Aurora Roja N°55: Resumen Semanal

FRANCIA SUMISA: RESULTADOS DE LA PRIMERA VUELTA DE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES

Este domingo fueron las elecciones presidenciales en Francia. A pesar de la efervescencia que había generado en la izquierda el alza en las encuestas de Jean Luis Mélenchon, quien lideraba la coalición “Francia Insumisa”, los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta fueron Emmanuel Macron y Marine Le Pen, quienes obtuvieron el 23,8% y 21,4% respectivamente.

La segunda vuelta parce limitar la elección entre neoliberalismo y fascismo. Emmanuel Macron, ex Ministro de Hacienda del Gobierno de Francois Hollande y líder de la Coalición en Marcha, fue el rostro nuevo del neoliberalismo, que tomó fuerza luego del caso de corrupción que frenó la candidatura del derechista Francois Fillon (candidato del Partido Republicano, partido del ex Presidente Sarkozy) y el fracaso de la candidatura de Benoit Hamon, quien sufrió los costos de la impopularidad del gobierno socialdemócrata de Hollande.

El triunfo de Macron, por sobre Fillon y Hamon, demuestra la capacidad de la clase dominante neoliberal para prescindir de los principales partidos políticos de un país y continuar impulsando su agenda. Esto se visibilizó también en los resultados del Partido Socialista francés, quién como la mayoría de los partidos socialdemócratas de Europa, van a la deriva. Las ratas son las primeras en abandonar el buque, y así fue en el Partido Socialista. Cuando sus candidatos que representaban el ala más conservadora del Partido fueron derrotados, no dudaron en apoyar a Macron, quien representaba más oportunidades de triunfo. Ejemplo de esto fue la actitud de Manual Valls, Primer Ministro francés, que anunció previo a la primera vuelta presidencial su apoyo a Macron.

El segundo elemento de esta elección, es la fuerza del fascismo en Europa. A pesar de no representar grandes avances respecto a las elecciones anteriores, se mantienen firmes en cantidad de votos, que representan aproximadamente a un cuarto de la población francesa, y con una amplia inserción en los sectores populares y de trabajadores, que anteriormente eran bastiones de la izquierda francesa. El discurso basado en la xenofobia y el miedo, pero también articulado con una crítica al establishment y a las políticas de los sectores neoliberales, ha calado en la población francesa.

Lo anterior muestra la debilidad de las posiciones de la izquierda francesa. Aun cuando Mélenchon remontó desde un 10% de apoyo según las encuestas a casi un 20% en esta primera vuelta, quedando a aproximadamente a 700.000 votos de pasar a segunda vuelta, esto no fue suficiente. Lo interesante de este proceso fue la gran convocatoria que logró Mélenchon en sus mítines, donde reunía a decenas de miles de personas, con una oratoria capaz de realizar pedagogía y posicionamiento político programático en cada uno de sus encuentros. Sin renegar de la izquierda y de los procesos del Socialismo del siglo XXI, impuso un programa radical para lo conocido en las campañas presidenciales europeas. Fin a las políticas de austeridad y reforma laboral, salida de la OTAN, política no xenófoba en materia de migración, inversiones públicas, entre otras.

Con más claridad que en el caso Estados Unidos, las elecciones francesas nos señalan una fractura cada vez más pronunciada entre los proyectos de los distintos sectores empresariales para el futuro de Europa. Una disputa abierta entre facciones de la clase dominante por el carácter y alcance del “Globalismo, Continentalismo y Universalismo” (ver en esta edición, Dierckxsens y Formento) se toma la escena del viejo continente.

Con todo, la especulación es todavía capaz de sacar cuentas alegres. Los mercados mundiales han tomado nota de los candidatos que corren en la segunda vuelta francesa llegando a cifras históricas. Ello no cambiará mientras el pueblo francés y los pueblos del mundo no fortalezcan mucho más allá de las opciones presidenciales, sus procesos de constitución para construir una alternativa propia a la barbarie.

SERVICIO DE IMPUESTOS INTERNOS (SII): CÓMPLICE DEL EMPRESARIADO CHILENO

La semana pasada se dio a conocer en la prensa que el Servicio de Impuestos Internos no presentaría querella en contra de las empresas que financiaron ilegalmente campañas políticas. A diferencia de otros países Latinoamericanos donde la corrupción es representada con la entrega de maletines negros llenos de dinero, en nuestro país la clase empresarial aprovecha el cohecho para deducir impuestos mediante las denominadas “boletas ideológicamente falsas”.

El forado abierto por las investigaciones penales en el caso Penta y Soquimich, fue cerrado por la maniobra del SII. Esto demuestra una vez más el componente de clase de nuestro derecho penal, que sanciona desproporcionadamente delitos menores contra la propiedad, como son los hurtos y robos, en desmedro de delitos económicos cometidos por la clase política y empresarial que afecta montos muchos más cuantiosos que lo delitos de bagatela. Estos delitos tienen bajas penas asociadas o a veces prácticamente inexistentes, y en algunos casos ni siquiera se realizan las investigaciones correspondientes como es este caso, lo mismo sucedió con la denuncia por cohecho en contra del Senador de la Democracia Cristiana Patricio Walker, quien fue sobreseído antes de finalizar la investigación.

La decisión del SII fue tan arbitraria, que la Contraloría General de la República se pronunció exigiendo una fundamentación jurídica que ameritara que la decisión del SII no sea considerada como un mero “capricho institucional”. Una vez más, queda demostrada la impunidad de los delitos de cuello blanco cometidos por la clase dominante de nuestro país. La igualdad ante la ley es sólo una utopía del liberalismo, mientras que el sistema normativo y la institucionalidad no más que la cristalización de los intereses de los poderosos.

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