Huelga general contra el gobierno de Temer: el pueblo brasileño despierta

Por Javier Pineda

Este viernes 28 de abril fue escenario de una huelga general en todo Brasil, que movilizó a más de 40 millones de trabajadoras y trabajadores a lo largo de las principales ciudades del país en contra de las reformas de pensiones y la reforma laboral. En la madrugada las calles y carreteras se encontraban cortadas con barricadas, gran parte del comercio cerrado, rodoviarios y estaciones ferroviarias cerradas. Esta huelga fue convocada por las grandes centrales sindicales de Brasil pero también por organizaciones populares y movimientos sociales como el Frente Brasil Popular y Povo sem Medo (Pueblo Sin Miedo), que después de 100 años de la primera huelga general en Brasil, pueden marcar la apertura de un ciclo de lucha política en contra del gobierno anti-democrático y neoliberal de Michell Temer. Las principales organizaciones de trabajadores que paralizaron fueron los del sector transporte y educación, siguiendo en masividad los trabajadores bancarios, petroleros y metalúrgicos.

La mañana estaría caracterizada por los cortes de ruta y de grandes avenidas, sumada a la paralización de gran parte de los sectores productivos y comerciales, mientras que en la tarde estaría tomada por la movilización del pueblo en las calles, exigiendo el fin de la reforma laboral y la salida del golpista de Michel Temer, usurpador de la Presidencia de la República.

Al fin comienza a despertar la clase trabajadora brasileña, que después de años de desmovilización por parte de los gobiernos del Partido de los Trabajadores, logra movilizarse con fuerza en todo el país, cuestión que no pudo hacer para frenar el golpe parlamentario que dio Temer hace unos meses en contra de Dilma Roussef.

El Gobierno de Temer en sólo 6 meses ha levantado una serie de reformas neoliberales que tienen por objetivo desmovilizar a la clase trabajadora brasileña y precarizar su situación laboral. Sumado a las políticas de austeridad que limitan constitucionalmente el aumento de gasto público para los próximos 20 años; Temer en conjunto al Congreso de la República de Brasil – nido de corruptos – ha impulsado tres reformas que golpean directamente a la clase trabajadora: (i) ley de subcontratación; (ii) reforma al sistema de pensiones; (iii) reforma laboral.

En primer lugar, la ley de tercerización aprobada hace unas semanas, no establece límites para la subcontratación, por lo cual esta medida generará precarización laboral, produciendo despidos masivos para bajar salarios y aumentar las ganancias de las empresas a costa del derecho de las y los trabajadores. Esta ley fue aprobada por el Parlamento y sancionada por Temer.

En segundo lugar, la Reforma de Pensiones buscar despojar a la clase trabajadora de su derecho a la seguridad social. Para esto han propuesto aumentar la edad de jubilación y con la limitación del gasto público, las pensiones podrían reducirse hasta la mitad. Asimismo, contempla que para recibir una pensión, se exigirán a lo menos 25 años de contribución por parte del trabajador. Esta reforma aún no es aprobada por el Congreso.

En tercer lugar, en cuanto a la Reforma Laboral, esta busca la flexibilización y precarización de la clase trabajadora. Esta reforma permite que los sindicatos o grupos de trabajadores que negocien colectivamente, puedan acordar con el empleador parámetros inferiores a los establecidos por la legislación, haciendo desaparecer derechos laborales irrenunciables como la jornada de trabajo, salario mínimo y vacaciones. Reduce las facultades de representación y poder de negociación de los sindicatos. Establece una mayor judicialización que deberá ser cubierta por los trabajadores demandantes; amplía los contratos temporales de trabajo y establece nuevas modalidades de contratación que flexibilizan al mercado del trabajo. En definitiva, son más de 200 disposiciones legales alteradas para favorecer el enriquecimiento de la patronal a costa del despojo de las y los trabajadores. Estas reformas han sido aprobadas por la Cámara de Diputados y ahora sólo falta su aprobación por el Senado, lleno de miembros comprados por las grandes empresas que operan en Brasil.

El Gobierno ha utilizado los términos de “modernización” para promover su Reforma Laboral. Esto nos recuerda los argumentos utilizados por el Gobierno de Bachelet para justificar su Reforma Laboral Patronal, en la cual “modernización” termina siendo un eufemismo para decir reformas laborales que quitan derechos laborales y otorgan situaciones más favorables a la patronal para precarizar la situación laboral de las y los trabajadores. Es decir, las reformas laborales “modernizadoras” no hacen más que aplicar medidas neoliberales para desregular el mercado del trabajo. De modernización no tiene nada, pues son las mismas viejas recetas del siglo XIX que tenía en absoluta desprotección a la clase trabajadora.

La huelga general de Brasil es un golpe duro contra el desprestigiado Gobierno de Temer que viene en caída libre. Sólo un 5% de las brasileñas y brasileños aprueba su gestión. El desempleo crece mes a mes, alcanzando un 13,7% y afectando a más de 14 millones de personas. No ha logrado mejorar los índices macroeconómicos, la recesión se mantiene y sus únicas medidas tienden a desarticular y golpear a las y los trabajadores. Es momento de que el pueblo brasileño, encabezado por su clase trabajadora, tome la ofensiva y destituya a la clase económica y política corrupta que gobierna el país.

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