División internacional del trabajo y conflictividad social en base a los territorios

Por Cristian Gaez

El presente texto es una síntesis de la 5ª sesión de la Escuela de Formación Política Marcelo Gutiérrez, que nace con el objetivo de dotarnos de herramientas de comprensión necesarias en el actual escenario local, nacional e internacional, caracterizada por una extremización de los métodos con que el capital internacional interviene los distintos territorios en su empresa de saqueo y destrucción de recursos naturales y de la vida misma, sostenemos la importancia del conocimiento de nuestro entorno y la experiencia que radica en la organización de las luchas de los pueblos.

El panorama actual en el ciclo de acumulación de capital sostiene un conjunto de relaciones estrechamente asociadas en distintas esferas productivas y sociales que configuran el orbe de acuerdo a los intereses de las potencias imperialistas y del capitalismo trasnacionalizado. Estos intereses y quienes se benefician de los mismos sustentan el crecimiento y acumulación de riquezas en base a los sistemas primario-exportadores de las naciones llamadas “subdesarrolladas” o en vías de desarrollo (CEPAL).

En línea con lo anterior, el territorio latinoamericano es visto bajo la mirada acechadora de las potencias centrales como una fuente inagotable de recursos de los cuales disponer con costos que permitan mantener estándares altos o medios de ganancia y que permitan reproducir esa dinámica. De esta fase de acumulación se justifica la forma en que los Estados-nación en Latinoamérica obtienen rentas a través de los modos de apropiación intensivos de la naturaleza, con una multiplicidad de mecanismos político-administrativos que aseguran una entrada mínima a las economías nacionales (recaudación fiscal a través de impuestos, inversión estatal en áreas específicas de la producción nacional o subsidio a “inversiones privadas”) y su posterior redistribución en políticas sociales o reinversión en beneficio del empresariado (dependiendo del tipo de gobierno). Así, los vínculos comerciales con las potencias económicas y los estándares de consumo en la población son la pauta de las inversiones públicas y privadas, sin mediar los impactos sociales, ecológicos y vivenciales de quienes subsisten en espacios cotidianos como espectadores, pero también partes de este festín. Siendo éstas algunas características generales de las políticas progresistas/neoliberales y más específicamente de los extractivismos en Latinoamérica desde una mirada geopolítica en base a las funciones de los Estados.

Otro elemento, que no se justifica dentro de las determinaciones nacionales sino en función de una estructura regional, es por ejemplo, la serie de acuerdos multinacionales o el IIRSA que planifican, aceleran e intensifican esta “integración mundial” en base a megaproyectos de infraestructura (paso de mercancías) que aumenta el extractivimos en la región. Por ejemplo, el Estado chileno a puesto todos sus recursos en solventar la diversificación de la matriz productiva teniendo como eje central el desarrollo del polo energético a gran escala, además de las nuevas incursiones mineras en el sur, inclusive si eso considera la devastación de nuestros espacios vitales. Pero, ¿De qué forma se manifiestan estos conflictos con nuestros pueblos? Hay que considerar que desde nuestra vereda no se nos explota sólo productivamente, no se arrebatan tan solo derechos a una vida digna, sino se nos despoja de nuestro pasado, costumbres, salud, historia, territorios, etc. y no se duda recurrir a la violencia y al asesinato (Macarena Valdés, Juan Pablo Jiménez y much@s más)

La defensa de los territorios es, entonces, la defensa de nuestras comunidades y de nuestra clase social en conflicto con el capital a través de sus expresiones concretas. La contra respuesta organizada no siempre avanza a considerar este hecho como elemento central de las luchas. Más claramente, existen formas recurrentes en cómo se desenvuelve la serie de problemáticas y conflictos en contextos rurales y urbanos en donde se expresa la oposición de las comunidades, organizaciones sociales, ONGs, gremios, Juntas de Vecinos, individualidades, entre otros, a una serie de proyectos empresariales en su desmedro y/o el del entorno, suponiendo la búsqueda de una respuesta positiva o negativa a la resolución de los conflictos, pero quizás no de la problemática general antes mencionada.

En este caso consideramos este cúmulo de experiencia de luchas territoriales contra variados proyectos energéticos, forestales, pesqueros, etc., como antecedente preliminar de un momento específico de las luchas de sectores del pueblo chileno y mapuche que se enfrentan a la represión por medio de redes de apoyo, acciones organizadas e iniciativas político organizativas con diferentes grados de avance en su maduración, que también crecen en estas formas nuevas alternativas coordinadas en varios territorios que superan las limitaciones del primer punto.

Teniendo claro al capitalismo como enemigo común es que la organización social en los territorios debe converger también en echar abajo los pilares institucionales que son el escudo jurídico-administrativo. Entre estos mencionamos los decretos, leyes y reformas que regulan la intervención del empresariado en los territorios (Código de Aguas, Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, Ley de Pesca, subsidios de la mal llamada industria forestal, etc. ).

Realizamos un llamado a todos los sectores sociales afectados por la intervención de empresas extractivistas a sumarse a la defensa de la vida es sus múltiples formas y a las organizaciones anticapitalistas a la confianza en la fuerza propia , en el despliegue de una política autodeterminada, que desenmascare a los culpables del despojo y que considere como tarea la creación de un proyecto político que cargue en sus hombros un nuevo modelo de desarrollo, un horizonte ecosocialista y de autodeterminación de los pueblos, debate abierto aún en nuestras comunidades.

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