“Libertad y Dignidad”: Bandera de lucha de los presos palestinos

Por Dalal Marzuca

“¿Tanta es la arrogancia del invasor y opresor, y de los que lo respaldan, que hacen oídos sordos ante esta simple verdad? Nuestras cadenas se romperán antes que nosotros, porque la naturaleza humana presta atención al llamado de la libertad sin importar el coste”

Marwan Barghouti

El pasado 17 de abril, prisioneros palestinos iniciaron una huelga de hambre bajo la consigna de “Libertad y Dignidad” exigiendo condiciones carcelerias mínimas, una de las últimas medidas masivas con gran recepción de todo el pueblo palestino, que ha vuelto a levantar la moral y unidad de la resistencia palestina. “La libertad y la dignidad palpitan en el corazón de nuestros pueblos y residen en su conciencia, hemos sufrido a lo largo de setenta años y seguimos esforzándonos por lograr nuestra libertad y preservar nuestra dignidad, y sabemos que la libertad y la dignidad tienen un eco que resuena en todos los rincones del mundo, en la historia de la humanidad y en la historia de la lucha contra todas las formas de opresión y esclavitud; la libertad y la dignidad son valores humanos fundamentales y solo su logro permite obtener la paz; porque la paz no se puede conquistar entre opresor y oprimido, y porque la paz no se puede alcanzar cuando hay injusticia y despotismo, así como no puede haber paz entre el prisionero y su carcelero, solo la libertad es el camino que conduce hacia la paz”[Carta de Marwan Barghouti].

“Israel no es la única democracia del Medio Oriente. De hecho, no es una democracia, afirma recientemente el historiador israelí Ilan Pappé, cuestión que nos hace especial sentido en estos momentos, donde las demandas de los huelguistas han evidenciado el sistema de ocupación y apartheid jurídico, que como dice el líder político, prisionero y vocero de la huelga, Marwan Barghouti: “busca romper el espíritu de los prisioneros y de la nación a la que pertenecen, infligiendo sufrimiento a sus cuerpos, separándolos de sus familias y comunidades, utilizando medidas humillantes para obligarnos al sometimiento. A pesar de semejante tratamiento, no nos rendiremos”.

Hoy son más de 1600 presos los que se han sumado a la huelga y sus demandas son:

1- Instalaciones que permitan una comunicación entre los presos y sus familiares.

2- Mejorar el régimen de visitas (aumento de la duración de 45 minutos a una hora; ningún pariente sea impedido de visitar a un preso; permitir hijos y nietos menores de 16 años en cada visita; restablecer la segunda visita mensual, entre otros).

3- Archivo médico (poner fin a la política de negligencia médica, realizar exámenes médicos periódicamente, permitir el ingreso de médicos especialistas internacionales, liberación de prisioneros enfermos – especialmente aquellos con discapacidad y enfermedades crónicas – y no cobrar los costos de los tratamientos).

4- Otorgar trato humano a prisioneros durante sus traslados desde cárceles a tribunales u otros lugares. Las condiciones a las que están expuestos son diversos tormentos y riesgos como los de asfixia.  Asimismo, retornarlos a las prisiones desde las clínicas y tribunales y no dejarlos en los cruces.                                                                            

5- Fin a la política del confinamiento solitario.

6- Fin a la detención administrativa.

7-  Permitir la educación y presentar los exámenes de enseñanza secundaria en la manera formal y acordada.

Sistema de apartheid jurídico israelí y opresión a la resistencia

     En este sistema de apartheid, Israel ha creado un aparataje judicial de discriminación racial, traducido en un régimen legal dual que por un lado otorga impunidad a los israelíes que cometen crímenes contra los palestinos y por otro criminaliza la presencia y resistencia palestina a la ocupación israelí, independientemente de la gravedad o de la naturaleza de ésta.

  Los palestinos están bajo un sistema judicial militar, a diferencia de los israelíes que gozan de un sistema de carácter civil. Ello deja en evidencia que el fin de las leyes militares israelíes, no es administrar la justicia, sino utilizarla como una herramienta para poder legitimar la opresión a la población palestina. La legislación militar y leyes de emergencia que aplican los tribunales militares, incluyen desde delitos comunes, hasta aquellos relacionados con “delitos políticos”, cuestión que significa que el simple hecho de pertenecer a una organización política de resistencia, los hace objeto de injustas detenciones administrativas, sin derechos a un debido proceso.  En fin, la legislación militar israelí niega los derechos básicos y fundamentales a un juicio justo y no respeta las normas básicas del derecho internacional.

Las cárceles israelíes son una ley en sí mismas. Quienes entran en ellas, pierden todos sus derechos, quedando sometidos a la arbitrariedad de la autoridad de turno. Dentro de las ordenanzas de las prisiones, no existe siquiera una cláusula que defina “los derechos de los presos”. No se establecen obligaciones de las autoridades, ni alguna garantía sobre el nivel de vida que los reclusos van a llevar. Cuestión que se evidencia, por ejemplo, en que está permitido por ley internar a 20 reclusos en una celda confinados en ella por más de 20 horas al día, siendo especialmente preocupante el aislamiento y los interrogatorios con violencia física y psicológica a menores de edad.

     El periodista israelí Yair Kutler realizó un informe conocido como “El informe Kutler”, caracterizando las cárceles israelíes como “el infierno en la tierra”, quien describe la vida paupérrima que viven los reclusos palestinos específicamente en la cárcel de Kfar Yonah siendo ésta: “…un centro de detención que aterroriza a todo el que cruza sus puertas. Los detenidos lo han llamado “Meurat Petanim” o “La Guarida de las Cobras”. Las celdas son extremadamente frías y húmedas. Los colchones escuálidos, retorcidos, mugrientos y superpoblados. La mayor parte de los reclusos no tienen donde echarse si no es en el suelo. El dominante hedor de excrementos humanos, el sudor y la porquería nunca se alejan de las celdas cerradas con siete llaves. En el ala D hay tres habitaciones en las que se amontonan doce, dieciocho y veinte detenidos” [1].

Hoy hay más de 6500 presos políticos palestinos, entre los que encontramos mujeres, hombres y cientos de niños. Incluyen activistas, estudiantes, defensores de derechos humanos, académicos, periodistas y parlamentarios. Dentro de ellos, 500 son personas que han sido encarcelados bajo detención administrativa, lo que permite que sean arrestados sin acusación ni juicio durante 6 meses renovables de manera indefinida. O sea, no conocen los cargos que pesan sobre ellos, ni cuál será la duración de sus condenas. Otros 300 son menores de 18 años, 56 son mujeres y 458 están condenados a cadena perpetua. Es así que el encarcelamiento es una herramienta de represión utilizada por el Estado de Israel para desarticular la resistencia popular ante la ocupación ilegal, el colonialismo y apartheid, una forma de eliminar toda esperanza de los palestinos de una vida digna, donde libertad y justicia se vuelvan a dotar de contenido.

La resistencia como lucha contra la normalización

Las pésimas condiciones carcelarias son una cuestión preocupante tanto en la contingencia nacional como internacional, así, el hacinamiento, infraestructura deficiente, malas condiciones de salubridad y una situación sistemática de abusos y vulneraciones a los derechos de las personas privadas de libertad, son una constante de la realidad penitenciaria. Israel no es una excepción, pero sin duda tal realidad se ve intensificada por sus particularidades; por su sistema de apartheid jurídico y judicial ya mencionado y por ser los prisioneros palestinos doblemente oprimidos al vivir bajo ocupación.

Es por ello que cuando un prisionero se levanta en contra de las condiciones en las que vive, se está levantando contra todo un sistema en el que está inmerso, siendo su lucha la del todo el pueblo palestino, que piden a gritos algo que no debería siquiera exigirse: Dignidad, Justicia y Libertad.

Esta huelga de hambre inició tal como ya mencionamos el 17 de abril, cuestión que no es azarosa, no sólo porque coincide con el día de solidaridad internacional de las presas y presos palestino/as que se conmemora desde 1974, sino también porque se enmarca en un año que es crucial para el movimiento de resistencia palestina, ya que, se cumplen 100 años de la Declaración Balfour, 70 del plan de partición de la ONU, más de 50 años de ocupación ilegal, 30 de la primera intifada y 10 de la división palestina y el bloqueo de Gaza. Por lo que esta huelga no solo viene a reivindicar una lucha en contra de la represión y paupérrimas condiciones carcelarias en las que viven los reclusos, sino que se enmarca en una lucha histórica en contra la ocupación ilegal, apartheid y colonialismo que practica el Estado de Israel en Palestina.

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Sociedad civil palestina: apoyo popular

Ante esta situación, la sociedad civil palestina e internacional no ha sido indiferente, expresando su apoyo de diversas maneras. En Palestina, son cada vez más los presos que se suman a la huelga de hambre, sumando a ello las innumerables iniciativas de la población en apoyo a las medidas adoptadas como también de denuncia contra el régimen ocupante. Entre ellas encontramos marchas masivas en diferentes ciudades y huelgas generales, que a pesar de haber sido brutalmente reprimidas, no ha impedido que la gente salga a protestar a las calles. Otra de las iniciativas que ha generado un impacto internacional es el desafío que convoco uno de los hijos de Marwan Barghouti por redes sociales el que consiste en tomar agua y sal, lo único que consumen los huelguistas que les permite sobrevivir.

El apoyo desde los partidos políticos palestinos ha sido transversal, incluidos de corte marxista, comunista, nacionalista e islamista. Además, se hizo público un compromiso de unidad entre los dos sectores palestinos divididos por la existencia de Israel, Gaza y Cisjordania, apoyado masivamente con manifestaciones populares en ambos territorios ocupados.

Desde el interior de las cárceles, se ha interpelado a todos los pueblos para que manifiesten su apoyo y generen medidas de presión a Israel. Una muestra clara de ello fue la carta que escribió Barghouti a sus colegas parlamentarios: “La ley israelí permite el colonialismo, el castigo colectivo, la discriminación racial y el apartheid, ¿Es normal que quienes apoyaron estas leyes no sean cuestionados? Unos parlamentarios israelíes incitaron para detenernos, apoyaron y alentaron esa decisión. Mírenlos, que se sientan entre ustedes en los foros parlamentarios internacionales, mientras nos impiden y nos prohíben hacerlo”. Un llamado claro a que alcen la voz y denuncien las políticas y prácticas del Estado de Israel, por el cumplimiento del derecho internacional, la libertad y la dignidad del pueblo palestino. Esto tuvo amplia acogida en diversos países, donde parlamentarios mostraron su apoyo a la huelga de hambre, inclusive acá en Chile un grupo de diputados hizo un llamado a la comunidad internacional y al Gobierno de Chile a denunciar la violación de derechos humanos por parte de Israel, especialmente en lo relacionado con la detención administrativa y el riesgo que están viviendo los palestinos en sus cárceles.

Dentro del apoyo internacional la Confederación Sindical Internacional no se quedó atrás, declarando explícitamente su apoyo a los presos palestinos el 1° de mayo. En la misma fecha los sindicatos palestinos hicieron un llamado a sumarse al movimiento BDS – boicot, desinversión y sanciones al Estado de Israel- para boicotear las empresas israelíes cómplices de la ocupación.

En Chile…

En Chile además del grupo de diputados ya mencionado, han sido diversas organizaciones pro palestinas las que se han sumado a la campaña en apoyo a la huelga de hambre. Entre las misivas se encuentra una campaña de difusión por redes sociales que hicieron llegar desde Palestina y dos convocatorias a las que están todas y todos invitados a participar. Una se realizará este lunes 8 de mayo a las afueras de la cárcel de San Miguel, donde nos reuniremos a las 18:45 horas para manifestarnos en contra del paupérrimo sistema carcelario y en apoyo a los huelguistas palestinos, en el contexto del 77 mesiversario del incendio de la cárcel de San Miguel, que costó la muerte de 81 presos. La otra es un llamado para el viernes 12 de mayo a manifestarse en las principales plazas de las regiones a lo largo de Chile a las 19:00 horas.

Por último, hacemos un llamado a no normalizar y a denunciar nuestras relaciones con el Estado de Israel, pues sus políticas dejan en evidencia que no es sólo un estado que “viola los derechos humanos”, sino que lo realiza sistemáticamente, estando estructurado legal y judicialmente para generar segregación y opresión al pueblo que coloniza.

[1] Consejo de Derechos humanos, XXI Modelo ONU Asobilca, guía de comisión. Violación de los Derechos Humanos en cárceles israelíes, p.12. (2014).

 

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