LA CONVERGENCIA 2 DE ABRIL Y LAS ELECCIONES DE NOVIEMBRE

¿En qué condiciones políticas tienen lugar las Elecciones de Noviembre?

Para las y los revolucionarios, que intentamos no sólo reconstruir la historia pasada, sino por sobre todo construir la historia presente y la futura, no siempre es fácil establecer con exactitud las distinciones y los vínculos entre aquello que se presenta como tendencias generales del desarrollo de la lucha de clases y aquello que se presenta como ocasional o coyuntural. Decimos esto pues, aun cuando resulte imperceptible para much@s, a nuestro juicio lo que se ha venido incubando en nuestra sociedad es una crisis de proporciones históricas, difícil de rastrear en doscientos años de historia republicana. Una crisis que se ha venido gestando hace por lo menos dos décadas, y que dice relación con que el neoliberalismo como forma de estructurar las relaciones sociales, ha revelado un conjunto de contradicciones que es incapaz de procesar a más de 40 años de su instalación, y que tiene como telón de fondo la crisis del capitalismo a nivel mundial. Lo que queremos poner de relieve es que esta crisis atraviesa todas las esferas de la vida social, y se expresa de forma más evidente en la crisis del sistema de partidos políticos y la pérdida de legitimidad de las instituciones en general. La señalada crisis se extiende también a las organizaciones tradicionales de representación del movimiento popular y de la sociedad civil, que fueron mayoritariamente concebidas para un momento histórico distinto al que nos toca vivir. Su profundidad es tal, que ha acarreado también a la Iglesia y las Fuerzas Armadas y de Orden, que han sido despojadas de su histórico rol como reservas morales de la sociedad burguesa. Todo lo anterior, de la mano de la descomposición y degradación de las relaciones sociales en general, a propósito de la construcción de un tipo de subjetividad y forma de ser particular en sociedad (el sujeto neoliberal), va dando cuenta de un agotamiento y de la decadencia del régimen político.

Ahora bien, si vale la expresión, en la dimensión específicamente política de la crisis, hace varios años – junto a otras organizaciones – dimos cuenta de la apertura de un nuevo período político marcado por la descomposición de los sectores dominantes y el bloque en el poder por un lado, y la recomposición de los sectores populares por otro. Lo que observamos en los últimos años son intentos de las clases dominantes por procesar el malestar social a través de la institucionalidad democrático-burguesa e imponer una lógica restauradora, como contención de las fisuras abiertas al modelo y reveladas por las fuerzas sociales que pujan desde la apertura de ciclos de mayor conflictividad allá por el inicio de la década pasada, y cuyo punto de inflexión fueron las movilizaciones desatadas el año 2011. Si bien los procesos de emergencia de mayor conflictividad no han sido lineales, sí hay una tendencia sostenida al alza en esta dirección que le ha impreso un carácter distintivo al período. El bacheletismo representó un momento distintivo de esta intentona restauradora de un sector de las clases dominantes, pero fracasó en su afán de restituir el consenso social neoliberal, cuestión que hoy se expresa en un evidente quiebre del bloque en el poder, un vaciamiento de poder en el Estado y una ausencia de direccionalidad desde el gobierno central hace por lo menos un año.

¿Qué se juega en las Elecciones de Noviembre?

Tradicionalmente, las elecciones constituyen un mecanismo de auto conservación de las clases dominantes y de reproducción del Poder dentro de los marcos establecidos por la propia institucionalidad burguesa. Ahora bien, esto debemos interpretarlo a la luz del actual momento histórico, y las tendencias de desarrollo de la lucha de clases indican que los márgenes de la institucionalidad se han ido estrechando tanto para los sectores dominantes como para los sectores populares, los cuales cada vez más perfilan caminos “por fuera” de esta institucionalidad.

En este orden de cosas, en los hechos, existen distintos intentos de recomposición del bloque en el poder que pasan por fuera de la institucionalidad, pero que de momento no han tenido éxito. Es más, lo que se observa es que cualquier intento de recomposición de este bloque en el poder se dará en condiciones muy precarias y carecerá de bases sólidas que le permitan estabilidad en el tiempo, fundamentalmente porque no ha emergido desde ninguna fracción de clase un proyecto de desarrollo alternativo que dé respuesta a la profundidad de la crisis, y adicionalmente por la incertidumbre que pone el escenario internacional y la acentuación de las tensiones entre “globalistas” y “nacional-desarrollistas”. Nada indica, por tanto, que esta “necesaria” recomposición se juegue en el marco de las presentes elecciones.

Más bien, desde el punto de vista de los sectores dominantes, en estas elecciones lo que empieza a perfilarse son movimientos de los distintos segmentos de clase y la conformación de alianzas que pudieran sentar las bases de una nueva correlación de fuerzas en el futuro, a la vez que empieza a dibujarse el rol que las distintas fuerzas políticas desempeñarán – o pretenderán desempeñar – en el intento de cierre de la crisis. Ese proceso está lleno de contradicciones, y su derrotero está aún por verse.

Desde el punto de vista de las clases subalternas, el fracaso del bacheletismo y la cada vez más notoria estrechez de los marcos institucionales, expresada a su vez en el momento electoral, no da origen causal a una mayor conflictividad y/o radicalidad, pero sí posibilita un escenario en donde determinadas franjas de estas clases pueden constituir mayores capacidades para influir en la direccionalidad de la realidad social. Para esto, resulta impostergable el desarrollo de una propuesta proyectual, orgánica y programática anclada en las “nuevas” formas de movilización y organización surgidas en los últimos años por fuera de los restrictivos marcos legales, y que relevan las dimensiones de autonomía y auto-representación.

Este fenómeno se expresará solo parcialmente en las elecciones, las que no tienen posibilidad de expresar en todo su potencial el sostenido ascenso de la movilización social, por más cantos de sirena que haya al respecto. Nada indica que la tendencia a la abstención observada sistemáticamente en las últimas elecciones se vaya a revertir. Lo anterior, por sí solo, no representa un avance en el proceso de acumulación de fuerza social, pero sí constituye una potencialidad en la medida que se vaya fraguando una alternativa a esta democracia burguesa de representación decadente.

¿Qué expresa el Frente Amplio en estas elecciones?

Uno de los elementos de novedad en este proceso eleccionario es la entrada en escena del Frente Amplio. Sostenemos que el Frente Amplio es una manifestación orgánica de un conjunto heterogéneo de intereses de clase y aspiraciones políticas, que se sintetizan en: i) una clara conducción de las clases medias acomodadas y una marcada hegemonía pequeño-burguesa, con una consecuente visión corporativa de la realidad, que logra imponer esa dirección a los sectores de raigambre más popular, que se encuentran sub-representados en su interna; ii) una primacía de concepciones republicanas de la política, que suponen una defensa del decadente régimen democrático-burgués y no su ruptura, y que han construido una estrategia cuyo centro es el momento electoral (la catarsis para una política tradicional de izquierda), imponiendo esta dirección a los segmentos que se encuentran más a la izquierda o que impulsan políticas de construcción distintas, con perspectivas anticapitalistas.

Si nos introducimos un poco en la heterogeneidad referida, diremos que el segmento mayoritario al interior del Frente Amplio lo constituyen las tendencias socialdemócratas, neo-reformistas y populistas de izquierda, representadas por la “vanguardia” universitaria, algunos dirigentes oportunistas y sectores intelectuales-progresistas de las universidades de elite. Aun cuando ellos ni lo piensen, son el comienzo de otra camada de jóvenes bien intencionados, vaciados de toda subversión, de todo enfrentamiento directo ante el poder, y que ya se perfila como proyecto de renovación “por izquierda” de un sistema de partidos decadente. No son nuestros enemigos, pero claramente marchamos por caminos separados, y no nos distancian sólo cuestiones ideológicas, sino que también y fundamentalmente prácticas, pues nos hemos conocido en este terreno. La renuncia a un programa anticapitalista y a la confrontación con los intereses del gran Capital, la pretensión de resolver las contradicciones sociales dentro de los marcos del Estado y la consecuente sub-valoración de los organismos de auto-representación popular que se han venido creando al calor de la lucha, el freno al impulso movilizador y a la acción directa desde abajo, una forma de relación instrumental con el movimiento de masas y escasa participación en las organizaciones populares vivas, son sólo algunas de las cuestiones que nos separan y sobre las cuales legítimamente seguiremos discrepando y disputando, fundamentalmente en las organizaciones sociales en las que nos encontremos.

Por otra parte, están los sectores más conservadores, que en el marco de la descomposición del sistema de partidos políticos, han ido en búsqueda de un espacio – que dada su amplitud – les permite vestirse de nuevos ropajes para cubrir a viejos conocidos. Liberales, progresistas, ecologistas, humanistas y ex concertacionistas de todo cuño ocupan este espacio, y probablemente junto a los anteriores, han venido adquiriendo la mayor relevancia y ocupando espacios de poder al interior del FA, y serán en buena medida, sus representantes en las elecciones de noviembre.

Por último, abajo y a la izquierda del FA, encontramos a un grupo de valiosos dirigentes sociales y trabajadores honestos que creen y luchan por transformaciones profundas en perspectiva anticapitalista, pero que confían en que el camino electoral constituye una forma de amplificar la voz y potenciar el desarrollo de las organizaciones populares de base. Lo importante de estos sectores – que son una minoría al interior del Frente Amplio, por cierto – no se define en cuanto a si votan o no, sino que logremos convocarlos en la tarea que se impone conjuntamente a todos los sectores anticapitalistas de la nueva izquierda, de crear una Nueva Institucionalidad popular y democrática que surja desde abajo para cambiarlo todo, como superación de la democracia burguesa que se cae a pedazos.

Nuestra perspectiva frente a la coyuntura electoral: coordenadas táctico-estratégicas

En Octubre del año 2013, previo a las elecciones presidenciales de aquel año, señalábamos: “Aquí no se pretende simplificar el análisis político estableciendo una dicotomía entre calle y parlamento. Lo que se afirma, es que nuestra tarea es identificar los espacios en donde se realizan las contradicciones objetivas que sustentan el ascenso de la movilización social, a la vez que se identifican los espacios en donde el Bloque en el Poder aspira a contener este proceso. No es una cuestión de principios. Es un intento por construir una estrategia política coherente con una caracterización particular del período político. En efecto – y puesto que hemos venido señalando que la lucha por el poder constituye el nudo central de una estrategia revolucionaria – de lo que hoy se trata, es que desde estos espacios en donde se realizan las contradicciones que sustentan el ascenso de la movilización social, activemos las potencialidades que se encuentran ahí contenidas, en perspectiva de vehiculizar la generación de órganos de poder, y que sean estos órganos de poder los que se constituyan en el instrumento ordenador del proceso de acumulación de fuerza social y política, y a su vez creen las capacidades para su auto-reproducción, no sólo como estructuras, sino también como un conjunto valórico autónomo y antagónico al dominante. Esto es lo que se necesita. No mañana, sino hoy.

Esta orientación estratégica que promovemos, puesta en el escenario de la lucha de clases, formará parte de un proceso desigual y combinado, por lo tanto en su dimensión táctica se traducirá en: i) la defensa de la autonomía de las organizaciones que se han ido creando al calor de la lucha de los últimos años y; ii) el impulso de un proceso de reagrupamiento de franjas del movimiento popular, como superación del actual estado organizativo, dentro del cual hemos puesto de relieve avanzar en la construcción de una Nueva Organización de Trabajadoras y Trabajadores.

¿Y el proyecto de sociedad? ¿Y el Programa? Aún no emerge, no termina de aparecer, aunque desde el seno de las organizaciones populares algo se ha empezado a esbozar. Debemos hacernos cargo de aquello, que está ausente tanto en la izquierda reformista como en la izquierda de intención revolucionaria. Estamos hoy frente a la tarea de reconstruir un campo teórico-práctico desde abajo y a la izquierda, cuyo énfasis sea la apertura hacia nuevos horizontes históricos. Para ello, se requiere conformar una franja de constructores político-sociales desde el seno de las clases subalternas que empujen el surgimiento de una masa crítica, donde los intereses sectoriales y los intereses de las minúsculas – pero dignas – organizaciones políticas, queden supeditados a los intereses generales y estratégicos de los trabajadores y los pueblos. En su dimensión táctica, este proceso tiene una doble dimensión, pues se requiere: i) sintetizar una plataforma de lucha para el período (usamos esta expresión, antes que la de “programa mínimo”, pues creemos refleja mejor nuestros afanes) desde las organizaciones populares, que exprese y movilice a vastos sectores sociales, y que vaya dando cuenta de contenidos contra hegemónicos y objetivos de más largo alcance; ii) que los desafíos de la Izquierda Revolucionaria no sólo estén determinados por lo que suceda en el mundo de la organización popular, sino que además existan iniciativas abiertas, maduras y sinceras, que permitan avanzar en la maduración de un proyecto común, que de momento hemos venido enunciando como el proyecto ecosocialista y feminista del siglo XXI, que se haga cargo de los grandes problemas de la explotación y la dominación, y que asuma las tareas antimperialistas, anticapitalistas y antipatriarcales como un proceso indisoluble. Esto es, en parte, lo que hemos denominado como la necesidad de un rearme de la izquierda.

 Con todo, como queda de manifiesto, el problema de fondo aquí no es lo electoral, sino más bien la necesidad de un horizonte estratégico y de proyecto político. Lo electoral es más bien un síntoma, coyuntural, del problema de fondo. En consecuencia, nuestra organización no realizará ningún tipo de actividad electoral, lo cual, y esto no tiene que ver con una cuestión de principios, sino – como hemos dejado de manifiesto – con una evaluación consciente del actual momento de la lucha de clases y de las correlaciones de fuerza, y con los objetivos táctico-estratégicos que nos hemos propuesto a partir de ello. De esta forma actuaremos frente al escenario electoral, sin vacilaciones y con completa decisión, en la lucha por los intereses inmediatos e históricos de las y los explotados y oprimidos.

Junio, 2017

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