La deuda como posibilidad de consumo: breve análisis y caracterización de la deuda en Chile

Por Ignacio Riveros

Desde hace muchos años que la precarización del mercado laboral chileno ya no genera sorpresas para nadie. La flexibilización del trabajo, expresada en esquemas de contratación como, por ejemplo, la subcontratación de servicios, la desarticulación del sindicalismo, las extensas jornadas laborales y muchos otros problemas, son algunos de los elementos que dan ciertas luces acerca de la precaria situación de vida a la que están expuestos y expuestas miles de trabajadoras. Sumado a lo anterior, los bajos salarios que en promedio reciben los y las trabajadoras en el país dificulta enormemente la posibilidad de llevar una vida digna. Un hecho empírico que ilustra en cierta medida lo anterior es que el 50% más pobre de la población recibe menos de $400.000 pesos mensuales. Si consideramos que una familia en promedio tiene 4 individuos, de los cuales dos reciben salarios (en el mejor de los casos), quedaría un monto bruto (sin descontar impuestos, cotizaciones, etc.) de $200.000 pesos para cada uno de los individuos, los cuales tienen que ser gastados en transporte, vivienda, educación, salud, pensiones, alimentación y otras necesidades básicas que deben ser cubiertas. No es necesario ser experto en matemáticas para darse cuenta que no alcanza para llegar a fin de mes. Y estos niveles de ingreso son mucho menores cuando hablamos de madres solteras.

Dado que el nivel de ingresos no permite, en promedio, sostener todos los gastos de una familia normal, se produce que los hogares, para poder sopesar estos bajos ingresos laborales, deban recurrir en reiteradas ocasiones a la deuda para cubrir sus gastos. Cuando se habla del concepto de deuda no solamente se hace referencia a la deuda de tipo pedir prestado cierta cantidad de dinero (hipotecaria, crédito de consumo, adelanto en efectivo, etc.), sino también a toda forma en la cual el consumidor es capaz de pagar de forma diferida en el tiempo cierta mercancía (cuotas). Estos dos mecanismos de la deuda, son en muchas ocasiones condición de posibilidad para la clase trabajadora chilena de poder adquirir bienes durables (electrodomésticos, tecnología, inmuebles, etc.) e incluso bienes no durables (alimentos).

Para cuantificar el problema anterior, es importante mencionar que el pasado abril, el Banco Central de Chile publicó los datos sobre Cuentas Nacionales por Sector Institucional, arrojando que el endeudamiento de los hogares ha llegado a ubicarse en un nivel histórico de un 68,2% del ingreso disponible total de la economía. Para entender esta cifra, piense que en promedio, después de pagar todos los impuestos correspondientes, casi un 70% de los recursos que quedan en los hogares chilenos deben ir destinados a pagar deudas (hipotecas, créditos comerciales, bancarios entre muchas otras formas de deuda). Si miramos esta cifra en el tiempo, es posible observar que en el año 2004 este porcentaje era menor a un 40%.

Gráfico 1: Trayectoria Deuda como % del PIB y del Ingreso Disponible.

Fuente: Datos Banco Central de Chile.

Desagregando aún más esta cifra nos encontramos con un panorama más desolador. Según los datos de la Encuesta Financiera Hogares del año 2014, los hogares que se ubicaban entre el decil 1 y el 5, es decir, el 50% más pobre de la población, concentraban la mayor cantidad de deuda no hipotecaria en deudas con tarjetas de crédito de casas comerciales. Este tipo de deuda tiene la característica específica de que paga una cantidad de intereses muy superior a los créditos de consumo y tarjetas de crédito bancarios, además de plazos más cortos para pagar dichas deudas. Para ilustrar la magnitud de este crédito, imagínese que para pagar en 36 cuotas un refrigerador en ABC DIN de $300.000 pesos, tendrá una tasa efectiva a pagar de 36% sobre el valor del refrigerador. En términos simples, esto equivale a pagar 36 cuotas con un plazo de 30 días de $18.500 pesos, lo cual equivale a alrededor de $660.000 pesos en total, es decir, más del doble de pagar al contado. Este análisis puede ser extrapolado a cualquier mercancía que se quiera adquirir con cuotas de casas comerciales.

Para el debate, en primer lugar, el sobreendeudamiento y la deuda se ha venido convirtiendo progresivamente en un “mecanismo de control social” cada vez más importante en el contexto del modelo neoliberal chileno. El hecho de que los ingresos del trabajo no alcancen para satisfacer necesidades básicas de los hogares, obliga a estos a buscar fuentes de financiamiento y endeudarse, con un costo mucho mayor para los hogares más pobres, de tal forma que los cumplimientos de pago de cuotas e intereses van generando una dinámica de vulnerabilidad financiera de las familias. Además, en numerosas ocasiones el incumplimiento del pago de intereses acarrea consecuencias como entrar en situación de DICOM.

Lo anterior también tiene otra forma de analizarse, y es que la deuda es la posibilidad de que las firmas puedan vender sus mercancías a los y las trabajadoras de bajos salarios, los cuales representan la mayoría de la población chilena. Dado que la oferta de bienes y servicios en Chile es tan amplia, la necesidad que las empresas tienen de venderlas para poder realizar ganancias hace que estas adopten formas de pago diferidas en el tiempo, dado que de otro modo no podrían ser vendidas y que a la vez le generan pérdidas (recordemos el caso de La Polar).

A modo de perspectiva, me parece de suma relevancia que la izquierda de intención revolucionaria siga este proceso muy de cerca, ya que existen numerosas potencialidades de un conflicto abierto con respecto a este tema en un futuro no muy lejano. Para ello basta recordar que la principal denuncia del movimiento estudiantil del año 2011,  ha sido el endeudamiento que sufren miles de estudiantes producto de las políticas neoliberales de financiamiento para la educación superior, donde los bancos básicamente “saquearon los bolsillos” de los estudiantes de la educación superior, utilizando al Estado chileno como forma de neutralizar el riesgo de no pago de dichos préstamos. A diferencia de la deuda estudiantil, la deuda por concepto de consumo es de magnitudes muy superiores en términos de dinero, paga intereses mayores y tiene involucrada a capas más amplias de la clase trabajadora que simplemente estudiantes universitarios.

 

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