11 de julio de 1971: Día de la dignidad nacional. A recuperar el cobre y los bienes naturales para las demandas del pueblo.

Por Pablo Rivas

Hoy es el día de la dignidad nacional y de la solidaridad. Es el día de la dignidad, porque Chile rompe con el pasado; se yergue con fe de futuro y empieza el camino definitivo de su independencia económica, que significa su plena independencia política”

Salvador Allende, Discurso por la Nacionalización del cobre.

11 de julio de 1971

Más que una efeméride, el 11 de Julio es una fecha de trascendencia política para las mayorías sociales de este país. Salvador Allende firmaba el decreto de nacionalización de los yacimientos de la Gran Minería del Cobre, con la férrea oposición de los norteamericanos, que veían con asombro a este pequeño gigante de América Latina, dar un paso hacia su independencia, recobrando la soberanía sobre los recursos naturales, y especialmente el cobre dada su abundancia y necesidad de explotación, que por aquel entonces ya generaba el 80% del ingreso de divisas de Chile.

Pero la historia suele tener recovecos amargos: el proceso se vio truncado tras el golpe de estado cívico-militar de 1973, y de manera oscura, los altos mandos del Ejército tomaban la decisión de devolver las empresas a los capitales transnacionales y, más aún, de establecer una legislación más ventajosa para que los capitales foráneos invirtieran a destajo, regalando nuevamente los recursos naturales a las potencias imperialistas.

Actualmente, y con el silencio cómplice de la Concertación (¡recordemos a Ricardo Lagos fijando el royalty minero más bajo e irrisorio del mundo!), se siguen entregando ventajas a los capitales saqueadores, a tal punto que el 70% de la extracción de cobre es propiedad de empresas extranjeras. A la inversa, el royalty al cobre (una especie de tributo impuesto) apenas le reporta al país un 0,2% del total de ingresos en las arcas fiscales.

Con una historial de esa naturaleza, puede parecernos que la lucha por recuperar los recursos naturales se vea compleja y hasta quijotesca. Han sido años de constante abuso de las potencias transnacionales, y del empresariado nacional aliado de estos (el caso de Andrónico Luksic puede ser el más ejemplar), los cuales han recurrido a la lógica de la extracción de grandes cantidades de materia prima para ser exportadas con un bajo procesamiento (o nulo) y a bajos precios, debido a que se trata de commodities; es decir, bienes que comparativamente pueden tener el mismo valor en cualquier otro lugar del mundo, con lo cual la competencia descarnada de los mercados internacionales, nos dejan en una posición de Estado subyugado: nuestra misión en el globo, sería entregar recursos naturales para las necesidades de producción industrial de las potencias capitalistas del norte, sin importar los costos económicos, sociales y de daño ambiental para nuestros países.

El modelo de desarrollo económico existente en Chile, se basa en el rentismo de materias primas. ¿Qué significa esto? Que los empresarios se comporten de manera “rentista” significa que al extraer un recurso natural muy apreciado en el mercado y con bajos costos, le significa tener una posición ventajosa ya que puede extraer grandes cantidades de minerales, sin realizar ningún proceso que involucre modificar el metal o añadir más trabajo o innovación. Puede lograr grandes utilidades, las cuales se ahorran principalmente por el no pago de impuestos (evasión y elusión), grado de confianza en las instituciones débiles de un Estado corrupto que favorece sus intereses, incentivos y dinero fresco de las arcas fiscales para invertir, y la generación de empleos precarios y poca o nula responsabilidad para con los impactos ambientales que sufren las comunidades aledañas.

Es decir, tenemos un escenario desolador: grandes capitales nacionales y transnacionales son dueños de la pesca, de la fruticultura, de los bosques (forestales), del mar (salmoneras, pescas de arrastre, etc.), de las minas (litio, cobre, oro, hierro), siendo capaces inclusive de construir un marco de alianzas con los partidos tradicionales y los gobiernos, que les ha brindado posiciones de poder y privilegio, que permea incluso a otras esferas de la vida, tanto en el Estado como en la cotidianeidad. Se trata de dueños de los principales medios de comunicación, centros de estudio, negocios en la banca, y sobre todo fuertes inversiones extractivistas. Estas redes, fueron las mismas que, por cierto, favorecieron el desfalco de la Ley Reservada del Cobre por parte del alto mando militar y las ventas ficticias de CODELCO para favorecer a otros operadores del cobre.

Por otra parte, los costos ambientales de los proyectos extractivistas, inclusive han colocado en la disyuntiva a las comunidades que luchan por defender su territorio, la salud, la cultura y el trabajo: o dejamos de producir, extraer y crecer a ritmos dañinos para la humanidad, o no tendremos futuro para nosotros si dejamos que la acumulación de capital prevalezca como necesidad para forjar una sociedad, en desmedro de la vida y la dignidad de nuestro Pueblo.

Los Pueblos de Chile y el continente hemos elevado diversas voces de reclamo y asumido un horizonte de lucha para que nuestros derechos y dignidad dejen de ser pisoteados. Tenemos la lucha del movimiento estudiantil por educación gratuita, democrática, pública y cuyo conocimiento esté al servicio de las mayorías; tenemos la lucha por la previsión social digna que ponga término al robo de las AFP; la necesidad de contar con una atención en salud que sea oportuna, universal y gratuita; que las Isapres dejen de especular con la salud y el bienestar de nuestros cuerpos y mentes; que los proyectos extractivistas no sigan invadiendo los territorios ni generando impactos ambientales graves para la gente; y un sinfín de reivindicaciones que han permitido ir robusteciendo la movilización popular en los últimos años.

Sin embargo, más allá de este escenario, acá queremos dar cabida a una pregunta que puede ser fundamental para el conjunto de demandas populares ¿Cómo puede hacerse cargo un Pueblo de sí mismo, de sus problemas – de ¡justamente como señaló Salvador Allende en su discurso de 1971, recuperar la dignidad! – sino es través de la soberanía y la capacidad de decidir su futuro, tomando control de lo que por derecho es propio?

Según el documento “Nuevas estimaciones de la riqueza regalada a las grandes empresas de la minería privada del cobre: Chile 2005-2014”, de Sturla, Accorsi, López y Figueroa, el Estado, los partidos y el ejército; es decir, el bloque político en el poder, han regalado a la gran minería del cobre el equivalente al 45% del PIB de Chile el año 2014. En promedio, se han entregado en bandeja, unos US$12 millones anuales, más que suficientes, por ejemplo, para financiar los US$5 millones anuales que costaría financiar un sistema de educación pública gratuita y universal en todos los niveles.

Así pues, debe ser un clivaje fundamental del conjunto de movimientos sociales, de trabajadores, estudiantiles, de pobladores, ambientalistas, mapuche, etc.; pensar estratégicamente qué queremos de los bienes naturales en nuestros territorios, si estimamos necesario para solventar las necesidades que el mercado no ha querido ni podrá solucionar; recobrar la posesión sobre estos, de forma tal que el desarrollo social de los pueblos esté asociado a la capacidad de fuerza que estos tengan para desprenderse del control económico y geopolítico de los países imperialistas.

No obstante, es necesario tener en cuenta, que la lucha por recuperar el agua, el cobre, el litio, la pesca, los bosques, ríos y mares, implicará otros desafíos. Si bien es necesario contar con la propiedad de los recursos, para ejercer un control soberano que garantice las necesidades de un Pueblo; no es menos cierto que debemos hacernos cargo de sus impactos sobre el medio ambiente, de manera que nunca más sean los sectores populares quienes paguen el costo de las denominadas “zonas de sacrificio”. Es decir, una política de mayorías que abogue por recuperar la soberanía de los bienes naturales, necesariamente tendrá que hacerse cargo de plantear democráticamente una vía de salida al extractivismo depredador.

Plantear ideas programáticas que enriquezcan ese debate también es vital para vertebrar con mayor realce esta lucha, como por ejemplo, desarrollar la ciencia y la innovación en universidades que potencien valores agregados a los productos; establecer un marco de respeto al uso, conservación, utilización y posesión de los bienes naturales a los que tenga legítimo acceso y derechos los pueblos originarios; determinar impactos indeseables y las mejoras técnicas disponibles para mitigarlos realmente; decrecer cadenas productivas que no sean sustentables ambiental ni económicamente y proveer de una infraestructura industrial de escala local, sustentable con el entorno y generadora de fuentes de trabajo, en que las relaciones sociales entre hombres y mujeres se basen en la cooperación y la solidaridad.

 

¡A RECUPERAR EL COBRE Y LOS BIENES NATURALES PARA LAS NECESIDADES DE NUESTRA GENTE!

¡A defender, la Tierra y el Mar, del saqueo transnacional!

 

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