Manifiesto clasista en el primero de mayo

Por Comité de Iniciativa por la Unidad Sindical

El 12 de febrero del 2015, un grupo de organizaciones sindicales, hastiadas y agotadas de quienes hablan a nombre de los trabajadores, decidimos constituir el COMITÉ DE INICIATIVA POR LA UNIDAD SINDICAL – CIUS.

Creíamos, creemos y creeremos, en la fuerza y la unidad de los trabajadores como elemento principal en la construcción de lo que llamamos “una nueva sociedad”. No hemos puesto nombre a ésta, pero estamos claros de la necesidad de su existencia. Se construirá desde la fuerza avasalladora de los trabajadores y sus hermanos de clase. Se construirá desde la convicción que se debe terminar con todos los instrumentos y mecanismos instalados por el capital, porque estos son antihumanos y solo han profundizado el dolor y la desesperanza de millones, en nuestro país y en el mundo.

La misma fuerza que nos ha permitido mantenernos de pie en este largo proceso de crisis, impulsados por la exigencia de generar el instrumento para responder de una buena vez y con firmeza a la voracidad de capital y de sus servidores. Desde ese febrero del 2015 se han dado pasos interesantes, insuficientes aún, pero interesantes.

No solo la continuidad en el trabajo de análisis, sino también y muy importante el enorme aporte de todas y todos impulsados por la convicción de ir estructurando lo que pretendemos sea un instrumento que eduque, promueva la organización y se haga parte de la lucha de todos las y los que quieren cambios.

De las palabras pasamos a los hechos y nos hemos manifestado en la calle, en decenas de acciones de propaganda y hemos expuesto a los detentadores del poder, nuestro ideario y demandas. Una a una se van sumando las organizaciones sindicales, el CIUS se fortalece en la Federaciones, Confederaciones y Asociaciones que lo integran. Une en la acción a trabajadores de la empresa privada y del sector público, se relaciona y trabaja con los estudiantes y los pobladores, comienza a generar lazos con otras orgánicas sindicales.

No hemos puesto condiciones previas para el proceso de unidad en la acción: solo sentir un amor profundo por la clase y expresar la disposición a no traicionarla. El único requisito que consideramos irrenunciable es la defensa irrestricta de los derechos de los trabajadores, así como el compromiso de las organizaciones que los acogen, de trabajar en la creación y fortalecimiento de la conciencia de clase en los desprovistos de ella.

No estamos contra partidos, movimientos o grupos políticos, así como tampoco cuestionamos ni impedimos la participación de los trabajadores en ellos. Lo que no compartimos es el intento de estos instrumentos de querer hacerse del control de las organizaciones, para transformarlas en correas transmisoras de sus líneas de acción.

Nadie puede hablar por los trabajadores si no consulta con estos sus demandas más sentidas, expuestas por millones y despreciadas por todos los que se han presentado a cargos de poder parlamentario y gubernamental.

Los trabajadores han de participar en los procesos que crean válidos, pero han de tener claro que no pueden apoyar a ningún candidato que bajo cualquier mecanismo mantenga los instrumentos de explotación y sumisión instalados en la legislación laboral.

Es la crisis sindical lo que provocó nuestra unión

Cuando hablamos de la crisis del movimiento sindical, lo hacemos interpretando los elementos que dan cuenta de ella. Baja constante en la sindicalización, organizaciones fantasmas instaladas ex profeso por los partidos políticos, con el único fin de mantener los espacios de poder, en Centrales y organismos intermedios.

La corrupción evidente, la entrega de la dirección sindical a los dictados del modelo, la “santificación” de reformas que lesionan gravemente a la organización sindical son parte de esta crisis, que es terminal.

La vergonzosa crisis de la CUT, cuyo fraude en las elecciones de 2016 es la guinda de la torta, deja claro que se ha construido una estructura basada en datos falsos, para el solo objetivo de disfrutar de cargos de poder y de las prebendas que entrega el sistema a quienes no lo combaten. Si esto no refleja una crisis, no sabemos que podría reflejarla.

No guardaremos silencio cuando se pretenda seguir conculcando los derechos de los trabajadores y trabajadoras. Estamos aquí para expresar a viva voz que los actuales mecanismos de educación y organización sindical no sirven, salvo para frenar y castigar a quienes quieren ponerse de pie ante el capital.

Es hora de sacar del camino a los que han destruido la organización de los trabajadores. Es hora de iniciar la construcción de un instrumento de clase, con elección universal de sus dirigentes, con cotizaciones mensuales, pero por sobre todo enemigo declarado de la corrupción, que rechace acuerdos a puertas cerradas o soluciones parche que no respondan a las verdaderas demandas de los trabajadores. Eso es el objetivo declarado del CIUS y las organizaciones que lo componen.

Fue la organización y la convicción de las y los trabajadores y sus organizaciones la que consiguió, tras décadas de lucha, mejorar una legislación laboral que sin ser el ideal recogía algunas de las demandas históricas. Fue producto de la participación activa de los trabajadores en sus instrumentos de organización, que varias de sus demandas se plasmaron en leyes, las que aunque no respondieron al total de las aspiraciones, al menos permitieron mejorar la condición de millones de asalariados.

En cuatro de estas normas legales graficamos lo que llegaron a conseguir los trabajadores organizados:

i. Los despidos que afectaban a más de 10 trabajadores solo procedían previa autorización conjunta de los Ministerios del Trabajo y de Economía (art. 86 inciso 3° C. del T. antiguo).

ii. Descanso en domingo y feriado legales (art. 322 C. del T. antiguo) y 44 horas semanales, para los empleados del comercio ( art.32 de la ley 17.365).

iii. La facultad a las federaciones y confederaciones para celebrar contratos colectivos de trabajo y representar a sus miembros en las instancias de conciliación y arbitraje (art.412 del C. del T.).

iv. En caso de despido injustificado y de negativa patronal de reincorporación, se obligaba al pago mínimo de un mes por año sin tope ni limitación alguna, en cuanto a su monto superior (art.8° de la ley 16.455).

La historia nos muestra que los derechos de nuestro pueblo y de la sociedad toda, fueron arrasados por el golpe militar. Por eso debe quedar claro que no somos neutros, que tenemos en nuestros hombros la tarea que miles no pudieron culminar y que no renunciamos a ella.

Hay que recuperar nuestros valores: solidaridad de clase

Esto que hemos expuesto es el decir y el hacer del CIUS y en él hay espacio para todos los que crean que otro mundo es posible. Poco o nada se conoce de cientos de luchas que se dan día a día, poca información de luchas tan importantes como la del agua, pueblos que reclaman contra la contaminación, que dicen no más termoeléctricas, basta de discriminación.

Todas las luchas del pueblo son valiosas, por ello hoy es fundamental, la difusión y la participación activa en todas y cada una de ellas. Hay que retomar los altos niveles que tuvimos hace no tanto tiempo en la solidaridad con cada causa y con cada lucha.

Solidaridad activa, de presencia, de medios, de palabras, más y más solidaridad pues eso alimenta las ganas de pelear, muestra a los que dan la pelea que el cerco es posible de romper. Cada acción que resuelvan los abusados/as debe ser apoyada, de cualquier forma, pero apoyada. Lo que no debe pasar es que el modelo imponga el silencio.

Las nuevas leyes laborales

Este sistema en el que vivimos es una mierda y, sin embargo, se las ha ingeniado para tenernos divididos y evitar que el repudio se generalice. Los que lucharon contra la dictadura dijeron que las cosas cambiarían. Fue una mentira que podemos constatar en cada paso que dieron desde que llegaron al poder.

No solo se ha mantenido la impunidad, el Estado no recuperó su rol y cada día es menor, dependiendo todo de la gestión del empresariado. La privatización y las concesiones terminaron con décadas de gestión del Estado respecto de sus conciudadanos. Se entregó a privados el agua, la electricidad y las telecomunicaciones.

Capitales privados son quienes administran y especulan con las platas de las AFP e ISAPRES. Se volvió a entregar a la voracidad capitalista el usufructo del cobre y otros minerales. Las carreteras son concesionadas a trasnacionales. No existe espacio donde no se imponga el capital. Así lo hicieron también con las leyes laborales.

No debemos olvidar ni por un minuto, que fueron más de 180 leyes las que fueron derogadas y reemplazadas por el Plan Laboral. Las reformas de 1990 y 2001, y otros arreglitos al Código, no fueron en la dirección de dignificar a los trabajadores, al contrario.

Solo baste hacer notar algunas de las normas vigentes: (i) No pueden negociar las federaciones o confederaciones; (ii) La indemnización tiene tope de 330 días, no hay reincorporación por despido injustificado; (iii) Existen los contratos de tiempo parcial y la remuneración es proporcional al ingreso mínimo; (iv) Los trabajadores pueden cumplir dos o más funciones, sean estas alternativas o complementarias; (v) el Código del Trabajo permite jornadas de 60 horas en 5 días de trabajo a la semana, o sea 12 horas diarias; (vi) Cuando hay renuncia voluntaria o mutuo acuerdo de las partes no hay obligación patronal de tener la previsión al día; (vii) Los empleadores pueden declarar y no pagar la previsión y también el seguro de cesantía.

¿Esto es muestra de la preocupación de los gobiernos de la Concertación y de las Nuevas Mayorías para con los trabajadores? Por supuesto que no. Y por más que prometan, nada harán por modificar su conducta. Prueba de esto que afirmamos, son las ultimas leyes laborales vigentes desde el 1° de abril de 2017, las que dañarán fuertemente los procesos de negociación colectiva y de organización sindical.

Teníamos leyes para negociación que eran un regalo para la patronal, pero al menos todos los procesos operaban con los mismos instrumentos y mecanismos. Desde ahora eso es historia. Desde ahora los trabajadores de micro y pequeñas empresas quedan casi impedidos de organizarse y negociar colectivamente. No solo tendrán grandes dificultades con los quórum, sino que también carecerán de antecedentes contables básicos para preparar un proyecto colectivo y defender sus demandas.

Las empresas micro, pequeñas y medianas representan el 98,7% del total de las empresas en el país y aglutinan a 4.279.601 trabajadores. Es casi imposible que los trabajadores de las micro y pequeñas empresas (cuyo personal suma 2.820.558 y equivale al 32,57% del total de trabajadores) puedan organizarse en sindicatos y negociar colectivamente (se dificulta en grado sumo la posibilidad de que lo hagan en un sindicato interempresas). O sea, más del 30% de los trabajadores no serán beneficiados bajo casi ningún aspecto por la nueva ley laboral.

Esta es nuestra visión, pero claramente no tenemos aún la fuerza para imponerla, aunque si tenemos las convicciones, que se refuerzan día a día, por lo que debemos seguir trabajando para llegar a más trabajadores/as.

¿Qué hacer?

Lo importante y vital, es que los abusados en sus derechos conozcan este engendro de Reforma Laboral, que fue el resultado de la alianza entre el Gobierno, sindicalistas oficialistas y empresarios.

Son ustedes, las y los receptores de este Manifiesto, los encargados de difundir esta verdad. Verdad que niegan los medios de comunicación y que falsean los sindicalistas oficialistas. Verdad que debe motivar la rabia y la organización de millones.

La gran tarea de esta etapa en que estamos, es difundir nuestra propuesta. Con mucha pedagogía debemos ir a los trabajadores no organizados, así como fortalecer los elementos de unidad con las organizaciones sindicales existentes. En esta pelea no hay más enemigo que el capital.

No aspiramos a otra cosa que la unidad. Pero no la vemos como un concepto vacío de contenido, sino como un elemento vital para adquirir la fuerza que nos permita exigir, en las calles, en cada lugar de trabajo, en todos los espacios donde el modelo impide el paso. Esto lo lograremos organizados, conscientes de que el desafío es grande pero alcanzable. Ese es el objetivo del CIUS.

NUESTRAS DEMANDAS

Hemos dicho que queremos una sociedad distinta, donde los trabajadores ocupen el espacio que les ha sido negado. No nos pueden seguir ignorando. Y es que somos miles, millones, hartos de ser tratados miserablemente. Somos los que hacemos que este país se mueva. Sin nuestro trabajo no se levantan los edificios corporativos ni las casas de los patrones, ni las grandes autopistas ni las grandes instalaciones fabriles.

Sin nuestro trabajo no funcionan ni sus instituciones financieras ni sus instituciones estatales. Tienen el dinero y tienen el poder, pero sin nosotros sus empresas son cáscaras vacías que nada producen.

Lavamos sus autos, mantenemos sus jardines, incluso les alimentamos y cuidamos sus hijos.

Se enriquecen con las exportaciones, pero sin el concurso de nuestras manos ni uvas ni manzanas, ni minerales, maderas o peces llegan a sus cajas, ni esas cajas a los puertos. Menos, suben solas a los barcos que las llevarán a sus destinos. Somos nosotros, nosotras: son nuestras manos, nuestro esfuerzo. Es hora de comenzar a hacernos valer.

Aspiramos a que ningún trabajador ni trabajadora chilena tenga que seguir mendigando de su patrón, locomoción mensual y alimentación. Queremos que los patrones paguen el aporte del seguro de cesantía que hoy nos sacan a nosotros y que no nos descuenten su aporte de la indemnización por años de servicio.

Demandamos una jornada de trabajo de 8 horas diarias por 5 días de trabajo, y descanso dominical sin restricciones. Derecho a sala cuna sin mínimo de trabajadoras por empresa y post natal real y efectivo de 6 meses. Hacer una obligación la gratificación garantiza al menos de 4,75 ingresos mínimos mensuales pagada en doceavos.

Demandamos uniformes y calzado de trabajo, elementos de seguridad y protección para que no se sigan muriendo los trabajadores, en ningún lugar donde prestan sus servicios.

Estas y otras demandas del diario vivir deben estar en los contratos colectivos y en un pliego básico de demandas.

Que se entienda bien. Queremos un mundo distinto al que estamos viviendo, un mundo que reconozca a quienes lo habitan el derecho a cambiar lo que lo está dañando y que lo lleva a la destrucción.

Conversaremos, analizaremos y resolveremos escuchando a todos. Ya son muchos los que demandan cambios y no nos haremos a un lado en esta demanda nacional.

Cuando estemos de acuerdo en las demandas, seguramente: no renunciaremos a exigir una nueva constitución; Ni a exigir el termino de las AFP; ni a la renacionalización del cobre y otros minerales; no claudicaremos en la lucha por salud y educación digna y gratuita para todos nuestros compatriotas; seguiremos demandando indemnización por años de servicio sin tope, el término del subcontrato, igual remuneración por igual trabajo; no más contratación a honorarios, no más discriminación laboral ni salarial con la mujer; sostendremos que la huelga es un derecho irrenunciable, que no puede estar supeditada a lo que piensen patrones o gobiernos.

Lucharemos por pensiones mínimas dignas, así como un sueldo mínimo que permita vivir dignamente al trabajador y su familia. La vivienda tiene que ser un derecho, con viviendas aptas para la vida familiar, áreas verdes amplias no restrictivas, salas cunas y jardines infantiles donde puedan estar todos nuestros hijos.

Queremos en definitiva un nuevo país, siempre lo hemos querido, pero para construirlo necesitamos pasar de la sentida aspiración a la construcción de los instrumentos para lograrlo.

Este es el gran desafío y la principal herramienta será la movilización permanente en procura del Pliego de los Trabajadores, que hemos construido al calor del trabajo unitario, considerando los derechos de los trabajadores públicos y privados.

Debemos trabajar con fuerzas para comenzar a crecer en cada lugar de trabajo y fortalecer los sindicatos ya constituidos. Pasar de 10 a 100, a 1000, a cientos de miles marchando organizados y disciplinados, detrás de las banderas de la clase trabajadora.

Una clase que no marchará sola. Una clase que se reunirá con los descontentos en todas las regiones, pueblos y ciudades. Seremos una fuerza enorme, disciplinada y organizada, pondremos en todas las manos nuestras demandas y todas las voces las gritarán.

Partiremos ocupando una cuadra de una ciudad y nos extenderemos a todas ellas, serán avenidas y alamedas las que se llenen de gente, porque la demanda de una sociedad distinta, donde los explotados tengan el valer que se merecen, se piensa y se construye unidos y organizados.

Estamos ciertos que con honestidad y transparencia avanzaremos hacia la unidad de todos los descontentos, somos la mayoría que decide organizarse para hacer oír su voz y luchar por lo que de justicia le corresponde.

Este Primero de Mayo Marchamos en Santiago, Talcahuano, Pucón y otras ciudades bajo una bandera.

La bandera de la clase trabajadora y este Manifiesto que ponemos a vuestra consideración, es el comienzo del gran trabajo unitario que nos ha de llevar a la constitución de una Central Sindical de la clase trabajadora.

¡¡¡QUE VIVAN LAS Y LOS TRABAJADORES!!!

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