinito, me gustaría preguntarte cómo ves el futuro del Festival de Artes Escénicas más austral del mundo.

LG: No hay duda alguna que el Festival tiene para rato. Antonio [Antonio Altamirano, fundador y actual director del Festival], su equipo y la forma que tienen de realizar el Festival se han instalado como un referente a nivel nacional. Hay mucho interés del artista nacional por saber qué está pasando en Magallanes, por ir al Festival. Pero como además está enclavado en una tierra hermosa, cerca de Torres del Paine, al lado del Estrecho de Magallanes, próximo a Ushuaia, hay un enorme interés también desde el extranjero, diría que incluso mayor al interés nacional.

Sin duda lo que hace la gran diferencia es que Cielos del Infinito es un Festival que tiene alma, que tiene carácter, a diferencia por ejemplo de Santiago a Mil que es una cuestión comercial, casi muerto, que es como el equivalente entre ir a comprar a un Líder o ir al negocio de barrio. Cielos del Infinito, pese a que ya cumple 10 años y ha cobrado relevancia nacional e internacional sigue siendo un festival a escala humana, cercano, con identidad… ahí la gente se saluda, los artistas comparten una mesa, eso es transgresor en nuestros días.

JC: Me llama especialmente la atención la vinculación de Cielos del Infinito con el territorio en el que se realiza, el hecho de que surja de las entrañas mismas de la región, para la región y su gente ¿Qué lecciones sacas de esta forma de entender la producción de Artes Escénicas?

LG: Hace diez años nos tiramos a la piscina con Cielos del Infinito, partimos haciéndolo con las puras ganas. En ese ir haciendo fuimos aprendiendo de nuestra audiencia, que creo que es lo básico para el Festival. Tuvimos que entender por ensayo y error que, por ejemplo, en Punta Arenas puede ser efectivo difundir en redes sociales pero que en Puerto Williams nada es tan efectivo como el “puerta a puerta”.

Esto nos llevó a entender que por muy pequeña que pueda parecer la localidad y la audiencia, es mentira que el público sea uno sólo, uniforme. Hay tantos públicos distintos como seres humanos existan. Ese aprendizaje fue muy importante para mi compañía también, pues aprendí en primer lugar que uno nunca debe subestimar a las audiencias. En segundo lugar, aprendí que la pega nunca está terminada. No basta sólo con lanzar una gira o un festival y si le gusta al público bien y sino también. Hay que llegar antes, hay que conocer el contexto, el terreno en el que uno va a trabajar, quién es tu contraparte. Si de verdad quieres hacer teatro, tienes que hablar con la gente, hay que quedarse a conversar con la gente después de la obra. Uno no va a colonizar con su arte, uno va a un encuentro del que nace el arte mismo.

Esta experiencia ha hecho posible, por ejemplo, lo que hemos logrado en Niño Proletario con El Otro. Es una obra pensada para escenarios grandes como fábricas abandonadas y que ha salido de gira a España, Alemania, Holanda, Bélgica. Y esa misma obra la presentamos este año en el gimnasio de la escuela E-19 en Punta Arenas, a la semana siguiente estuvimos en el cine de Aysén que estaba cerrado hace años y, al día siguiente, estuvimos en una escuela rural de Villa Amengual donde entraron veinte personas. Eso no hubiera sido posible desde una óptica tradicional de las condiciones necesarias para hacer teatro. Entren veinte o entren cien personas, la experiencia finalmente va a ser enriquecedora para la comunidad y para la compañía si se hace pensando en el encuentro entre los trabajadores del arte y el público. Ese ha sido el nivel de impacto que ha tenido en nosotros el Festival Cielos del Infinito.

JC: ¿Cuál crees que es la relación de las artes escénicas con el momento político que se abre en el país con la emergencia de las luchas sociales en la última década? ¿Hay diálogo entre el desarrollo de estos movimientos sociales y el arte o aún marchan por separado?

LG: Creo que sí, existe ese diálogo. En nuestro campo, hoy en día tenemos un teatro mucho más político, mucho más atingente, más agudo que hace diez años. Basta ver por ejemplo el GAM, que es como un bastión del establishment, en enero tenía a Ñuke que habla sobre la problemática mapuche. Hay una corrida de cerco, incluso diría que a veces el poder ni se da cuenta que se le está corriendo el cerco. Creo que hay muchas más ganas, mucho menos miedo que en los noventa a hacer cosas distintas. La energía juvenil del movimiento estudiantil, el ánimo de rechazar lo establecido, de no conformarse, nos ha animado a todos los que nos desempeñamos en las distintas dimensiones del arte, en la música, en el teatro, etc.

JC: ¿Qué viene el 2017 para Teatro Niño Proletario?

LG: Vamos a estar avocados a girar con Fulgor, que va de gira a Alemania y con El Otro, que parte a fin de año a Francia. Ahora en marzo vamos con Barrio Miseria a la quinta región. También recibimos una invitación para ir a Portugal a realizar una creación junto con estudiantes de último año de una escuela de cine y teatro, así que en abril partimos a Lisboa.

JC: Para finalizar. Tienes una trayectoria de más de una década creando y dirigiendo teatro. ¿Qué mensaje le entregarías a tus compañeros de oficio que recién comienzan?

LG: Qué difícil hacer esto y qué pudor…Para mí lo más importante es ser genuino, ser transparente con lo que uno de verdad quiere y de verdad te importa. Si lo que te interesa es expresar la desigualdad social o trabajar en la formación de niños, lo central es ser genuino con uno mismo para volcar tus energías a pensar cómo correr de a poco el cerco en esa área… correr el cerco como metáfora de un avance, de ganar pequeñas batallas, de crear comunidad… invitaría a no quedarse dormido con lo que ya existe, con lo que te dicen que se debe hacer… sino lanzarse, equivocarse, probar y volver a intentarlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *