Nueva Mayoría: crisis del eje de partidos y fracaso del reformismo restaurador

Por Fabián Agüero, Militante ContraCorriente Osorno y Manos Construyendo

Quedan pocos meses para que acabe el segundo gobierno de Bachelet, y aparentemente el objetivo general de la apuesta política de gobernabilidad y dirigencia de la Nueva Mayoría ha fracasado.

La profundización y complejización del patrón de acumulación primario-exportador transnacionalizado en nuestro país, dio fruto a una serie de tensionamientos, que desde hace algunos años han acentuado la emergencia de una serie de movimientos sociales y socio-políticos, los que han producido una serie de fisuras a la formación neoliberal chilena.

Una de las dimensiones del modelo neoliberal más trastocadas por estas fisuras, es el andamiaje de lo que Gramsci denominaba sociedad política, es decir las estructuras estables y combinadas que se constituyen como ejes motores de la gobernabilidad, consenso y coerción desde el plano Estatal (en el sentido amplio). En la realidad social chilena, estas instituciones tienen una marcada base dominada por una institucionalidad heredada de la dictadura y consolidada en la transición mediante los gobiernos de la Concertación. Lo “inusual” de la sociedad política chilena es que ha sido capaz de diluir a los partidos políticos (los que Gramsci consideraba como parte de la sociedad civil) dentro de la misma estructura Estatal, transformando la capacidad representativa de éstos desde intereses de clase diversos y antagónicos, hacia unas representaciones dominadas por intereses gremiales y fragmentados determinados por la macro-estructura general del Estado neoliberal. En síntesis: la sociedad política neoliberal absorbió y contrarrestó a los partidos de clase para transformarlos en partidos formales del Estado, sumiendo a estos en el juego de la pequeña política neoliberal.

Pero ¿cómo se vincula esta cuestión con el fracaso de la Nueva Mayoría? Pues en que a partir de los nuevos escenarios de conflictividad de clases en el Chile neoliberal – los que se presentan en forma de movimientos sociales y socio-políticos – las clases dominantes van fraguando respuestas organizacionales, gubernamentales y estéticas para resolver o afrontar la avanzada de las clases subalternas en sus nuevas formas de auto-organización. Así, podemos situar que históricamente la Nueva Mayoría -y el Bacheletismo– fue la respuesta política de un sector de las clases dominantes que veía en la contención social – mediante un intento de reformismo restaurador – el eje motor de control y re-oxigenación del modelo neoliberal fisurado seriamente con el estallido social encabezado por el movimiento estudiantil el 2011.

La NM tenía entonces como uno de sus ejes en el plano político, el disputar el escenario general de reformas ya abierto por la irrupción de los movimientos sociales, transformado potencialidades de radicalidad reformadora del pueblo auto-organizado hacia procesos de restauración reformista. Estos procesos de restauración reformista debían apoyarse en primera instancia en la capacidad de contención que pudiera resultar del tan anunciado proceso constituyente, impulsado por el ejecutivo y el eje de partidos formales integrantes de la Nueva Mayoría. Desde ahí, la NM tenía una doble intención de funcionalidad: i) por un lado, intentaba afrontar la avanzada de los movimientos sociales de forma general y en forma sectorial desde la misma sociedad civil a través de sus estructuras intermedias de representación; ii) en base a procesos de reformas legales de cooptación-renovación intentaba re-oxigenar la fisurada sociedad política.

Ahora bien, en términos específicos el énfasis programático de la apuesta de la NM estaba puesto en una serie de reformas entre las que resaltaban las áreas de la educación y la reforma laboral.

En primera instancia, la reforma a la educación intentaba hacer frente a un politizado movimiento estudiantil posterior al 2011. Para aquello, la cuestión fundamental del pack de reformas educativas era la apuesta por la “gratuidad gradual”. Los intentos de cooptación social desde la NM hacia el movimiento estudiantil universitario por medio de aquella, fueron resistidos (pero no con la coordinación nacional necesaria) desde varias casas de estudio principalmente entre los años 2014 y 2015, los que resultaron en una serie de procesos de movilización que combinaban ejes de conflictividad universitaria particular (de cada sede o universidad) con elementos programáticos propios del movimiento social por la educación. Fue durante estos procesos de conflicto abiertos nuevamente por el movimiento estudiantil universitario, que se produjo el fracaso político y estético del ápice más importante prometido de parte de la NM en materia educativa, es decir la gratuidad no pudo cooptar completamente al movimiento estudiantil. Pero a pesar de que esos escenarios de conflicto, si bien pudieron constituir una base política de negación a la reforma, no impidieron – y no impiden hasta el día de hoy – que dichos procesos de modificación se lleven a cabo mediante puestas en escena parcial por parte del ejecutivo. Lo anterior nos hace concluir que en medio del proceso de reformas al sistema educativo en Chile, la apuesta de la NM perdió su capacidad de dirigencia, pero eso no detuvo los procesos subterráneos que dan forma a una ofensiva del mercado a la educación (Orellana), los que probablemente queden abiertos con un nuevo gobierno el 2018. En cuanto a la capacidad y voluntad de modificación del entramado institucional del sistema educativo mercantil desde el punto de vista de las clases dominantes, podemos terminar reafirmando que: “El Estado, puede crear los diversos mecanismos institucionales para dotar de financiamiento a las entidades privadas de educación sin necesariamente poner en duda un sistema de mercado educativo” (Rifo, 2015).

Referente a la otra arista fundamental de este gobierno, la reforma laboral, señalaremos que el aspecto políticamente más relevante desde el punto de vista de los intereses de clase de las y los trabajadores, es decir la cuestión del derecho de huelga, queda totalmente sujeto a las trampas de la recientemente promulgada iniciativa. Estas trampas se pueden sintetizar en la cuestión de los servicios mínimos, las adecuaciones necesarias, el reemplazo a los subcontratistas y el denominado descuelgue. Eso sí, debemos prever que si bien la reforma fue aprobada, esto no quiere decir que la conflictividad social de las y los trabajadores en Chile vaya a decaer necesariamente. La aparente crisis del sindicalismo burocrático y atomizado, junto con la precarización de la vida en el trabajo, van planteando la necesidad imperiosa de repensar y robustecer formas organizativas independientes, que se correspondan con las tareas históricas de las y los trabajadores en perspectiva clasista.

Hemos expuesto brevemente el desarrollo político del proyecto de la Nueva Mayoría en relación con sus objetivos políticos generales y de algunos específicos (salvaguardando que también coexisten otros objetivos en este proyecto político y de gobernabilidad). Podemos señalar que su fracaso político y social está explicado por una serie de elementos que podemos resumir entre fenómenos mediados por el conflicto y la relación directa de este conglomerado con las expresiones auto-organizadas de los subalternos, y además, con fenómenos propios de una crisis de legitimidad y representación del consenso de la sociedad política, que producto del estadio avanzado del patrón de acumulación neoliberal se manifiestan en elementos transversales de degradación de las formas en las cuales las clases y sus intereses se organizan y luchan por dar dirección a la realidad social (se podría mencionar que la crisis de las formaciones y partidos tradicionales y sus resquebrajamientos, son producto de esta última mención). Es en ese escenario de fracaso general de la apuesta histórica de contención de la Nueva Mayoría, que a la clase trabajadora y a las clases subalternas se les presentan posibilidades relevantes para seguir despertando del golpe de la contrarrevolución neoliberal. Los objetivos, formas y métodos que se elijan para irrumpir, serán las claves de su eficacia en el presente próximo.

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