[ContraCorriente] Análisis y propuesta para el movimiento estudiantil chileno en la coyuntura actual

CONTRACORRIENTE

Marzo, 2017

I

¿Qué posición ocupa el sistema educativo en el Chile del neoliberalismo maduro? Esta pregunta debe ser respondida buscando qué tiene de específico el sistema de educación actual, establecido por la dictadura cívico-militar.

En los años anteriores a la dictadura, en un período que podríamos denominar de capitalismo desarrollista, las instituciones educacionales tuvieron como principal tarea la preparación técnica e ideológica de la fuerza de trabajo de acuerdo a las formas específicas que demandaba la industria chilena del siglo XX. En razón de lo anterior, el Estado jugaba un rol protagónico en la planificación y ampliación de la educación, la cual se realizaba de acuerdo a criterios de fomento de la producción.

En los años de la contrarrevolución neoliberal, el criterio de fomento de la producción es reemplazado por un criterio mercantil puro y duro: eliminadas todas las trabas para que las empresas privadas pudieran dedicarse al rubro de la educación, ésta pasa a configurarse como una mercancía más, como un servicio al cual cada vez más amplios sectores de consumidores pudieran acceder. Las instituciones estatales son progresivamente abandonadas por el Estado, a la vez que el empresariado encuentra un nuevo nicho de acumulación, tanto por mecanismos legales como los altos aranceles y el endeudamiento al que deben recurrir las familias, como por mecanismos ilegales como lo es el lucro.

La ampliación de la cobertura en educación superior, que tanto celebran los apologistas del modelo, no es otra cosa que la penetración del mercado en cada vez más amplios sectores del pueblo chileno. El auge masivo en la cantidad de profesionales, completamente alejado de las necesidades del desarrollo económico chileno, ha redundado en mayor precariedad laboral. El rol asumido por el empresariado, y avalado por el estado, ha significado que las decisiones sobre mallas curriculares y la administración universitaria se lleven a cabo en condiciones completamente anti-democráticas. Sumado al machismo imperante en las instituciones educativas, la juventud chilena y sus familias se ven oprimidas y explotadas al interior de sus planteles educativos, en busca de la promesa de una movilidad social que jamás llega.

En síntesis, podemos decir que, desde la perspectiva de las clases dominantes, el sistema educativo juega un doble rol. Por un lado, es un mecanismo de reproducción del pensamiento dominante, tanto a nivel de la orientación del conocimiento y su destinación preferente a las necesidades del mercado, como a nivel de las lógicas individualistas y patriarcales que se reproducen en todos sus niveles. Por otro lado, es una maquinaria de explotación. La educación bajo el neoliberalismo no se agota en su función clásica de calificar mano de obra para su futura explotación según las necesidades de los empresarios, sino que la educación misma, convertida explícitamente en un bien de consumo, opera como mercancía y por medio de mecanismos como el endeudamiento permite a distintas capas de la burguesía chilena acumular grandes cantidades de recursos.

II

En el marco de la crisis del sistema educativo neoliberal, ha surgido un movimiento estudiantil que, por distintas razones, se ha configurado como protagonista en el proceso de recomposición popular que hemos podido observar en los últimos años en Chile. El estudiantado chileno se ha movilizado a lo largo de los últimos años exigiendo una educación pública, gratuita, democrática, no sexista y de calidad. Dichos procesos de movilización se enmarcan en un proceso de resquebrajamiento de la hegemonía neoliberal, que ha hecho posible el resurgir de la organización popular no sólo en educación, sino que en sectores sociales cada vez más amplios y diversos.

El movimiento estudiantil chileno ha jugado en los últimos años un rol fundamental como actor político crítico de las estructuras económicas actuales, de las estructuras políticas de la transición, y del sentido común neoliberal y patriarcal instalado en Chile. Así mismo, pese a su carácter pluriclasista, en el interior del movimiento estudiantil han surgido sectores políticamente situados en el bando de la clase trabajadora, que han sido capaces de impulsar alianzas multisectoriales tanto en el interior del mundo educativo, como del mundo educativo hacia afuera. De esta manera, pese a la falta de triunfos políticos sustantivos en materia de educación propiamente tal, el ciclo 2006-2016 nos ha dejado experiencias valiosísimas para el proceso de rearme tanto del pueblo como de la izquierda para el actual momento de la lucha de clases

III

Hacia el año 2017, el escenario político es más bien complejo para el movimiento estudiantil. Por un lado, la estrategia de “dividir para gobernar” del gobierno de la Nueva Mayoría, ha dado frutos, en el sentido de que lograron aislar a los distintos actores que componen el mundo educativo, parcializando la reforma de la Educación Superior respecto a la reforma docente y la reforma de la educación media. Por otro lado, las juventudes del gobierno han logrado ser una contención efectiva a la movilización estudiantil, tanto en el interior del Confech como en el mundo secundario, además del rol de la ya pasada conducción de Gajardo en el Colegio de Profesores.

Por otro lado, los estudiantes hemos visto una tendencia a la baja en nuestra capacidad de movilización. El agotamiento de un repertorio de movilización que año tras año se repite acríticamente, la incapacidad política de las conducciones que hemos tenido en los últimos años, y el desgaste cíclico de los proceso de lucha son algunos de los fenómenos que explican dicha merma. La estrategia de la co-legislación, que nos tuvo estos últimos años a la merced de los tiempos del gobierno, terminó por liquidar nuestra capacidad de irrumpir en el escenario político, el cual había sido nuestro fuerte hasta ahora.

La tendencia a la baja en nuestra capacidad de movilización, y el complejo escenario que aquello conlleva, se ve contrarrestada por la emergencia de nuevos movimientos sociales, con una capacidad considerable de marcar el escenario. Estamos hablando del movimiento No + AFP, el movimiento feminista, los distintos movimientos por la defensa de los territorios en aquellas zonas más directamente afectadas por el capital extractivista, y algunos movimientos que si bien aún no irrumpen con fuerza, auguran un porvenir de lucha, como el Movimiento Salud para Todxs. Sin embargo, el movimiento estudiantil hasta ahora no ha sido capaz de constituirse como un aliado estratégico clave para dichos movimientos, ya sea por medio de vínculos programáticos y/u orgánicos. Esto último es relevante, en tanto la experiencia acumulada a lo largo de diez años de movilización sin duda alguna podría ser una herramienta valiosísima para los movimientos sociales emergentes.

IV

Como se dijo más arriba, las problemáticas que afectan al mundo educativo se deben a la profunda conexión de dicho sector con los patrones neoliberales de acumulación, y la presencia de distintas capas de la burguesía y del entramado patriarcal de manera estructural en su configuración. Mientras no le quitemos terreno a dichos sectores, no lograremos transformar nuestra educación. Es por esto que rechazamos de plano la reforma del gobierno en Educación Superior: está estructuralmente configurada en términos tales que no altera los pilares fundamentales de la educación de mercado en Chile, sino que se limita a algunos pocos ajustes cosméticos.

Pese a que, de acuerdo al escenario descrito, tenemos un mal pie en cuanto a correlación de fuerzas para oponernos a la reforma del gobierno, no debemos abandonar nuestro rol problematizador, agitador y politizador en los espacios en que estamos insertos, al mismo tiempo que ampliamos nuestro radio de acción. Debemos mantener la insistencia en hacer evidente la íntima correlación entre la orientación del conocimiento y los intereses de los grandes empresarios y el orden patriarcal; el endeudamiento de nuestras familias y la ganancia de la banca privada; la falta de democracia y un gobierno que se pone del lado de los empresarios.

Pero, al mismo tiempo, debemos ser capaces de adaptarnos al escenario de manera crítica y realista. De la mano de la pérdida de protagonismo del movimiento estudiantil, se configuran otros actores con importantes potencialidades para alcanzar correlaciones de fuerzas favorables. Todo esto en un año marcado por las elecciones presidenciales y parlamentarias, las cuales tensionarán de manera considerable el mundo social.

Por esto, como ContraCorriente, planteamos las siguientes líneas de acción para el año 2017:

a) Impulsar, desde el movimiento estudiantil, una línea de articulación entre movimientos sociales.

En un escenario marcado por los movimientos sociales emergentes, resulta esencial que el movimiento estudiantil ponga su experiencia acumulada, las lecciones políticas de estos diez años, la capacidad organizativa derivada de la estructura misma del sujeto estudiantil y las fuerzas con las que cuenta a disposición de dichos movimientos emergentes. En particular, vemos como principales movimientos para este 2017 el de la Coordinadora No + AFP, el movimiento feminista, los movimientos de defensa de los territorios, la lucha del pueblo mapuche y el movimiento de trabajadores. Para lo anterior, algunas alternativas son:

  • Impulsar vinculaciones orgánicas permanentes entre los espacios de representación y organización estudiantil y los movimientos sociales emergentes. Es decir, constituir comisiones y/o secretarías que impulsen trabajo en conjunto con dichos movimientos.

  • Impulsar, en todos los niveles en que sea posible, procesos multilaterales de socialización de experiencias, en los cuales tanto los estudiantes como la complejidad de movimientos emergentes puedan compartir lecciones políticas y fortalecerse mutuamente.

  • Definir una política de apoyo desde el mundo estudiantil a las huelga, que prevemos que irán en aumento. Debemos ser capaces de crear “piquetes sindicales” en nuestros espacios de base, desde donde ofrecer talleres, redes de batucadas, organizar la recolección de canastas familiares para aportar en las huelgas, etc.

b) Impulsar una línea política en torno a la recomposición del tejido social estudiantil en aquellos espacios en que se encuentra más desgastado

En distintas Federaciones estudiantiles se han venido viviendo procesos de desgaste y descomposición del movimiento estudiantil, producidos por distintas causas entre las que se encuentran la conducción errática del movimiento estudiantil, la repetición acrítica del mismo repertorio de lucha y la estrategia de desgaste que exitosamente ha impulsado el gobierno y sus juventudes. Es necesario hacerse cargo de lo anterior, en miras a una recomposición que apunte a una eventual reinstalación de la problemática educativa, que está lejos de encontrar solución.

  • Realizar, a nivel local, diagnósticos que determinen cuál es el estado de la organización estudiantil en cada plantel educativo.

  • Respecto a dicho diagnóstico, definir iniciativas políticas que apunten a recomponer las relaciones de asociatividad cotidiana de los estudiantes, que en muchos espacios se ha visto desgastada. En este punto, es necesaria la mayor creatividad para ampliar el repertorio hacia temáticas que puedan cumplir el rol de recuperar niveles de participación política.

  • Impulsar, en los territorios en que sea posible y necesario, la lucha por la democratización de la gestión universitaria, la orientación del conocimiento, la lucha antipatriarcal, el fin al endeudamiento y, en general, los ejes históricos de las demandas estudiantiles.

  • Preocuparse de la transmisión de experiencia política desde las generaciones más antiguas, en el marco del fuerte recambio generacional que se ha venido viviendo. Sobre todo, con énfasis en la recuperación de la subjetividad contra-hegemónica que acompañó al proceso de movilización estudiantil y que se ha ido perdiendo.

c) Impulsar una política de reagrupación orgánica del movimiento secundario

El movimiento secundario, otrora actor fundamental de la lucha estudiantil, se encuentra disperso orgánicamente y sin una conducción política clara, capaz de impulsar procesos de movilización. En ese sentido, debe ser una prioridad para la izquierda impulsar su recomposición orgánica. Dicha recomposición debe ser honesta, sin sectarismos, poniendo por delante la vocación de construir por sobre la vocación de acumular.

  • Una primera tarea fundamental es, impulsar procesos de politización en el mundo secundario, en tanto los años del reflujo han hecho retroceder la subjetividad avanzada que se conquistó gracias a los procesos de movilización que se abrieron el 2006.

  • Impulsar una política orientada a, en el mediano plazo, reorganizar orgánicamente al movimiento secundario. Si bien es poco realista plantear la posibilidad de una reagrupación orgánica en el corto plazo, es perfectamente posible avanzar hacia coordinaciones de tipo local o territorial que sean la base orgánica para un futuro espacio orgánico de carácter más nacional.

d) Impulsar una política de organización y politización de los establecimientos de educación superior no universitarios (CFTs e IPs)

Al igual que respecto al movimiento secundario, nuestra inserción es escasa. Sin embargo, si queremos contribuir a la recomposición del movimiento estudiantil en miras a fortalecer la organización sectorial y mejorar nuestras posiciones de fuerza en el mediano plazo, es una tarea esencial contribuir a la politización de un sector especialmente precarizado pero que carece de una tradición organizativa relevante.

  • Al igual que respecto al movimiento secundario, una primera tarea es levantar procesos de politización para dichos espacios.

  • Dicha política debe estar orientada prioritariamente a: i) Politizar al grueso de los estudiantes de dichos planteles; ii) Impulsar la constitución de espacios organizativos como federaciones estudiantiles; iii) Propiciar la elaboración programática de reivindicaciones propias de dicho sector.

e) Feminismo.

El avance del movimiento feminista nos permite analizar con ojo crítico situaciones cotidianas que a simple vista esconden profundas relaciones de opresión y dominación. En nuestros centros educativos, la tarea consiste en advertir este tipo de relaciones, mostrarlas a la comunidad y crear las herramientas que nos permitan superarlas, buscando recuperar la dignidad que el patriarcado ha arrebatado a las mujeres y minorías sexuales a lo largo de la historia.

  • Igualdad laboral. No es para nada desconocida la desventaja con la que cargan las mujeres al enfrentarse al mercado laboral: las barreras de contratación, diferencias salariales y los obstáculos que encuentran para el desarrollo libre de su actividad reproductiva son ejemplos de cómo las universidades han adoptado estas lógicas para sí. La lucha por dar un justo valor al trabajo de la mujer pasa también por el trabajo educativo en todas sus facetas, y significa reivindicar sus derechos en igualdad con el trabajador masculino.

  • Violencia contra la mujer y la disidencia sexual. en este último tiempo hemos visto la urgencia de crear instrumentos para enfrentar la violencia machista en todas sus formas. El establecimiento de políticas institucionales de educación y prevención es un objetivo central en este sentido, así como la creación de procedimientos y protocolos de denuncia, investigación y sanciones para los casos que ocurran dentro de los planteles educativos, de vigencia permanente y aplicación universal.

  • Educación no sexista. El proceso transformador debe preocuparse también del contenido de la educación que entregan colegios y universidades, de forma tal que no participen de la reproducción de la hegemonía patriarcal. En este esfuerzo es que debemos revisar las mallas curriculares de nuestros planteles, incorporando en nuestros procesos formativos elementos de estudio crítico, así como problematizar las costumbres y usos de profesores y demás estudiantes, de forma tal de construir un ambiente justo para todos y todas.

f) Línea internacionalista

La izquierda en los últimos años ha perdido la orientación internacionalista que la caracterizó a lo largo de los siglos XIX y XX. Esta pérdida ha redundado en que, frente a los últimos sucesos de violencia y represión a distintos pueblos y luchadores sociales en el mundo, la izquierda se ha quedado completamente inmóvil. En ese sentido, los estudiantes tienen las mejores condiciones para ser la punta de lanza de la recuperación del rol internacionalista de la izquierda. Para este 2017, proponemos:

  • Recuperar ética y estéticamente la tradición latinoamericanista que ha caracterizado el movimiento estudiantil y a la izquierda chilenas, tanto disputando el sentido común nacionalista por medio de actividades culturales, como con aportes concretos a nuestros pueblos hermanos, ya sea logísticos, económicos, etc, cada vez que las coyunturas lo demanden.

  • En el contexto del 50° aniversario de la ocupación, desplegar nuestros esfuerzos en una campaña activa de solidaridad con Palestina y promoción del BDS (Campaña internacional de Boicot, Desinversión y Sanciones) contra el estado sionista de Israel y sus instituciones al servicio del genocidio palestino. El objetivo sería que el Confech se plegara a dicha campaña, para sumarnos a la presión internacional pro palestina.

  • Solidaridad con todos los movimientos estudiantiles en otros países. El movimiento estudiantil chileno debería emprender campañas de agitación, de solidaridad en las redes sociales, de apoyo económico-logístico cuando sea necesario, y de intercambio ideológico con los movimientos de estudiantes en otros países, sobre todo en América Latina.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *