¿El poder de la Asamblea Nacional para qué?

Por Coordinación Nacional, Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora. Publicado originalmente en crbz.org

El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) asumirá las funciones de la Asamblea Nacional (AN) en desacato. Así fue anunciado este jueves 30 de marzo. Las facultades que asumirá el TSJ serán a su vez extendidas al poder ejecutivo, es decir a Nicolás Maduro, quien no necesitará la aprobación de la AN para decisiones en que sería necesaria.

La decisión suscitó la reacción de la derecha nacional e internacional que declaró la existencia de un Golpe de Estado. Era predecible que sucediera, en particular en un momento marcado por la avanzada de la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre nuestro país. Ya Luis Almagro, secretario de la OEA, llamó a una reunión extraordinaria, denunciado un auto-Golpe.

La medida tomada por el TSJ busca llenar el vacío de poderes generados por el desacato de la AN, que ha llegado al punto de querer subvertir el orden institucional en octubre, y pedir la aplicación de la Carta Democrática de la OEA. Un Estado que tiene a uno de sus poderes en la ilegalidad y propiciando un Golpe de Estado, se encuentra ante una dificultad de funcionamiento evidente.

Desde ese lugar se debe comprender la decisión. Sin embargo, la misma genera preguntas necesarias: ¿qué se hará con el poder ahora en manos del TSJ y el poder ejecutivo? Si el chavismo recupera todos los hilos del poder estatal, ¿qué hará con los mismos? Se trata de un debate que se da en un escenario de guerra, crisis, y desgaste de mucha gente que siente que la disputa política ya no es su disputa.

Recuperar los poderes de la AN conlleva la necesidad de utilizarlos para fortalecer la democracia que la revolución se planteó como estratégica: la participativa y protagónica. Tanto en lo político como en lo económico. ¿Si no es para que el poder sea asumido por la gente en los lugares de trabajo, las comunas, las ciudades, los campos, entonces para qué se lo tiene? Si el país debe enrumbarse en un nuevo modelo productivo eso debe estar protagonizado por las empresas de propiedad social, las fábricas recuperadas por los trabajadores, estatales, medianos y pequeños empresarios, y no solamente -como así parece en las últimas decisiones públicas- por las grandes empresas privadas.

Existe la necesidad del doble movimiento: quitarle poder a la derecha que está en la ilegalidad, y acto seguido volcarlo a la gente, a las herramientas ya construidas como lo es, por ejemplo, el Parlamento Nacional Comunal, y las diferentes formas de organización que la gente se de en cada uno de los lugares donde hace vida. La democracia real es una construcción diaria, diversa, hecha de las heterogeneidades de nuestra sociedad, múltiple.

Así tendrá sentido profundo y revolucionario la decisión del TSJ. De lo contrario significará solamente el primer movimiento y la continuidad de la crisis e incertidumbre que hoy vive gran parte de la población venezolana. Se debe escuchar a la gente, ir, como dijo Maduro, a las “catatumbas del pueblo”, renacer desde donde se nació, darle protagonismo y poder. No puede ser una metáfora para campañas políticas, debe ser una realidad. Se nos va el futuro en ello. Si la AN ya no lo impide entonces llegó la hora.

¡Chávez es el poder de la gente!

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