El motín de Tobalaba

Por Fermín V.

A comienzos de junio de 2017, un día cualquiera, sucedió un hecho al que sería bueno prestarle atención: una inmensa mayoría de los pasajeros atiborrados en la Estación se fue en contra de un guardia y otros funcionarios que intentaban retener con violencia a un joven que no había pagado, luego rompen señaléticas, protestan, llegan pacos de Fuerzas Especiales que son insultados y se dan forcejeos, terminando el evento con algunos detenidos. Prestarle atención para comprenderlo políticamente, evaluar su significancia sin ponerle ni quitarle.

Primero, señalar que reflexionar en torno a él tiene sentido por tanto se trata de un hecho social que trasciende hecho político. Se hace tema no solo noticioso, sino que de posicionamiento de los diferentes actores políticos: los programas de radio polemizan sobre el tema, las editoriales de los diarios lo comentan, los candidatos a presidente son interpelados al respecto, la gente lo comenta en la micro y en la pega.

¿Para todo el mundo es un hecho interesante? Evidentemente no. Pero para la inmensa mayoría de opinantes sí lo es. Y es importante distinguir entre quienes tienen alguna opinión social y política de los que no la tienen, pues los primeros son quienes van marcando pautas y ritmos del devenir social en los tiempos normales. Aunque sean minoritarios en número.

Luego de mutar de hecho social a hecho político, poco importan los detalles específicos de qué sucedió en Metro Tobalaba, poco importa quién empezó la agresión, poco importa si alguien pagó o se coló por el torniquete, poco importa si se cumplió o no un protocolo, poco importa la verdad de la actuación del guardia o el jefe de estación. Al ser un hecho político importa lo que representa y lo que implica.

El Motín de Tobalaba representa el hastío y el cansancio. Basta decir lo evidente: cansa andar en metro y en micro, cansa por lo largo, cansa por lo penca, cansa por lo indigno. Cansa más porque mientras vas y vuelves de la pega en indignas condiciones, te roban las farmacias, los de confort, los de Codelco, los pacos, los de la UDI, los de Soquimich, los Penta, los de la Arcis, los de las AFPs, los de la Isapre, los de etcétera, etcétera. Cansa la huevadita. Cansa porque nunca hay justicia para la víctima del doméstico que carterea a su clase, nunca se le para la mano ni al narco chico ni al narco grande, nunca va preso el político corrupto, nunca se ha visto a uno de los grandes empresarios pagar por coludirse. Mientras tanto, haces bip con la bip.

El Motín de Tobalaba implica que el hastío y el cansancio puede transformarse en rabia y explotar. En decir que ya basta con tanta mierda. Desbordar los llamados mecanismos institucionales para procesar los conflictos. A la mierda con la Oficina de Reclamos y Sugerencias, con el Jefe de estación y con el guardia. Mentira que el metro es el orgullo de Santiago y un ejemplo para el mundo. Y si llegan los pacos, a la mierda con los pacos que también son ladrones y solo son valientes para reprimir las protestas y las huelgas.

El Motín, por más de clase que sea, es una explosión efímera, desborda los límites, pero luego sigue todo igual o peor. Y los que en el motín fueron exaltados agitadores, vuelven a ser grises ciudadanos. Más que acumular fuerza política, consume fuerzas sociales. Pero deja huella. Deja un recuerdo. Y ahí está su potencia.

Dice Lenin que el motín es un elemento espontáneo, pero habrán diferentes clases de espontaneidad. Y ahí entran a tallar los revolucionarios. En ir dotando cada vez de más densidad y dirección política los estallidos. De convertirlos en hechos de pedagogía y agitación política. Hasta avanzar de los motines estrictamente espontáneos hasta los motines “conscientes”, pues, en el fondo, el “elemento espontáneo” no es sino la forma embrionaria de lo consciente… Sigue diciendo Lenin: “Ahora bien, los motines primitivos reflejaban ya un cierto despertar de la conciencia: los obreros perdían la fe tradicional en la inmutabilidad el orden de cosas que los oprimía; empezaban… no diré que a comprender, pero sí a sentir la necesidad de oponer resistencia colectiva y rompían resueltamente con la sumisión servil a las autoridades. Pero, sin embargo, eso era, más que lucha, una manifestación de desesperación”.

En el Motín de Tobalaba se unieron los distintos para enfrentar al contrario, al antagónico, al abuso. Y el enfrentamiento se da volteando el tablero, pasando a llevar las reglas. Transformando un montón de gente en un grupo de personas con consciencia del tiempo y espacio que habitan. Y eso es, sin duda, una señal de por dónde seguir construyendo.

El Motín de Tobalaba es uno un poquito más grande, de muchos pequeños motines invisibles, como cuando, por poner un ejemplo, se quieren llevar presos a los trabajadores vendedores ambulantes y la gente se une en su defensa.

Vendrán más. Mayores y menores motines. Que no son garantía política de nada, a no ser que la/os revolucionaria/os hagan su pega, con constancia, con pedagogía, sin equivocar la estrategia: construir la organización y la confianza popular en su propia fuerza. Agitar, educar, organizar.

Despertar al dormido, organizar al despierto, unir y armar al organizado.

No olvidar que Todo empezó con un Motín.

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