El trabajo del mal en la acción suicida de un dirigente sindical

Por José Matamala Pizarro, Centro de Fortalecimiento Sindical TOÑ

Las hojas rojas que crecen, que crecen llenas de espanto”

Para seguir viviendo, Illapu

2 de junio de 2014. El dirigente sindical del Transantiago Marcos Cuadra tomó un bidón con bencina, se lo rocío en su cuerpo y encendió una chispa cargada con la frustración que el trabajo del mal atosigó en su vida anímica. La llama generada fue suficiente para envolver su cuerpo sufriente y difuminar en el ambiente laboral el testimonio de su experiencia traumática. El acoso moral experimentado en la empresa Redbus fue suficiente para que Marcos “ahogara su corazón y quemara sus sentimientos”.

27 de junio de 2014. Tras días de agonía, Marcos Cuadra falleció. Las lesiones provocadas por las quemaduras fueron más poderosas que la intentona amorosa de sus compañeros de trabajo para rescatarlo de la llamarada. Pese a que los obreros no se quedaron mirando atónitos el suceso que se les presentó en el terminal de buses, el apremio por la vida de su dirigente sindical se obstruyó por el aciago desenlace de la muerte.

Su esposa, Mara Boy, comentó que la decisión de Marcos pudo sustentarse en los reiterados y permanentes hechos de violencia y degradación psicológica al que se enfrentaba en su ambiente laboral. Víctima de acoso moral vertical descendente – aquel que circula de los mandos superiores y jerárquicos en contra de los subordinados – sucumbió a la presión del trabajo del mal ejercida por los mandos jerárquicos para atacar dos vértices de su vida laboral: la idoneidad respecto de su puesto de trabajo y su estatura dirigencial sindical.

El ataque a la idoneidad respecto de su puesto de trabajo basada en un amplio trecho de distancia entre la organización prescrita del trabajo y la organización real del trabajo. Para Cristophe Dejours (Trabajo y Sufrimiento, 2009) la organización prescrita del trabajo apunta a una serie de normas y reglas que controlan el ejercicio de la función para el desarrollo de una tarea; mientras que la organización real del trabajo es aquello que se resiste a las reglas y pone en movimiento la creatividad obrera para ejecutar de todas formas la tarea.

En la medida que aumenta la necesidad de la organización prescrita del trabajo, pero sin ofrecer las condiciones necesarias para que aquello se ejecute, se deposita sobre los/as obreros una sobrecarga en su capacidad de organización real del trabajo. Aquello, según Dejours, es una de las causas del sufrimiento en el trabajo. Finalmente, las tareas son tan exigentes en el medio laboral adverso que terminan por agobiar al trabajador/a. Éste/a se siente sobrepasado por la exigencia, que desarrolla intensos sentimientos de frustración por no poder ejecutar correctamente su trabajo. Su empresa lo fuerza a trabajar mal y/o en malas condiciones. Es la queja enunciada por Marcos Cuadra y que graficó una nota periodística de Radio Villa Francia en el siguiente párrafo:

La excesiva carga horaria, la falta de servicios de higiene básicos que incluso ha llevado a trabajadores a utilizar pañales para no alterar los tiempos y trayectos que deben cumplir y el estrés de las amenazas por parte de los empleadores fueron parte de las razones que llevó a Marcos a tomar la decisión de quemarse a lo bonzo aquella mañana de junio”

El ataque a la estatura dirigencial sindical realizado por la vía de la aceptación del trabajo sucio. El trabajo sucio opera como la valorización del mal en las prácticas ordinarias de trabajo, por lo que requiere de la colaboración de trabajadores/as subordinados/as, mandos medios y jerárquicos para su producción y reproducción. Dicha colaboración se dirige para someter a otro/a a injusticias y sufrimientos.

A Judith Butler (Mecanismos Psíquicos del Poder, 2011) le llama sujeción al hecho que la fortaleza del sujeto (que colabora con el mal) parece ser efecto de la subordinación. La sujeción mantiene en el colaborador/a una ilusión. Para Horacio Foladori (Psicoanálisis y Cultura, 2003) al igual que para Freud, las ilusiones se utilizan para ahorrar las sensaciones displacenteras y gozar a cambio de satisfacciones. Por tanto, el ataque a la estatura de un sujeto se realiza para causarle sufrimiento. A cambio, los colaboradores gozan con la ilusión de pertenencia a la institución y de paso “creen” que su trabajo sucio les brinda inmunidad frente al trabajo del mal difundido por la empresa.

La empresa fuerza a creer a los que colaboran con el trabajo sucio que el trabajo del mal nunca los afectará. Es precisamente este mecanismo de ejercicio del poder empresarial el que Marcos Cuadra intenta denunciar e interrumpir con su acción suicida. Así lo consignó la nota de prensa de Radio Villa Francia aparecida el día en que se quemó:

Marco Cuadra había enviado un mensaje de whatsapp a otro dirigente sindical anunciando la medida: “He decidido mandar una carta. Al Inspector del Trabajo para contarle como tratan a los sindicatos en mi empresa. Por lo tanto me voy a quemar”.

El ejercicio del mal en el ámbito laboral también estuvo azuzado por dos vías de afección penosa para la vida anímica de Marcos Cuadra: la vía de desesperanza y la vía traumática. La generación de malestar en el trabajo, basada en el ataque a la idoneidad respecto al puesto de trabajo y la estatura de dirigente sindical se engarzó con la táctica de ataque persistente y prolongado en la vida anímica extra-laboral del aludido. El trabajo del mal de la empresa pudo operar en la totalidad de la vida anímica de Marcos, estableciendo en su psiquismo un proceder afectivo que impregnó su vida entera [1].

Por la vía de la desesperanza, Mara Boy ilustra la afección penosa que embargaba a Marcos respecto de su trabajo:

“estaba muy angustiado por el tema de la injusticia. Veía con mucha rabia a los abuelitos, y en general a todos los trabajadores, que los hacían trabajar hasta muy tarde, que no los respetaban”.

Por la vía traumática, la misma Mara Boy señaló que el despido antisindical de Marcos se comunicó por altoparlantes. Entonces, para ella el factor desencadenante del acto suicida

“creo fue producto de una frustración máxima, la frustración más grande que pueda recibir un ser humano, la burla, lo humillaron”.

El trabajo del mal operó desde un centro direccional, esto es, la cultura institucional promovida por la empresa Redbus articulada en una malla de acción cuaterna.

Con el uso de una malla de trabajo del mal, la empresa y sus colaboradores estimularon una acción suicida por dos vías imbricadas: la frustránea y la perversión vertical de mando.

Por la vía frustránea, el trabajo del mal provocó malestar subjetivo en el obrero que fue capaz de opacar toda expresión de su vida. Para Freud, la acción frustránea se corresponde con la negación de una descarga efectiva de una excitación (sexual). La frustración es un afecto penoso que se excita cuando existe una representación mental que indica que algo deseado no se puede obtener. Para Marcos, lo frustrante se produjo al observar que en su trabajo no había justicia, por tanto, el resto de energía sexual disponible no pudo optar a una tramitación por la vía de la sublimación. Foladori (2003) aduce que la sublimación desliga la pulsión sexual de su objetivo directo, utilizando su energía en actividades productivas. Una de ellas es el trabajo. ¿Qué pasa con el resto de energía sexual que ya no puede utilizarse en beneficio del trabajo creativo? En el caso de Marco, dicha energía se vuelve hacia sí mismo en forma de autoagresión, forzando a una formación de compromiso dañina para la vida: el pasaje al acto suicida. El pasaje al acto suicida se entiende como una acción vehiculizada para intentar desprenderse de una fuente de agobio y malestar – conducta de huida- provocada por la organización del trabajo en Redbus.

Por la vía del trabajo de perversión de mando vertical, se encuentra el trabajo sucio que realizaron los colaboradores/as para atormentar y disciplinar con violencia. Foladori (Violencia: La institución del maltrato, 2000) considera el uso de la violencia como la actividad destructiva sin freno de parte del sujeto. La perversión vertical logró el cometido de todo acto de acoso: doblegar las fuerzas de la víctima para que renunciara a sí misma, a sus pares y a su vida. En la acción suicida de Marcos Cuadra se observa un acto que buscó desprender la excitación penosa frustránea de su cuerpo. La frustración, asociada con la representación de injusticia en el trabajo, buscó para la vía de su descarga lesionar el cuerpo. Pero terminó por acabar con su vida. El trabajo del mal con Marcos no tuvo freno, solo buscó desaparecer su integridad humana.

[1] Algunos/as Trabajadores/as enfrentan el malestar en el trabajo creyendo que el viernes pueden “olvidarse” de su trabajo. Es decir, pueden utilizar su tiempo de vida en actividades libremente determinadas (por ejemplo, jugar fútbol, ir de fiesta, etc). Aquello permite tramitar las mociones de afecto penosas causadas por estar subordinados/as a una estructura de trabajo prescrita. Sin embargo, para que un obrero llegue a suicidarse, estas estrategias de defensa “de la vida” deben estar muy deterioradas o casi inexistentes. Por eso sostengo que el malestar laboral en Marcos desbordó toda posibilidad de tramitación y defensa, pasando a la determinación de inmolarse.

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