Izquierdas en Chile, Proyectos Políticos y Perspectiva Anticapitalista

Por Fabián Agüero Meza, militante ContraCorriente Osorno

Introducción

Las organizaciones de izquierda en Chile viven momentos de cambios rápidos y fundamentales, y es que la puesta en escena de una serie de fenómenos sociales, políticos y culturales en el país han dado como resultado un complejo posicionamiento y toma de partido de una gama de organizaciones desde hace algunos años.

La proliferación de diversos conflictos sociales de distinta dimensión – el denominado estallido social del 2011 – la crisis transversal que atraviesa la sociedad política (y con ello el concepto de política) han dejado en evidencia las claras limitantes con que desde estas mismas organizaciones nos hemos encontrado en nuestro camino de constitución orgánica, política y estratégica.

Una de las limitantes más “evidentes” es la incapacidad que hemos tenido desde esta “nueva” izquierda chilena para retomar el “viejo debate” acerca de la cuestión del nexo entre el proyecto político, los sujetos sociales de cambio y la estrategia. Ya sea en forma de negación hacia la herencia de los viejos esquemas de la “izquierda marxista” del siglo XX (que tenía “claros” los proyectos, los sujetos y la estrategia para transformar la sociedad) o bien por una falta de desarrollo político-social y análisis teórico-militante con que varias organizaciones cargamos muchas veces “inconscientemente”. En esa vereda problemática es que señalaremos aquí algunas luces que pudieran dar fruto a posibles debates dentro de la izquierda que se asume como anticapitalista. Metodológicamente este insumo está estructurado a partir de una descripción del presente de las izquierdas en sentido general, su relación política con la disputa frente al neoliberalismo y la necesidad de impulsar el desarrollo político coherente de una izquierda anticapitalista.

  1. Izquierdas y Proyecto Político.

Uno de las cuestiones más insólitas de la izquierda chilena actual es que la cuestión proyectual (nos referimos a la asunción del proyecto socialista) pocas veces se asume como un horizonte emancipatorio real y posible.

Por un lado, abundan las miradas pragmáticas que sitúan su despliegue político en función de las mal llamadas “ condiciones concretas”, las que a partir de un diagnóstico estático y/o fragmentado de la realidad social construyen esquemas de acción política desde un plano que busca constituir modelos de transformación asociados exclusivamente a supuestas reformulaciones de la macro dimensión económica nacional y, en segundo plano, a la sustitución de la estructura político-jurídica del Estado Neoliberal (el problema en si no es la asunción de ciertas consignas o demandas sino el hecho de que se dice querer cambiar “algo” pero no se dice “cómo” y “con quienes”). Esta mirada de un sector de la izquierda desconoce o invisibiliza por un lado la relevancia de los sujetos sociales en los procesos de transformación social, o bien, subyuga la capacidad transformadora de estos a meras situaciones enclaustradas dentro de planos formulados por el mismo entendimiento de la política neoliberal, con lo que es recurrente que caigan en la pequeña política (Coutinho).

En términos del proyecto político estas alternativas parecen tener poca intencionalidad de construir un entramado orgánico y estratégico que ponga sus cartas en función de un proyecto anticapitalista, no es sorpresivo que al no poseer una capacidad política (y teórica) en torno a definir el mismo proyecto en búsqueda gran parte de esta izquierda pragmática haya recurrido a importar modelos proyectuales y estratégicos de otras experiencias, resaltando en primer momento el intento de “bolivarianismo chileno” (que fue abandonado en la medida que el ciclo de gobiernos progresistas iba mostrando su evidente desgaste y crisis en Latinoamérica) para luego dar paso a las llamadas “hipótesis populistas-ciudadanistas”, las que son reflejo de la influencia que ha tenido un sector de Podemos (España) en algunas formaciones políticas de la “nueva” izquierda en Chile.

Por otro lado, existe una suerte de izquierda desconfiada que, si bien pudo crecer cuantitativamente en varias regiones del país en los últimos años, no ha sido capaz de dotar de coherencia sus debates estratégicos, ni mucho menos construir un puente lógico entre la acción política y el proyecto que se dice buscar construir a gran escala (proyecto socialista (¿?)). Esta izquierda que en gran medida es heredera del “leninismo radical” chileno y latinoamericano sufre hoy en día momentos críticos que se han mostrado en forma de múltiples fracturas orgánicas, dificultad de inserción en nuevas dimensiones del mundo social y por sobre todo una seria crisis para adecuar sus estructuras partidarias a la compleja realidad social del Chile del neoliberalismo maduro. Esta misma izquierda dice tener la certeza de que el antineoliberalismo reformista de la izquierda pragmática debe ser superado con un anticapitalismo revolucionario, pero a la vez no ofrece respuestas políticas que conecten los problemas materiales producidos por el neoliberalismo chileno con un ideario socialista que sea capaz de superar una sociedad capitalista en su fase neoliberal, en ese entramado es que la propuesta socialista termina volviéndose abstracta y difusa. Gran parte de esta izquierda confunde además la idea general de reforma con el reformismo político; ¿acaso se puede construir una revolución socialista sin reformas o es posible establecer un proceso de reformas en perspectiva socialista sin una direccionalidad revolucionaria?

  1. La necesidad de que la izquierda se haga cargo políticamente del neoliberalismo.

Múltiples son las miradas que se tienen desde la izquierda con intenciones anticapitalistas acerca del neoliberalismo. Existen las miradas reduccionistas que sitúan la cuestión neoliberal sólo desde el ámbito economicista o que para salvaguardar la idea del purismo anticapitalista asumen la cuestión del neoliberalismo chileno como un resultado económico-mundial del que nuestro país se encuentra siendo parte en una escala “perfectamente” integrada de relaciones económicas globales. Sin estar en desacuerdo con la existencia de características fundamentales en la lógica de acumulación capitalista en la fase neoliberal (no abordaremos en esta ocasión una explicación de aquellas características fundamentales), debemos también prever las especificidades históricas que el neoliberalismo muestra en nuestro país, en nuestra región y el papel o rol que cumplen estas dos caracterizaciones dentro del modelo capitalista neoliberal como unidad mundial.

Y es que hay que tener en cuenta que con la llegada del neoliberalismo a gran escala vinieron consigo una serie de transformaciones subterráneas que han permeado profundamente dimensiones como las “formas de entendimiento” de la política y la cultura (y que son producto ideológico de las características generales de la lógica productiva neoliberal pero también producto de las condiciones específicas de su realización en nuestro país).

En el caso chileno podemos ver que largas décadas de neoliberalismo han repercutido no solo en las estructuras productivas, o en el rol y caracterización del Estado, sino también en la conformación misma del sujeto y su entendimiento y capacidad de constituir procesos de apropiación de “lo político” y de “la política”. Si en las décadas previas al golpe de Estado las formas de organización y conflicto político de las clases subalternas estaban organizadas en base a una centralidad social (trabajadores urbanos), organizacional (grandes sindicatos) y direccional (partidos de masas), la profundización del neoliberalismo maduro y las respuestas espontáneas de las clases subalternas durante las últimas décadas han mostrado formas de organización y conflicto que producto del propio orden objetivo se han resaltado por presentarse en manifestaciones sectoriales, dimensionales, redes o coordinadoras donde aún no existe una certera claridad acerca de los sujetos centrales (o que por lo menos no se ha asumido por gran parte de las organizaciones de izquierda), ni tampoco grandes momentos y estructuras socio-políticas donde los intereses corporativos o gremiales de estas clases sean capaces de totalizarse en una concepción de mundo clasista y antagónica a las formas de dominación neoliberales y capitalistas.

¿Pero cómo han respondido las izquierdas ante esta situación producida por el neoliberalismo? La “izquierda pragmática” intenta dar respuesta al modelo neoliberal a través de la recuperación popular-ciudadana de la vieja política centralizada únicamente en las estructuras del Estado, esta vez en su forma neoliberal (Estado en el sentido amplio de la categoría). Para aquello ha sido audaz y ha abierto una serie de experiencias y estructuras políticas que buscan ser capaces de consolidar comunicacionalmente una especie de “tercera fuerza política” (asumiendo fuerza política como un conglomerado político más que como una proyección y auto-representación de clase). Para dicho objetivo esta izquierda está dispuesta a sacrificar las potenciales dinámicas de antagonismo y autonomía relativa presentes en diversos movimientos sociales y socio-políticos con tal de conseguir avances que se concreten en una mayor correlación de fuerzas dentro de la sociedad política formal. Esta izquierda, además, ha abierto nuevamente en Chile el debate sobre la cuestión de los caudillismos y su relación con la política de izquierdas, relación que en base a la centralidad que pareciera se le otorga al “plano mediático-comunicacional” ha producido incluso procesos de personificación de apuestas orgánicas o estratégicas, resaltando aún más estas dinámicas en la “coyuntura electoral”.

En una faceta distinta gran parte de la izquierda anticapitalista intenta subvertir los procesos de des-constitución política de las clases subalternas a través de la inserción sectorial o dimensional en conflictos y movimientos específicos (las que le han traído resultados relativamente positivos en algunas experiencias), pero por sobre todo intenta construir referentes y estructuras organizacionales rígidas y muchas veces ultra-vanguardistas, las que en gran medida no son capaces de constituir procesos de inserción popular justamente porque la búsqueda de dicha inserción proviene de una externalidad abstracta y cerrada de la que el sujeto popular no es conjunto históricamente.

  1. Re-impulsar los ejes motores de las fuerzas anticapitalistas en Chile.

Si lo que se quiere es transformar-superar el neoliberalismo y el capitalismo en Chile, una de las primeras tareas con que esta nueva izquierda carga es con la necesidad de comprender la realidad capitalista neoliberal, para aquello es necesario un proceso continuo y fraterno de debate inter-organizacional.

Desde el plano político el periodo actual presenta un evidente escenario general de reformas -escenario abierto por la seguidilla de movimientos sociales sectoriales-, que se ha profundizado con la aparición masiva del movimiento NO+AFP. Bajo esa perspectiva debemos entender que el periodo político en Chile vive un tensionamiento constante (que tiene su elemento nodal en el conflicto) entre las iniciativas restauradoras de las clases dominantes y la radicalización popular reformadora con que las clases subalternas (auto organizadas en los movimientos sociales) intentan direccionar la realidad social.

Es necesario entonces que las fuerzas de la izquierda anticapitalista sean capaces de orientar su quehacer político bajo ejes que puedan dar respuesta a los requerimientos del periodo. Estos esfuerzos deben contemplar en, primera instancia, el mantener, consolidar y robustecer la articulación independiente (con respecto al Estado) de las franjas y movimientos sociales organizados sectorialmente (y en algunos casos de forma multisectorial). Entendiendo independencia no como paralelismo sino como capacidad de autonomía deliberativa, organizativa y donde el conflicto no esté mediado por tiempos políticos externos al mismo metabolismo orgánico del propio movimiento social.

Pero a pesar de la predominancia que debe tener la independencia de los movimientos sociales, el mismo periodo general de reformas también exige que la propia radicalización popular de este escenario general de conflicto vaya proporcionando espacios de avanzada constitutiva. Esto significa que a partir de la potenciación de la capacidad autónoma de los movimientos sociales se debe procurar -en el mediano plazo- el ir avanzando en concretar resultados prácticos y programáticos que han dado vida u origen a gran parte de estos mismos movimientos y espacios. Para aquello es necesario potenciar la capacidad negociadora y de resolución institucional (no debe entenderse resolución institucional como algo equivalente a trasladar todo lo construido en la calle hacia el Estado, sino al hecho de dotar control, estabilidad y consolidación mínima a lo ya construido) de gran parte de las demandas sectoriales o intersectoriales de los movimientos sociales. Significa por tanto que la izquierda anticapitalista debe abocarse a establecer procesos de profundización programática sectorial dentro de los mismos movimientos (desde una perspectiva radical) y debe ser capaz de construir infraestructuras mínimas que resguarden los momentos de posconflicto.

Otro elemento sumamente urgente para la izquierda anticapitalista es dar forma a la existencia de fuerzas y complejos organizativos (Rifo) que den cuenta y posibiliten espacios de síntesis política multisectorial pública y permanente, con el objetivo de ir gestando experiencias de autoorganización política que se hagan cargo del rearme teórico y político de las clases subalternas, las que puedan ir barriendo con cualquier lastre asociado al ultra-vanguardismo y al izquierdismo universitario y académico con que gran parte de la izquierda radical sigue cargando. Para aquella tarea la relación entre referenciación política local y nacional debe ser examinada cuidadosamente con el objetivo de no caer en una suerte de “partidismo estático” que quiera superponerse a “los tiempos de la clase y el pueblo”.

Por último, creemos que en medio de la coyuntura de crisis que enfrenta el sindicalismo neoliberal propio de la transición es momento de que gran parte de la izquierda con vocación anticapitalista y antineoliberal den un salto cualitativo y cuantitativo hacia sus políticas de inserción y politización en el mundo del trabajo, asumiendo críticamente la centralidad social de esta arista, reunificando criterios, debatiendo estrategias, y por sobre todo: pensando y construyendo una nueva organización y referente para las y los trabajadores que establezca un puente amplio entre las nuevas organizaciones de izquierda radical y las organizaciones de nuevo tipo en el plano sindical ya constituidas.

Es bajo los cuatro ejes anteriormente señalados que creemos que la izquierda anticapitalista debiera poner sus fuerzas, unidades y vocaciones al momento de construir política, teniendo como premisa básica que el elemento decisivo a la hora de establecer dicotomías, diferenciaciones o jerarquizaciones en las tareas políticas del presente siempre estará determinado por las definiciones que la misma lucha del pueblo organizando vaya requiriendo.

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