Acerca del proyecto de ley que posibilita el matrimonio igualitario

Por Catalina Figueroa, Irune Martínez y Laura Dragnic

Hace algunos días la secretaria general de gobierno de Michelle Bachelet anunció el envío del proyecto de ley de matrimonio igualitario al Congreso. Este proyecto, que aún no ha sido publicado en su totalidad, pretende llevar a cabo una serie de reformas con el objetivo de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Para ello, el concepto de matrimonio establecido en el artículo 102 del Código Civil chileno será modificado de forma tal que éste sea comprendido como una unión entre dos personas, y no sólo entre un hombre y una mujer. Además, se eliminará la conducta homosexual como causal de divorcio por culpa y el requisito de que, para que un matrimonio celebrado en el extranjero sea válido en Chile, este debe haber sido realizado entre un hombre y una mujer. Por otra parte, el proyecto abarca la adopción homoparental de niñas y niños sin la necesidad de reformar la ley de adopción, siempre que quienes adopten tengan la calidad de cónyuges. Por último, se  propone la eliminación del matrimonio bajo el régimen de sociedad conyugal y se adopta el régimen de separación de bienes como régimen general y supletorio.

A pesar de que este proyecto responde a una demanda levantada por algunos sectores del movimiento LGBTIQ, creemos que esta no desafía en sentido alguno las lógicas mediante las cuales opera la institución del matrimonio, toda vez que el objetivo del proyecto es ampliar las posibilidades de su existencia, permitiendo que personas del mismo sexo puedan celebrar este vínculo jurídico. En este sentido, aún cuando es notable que se esté reconfigurando la institución jurídica del matrimonio para poder integrar a disidencias sexuales históricamente oprimidas, esta ampliación no representa un cuestionamiento a la existencia del matrimonio como forma principal de conformación del núcleo social básico de nuestra sociedad, la familia, elemento esencial y fundante del patriarcado. Esto se observa de forma clara en las palabras de Michelle Bachelet cuando señala que este proyecto es necesario pues “no puede ser que los prejuicios antiguos sean más fuertes que el amor”, fundamentando así que la institución del matrimonio es la forma natural de expresión de vínculos afectivos y amorosos, e invisibilizando su utilización histórica como instrumento opresivo, particularmente para las mujeres.

Con todo, existen algunos elementos que es necesario relevar del proyecto en comento. En primer lugar, la eliminación de la sociedad conyugal como régimen general y supletorio, ya que era una deuda que nuestra sociedad tenía con todas las mujeres desde la dictación del Código Civil. Este régimen ve a la mujer como una persona incapaz, imposibilitada de de administrar su patrimonio o su vida; mientras que, del otro lado, ve al hombre como aquel con el suficiente juicio como para administrar aquello por ella. El que dicho régimen siga vigente aún en nuestro Derecho, es un ejemplo patente de cómo el Estado, a través de su sistema jurídico, normaliza aquellos roles de género impuestos por el patriarcado, perpetuando la jerarquía establecida mediante el instrumento clásico de subyugación de la mujer, la dependencia económica. Así, la eliminación de este régimen es un paso mínimo para la obtención de nuestro de derecho a decidir sobre nuestra propia vida. Sin embargo, este es un avance sólo en el sentido de que estamos comenzando a transitar desde un estado de absoluta indignidad a uno de mayor reconocimiento de nosotras las mujeres como sujetas de derecho, por lo que más que una superación consciente del estado actual de cosas, esta medida representa un pequeño avance  por parte del Estado, pues se están otorgando los derechos más básicos de las mujeres, los cuales han sin negados por siglos.

Por otro lado, vemos con buenos ojos la apertura a la discusión sobre la adopción homoparental, toda vez que pone en entredicho los roles asignados a la labor de la crianza, en particular al rol asignado a la mujer por medio de la esencialización de la maternidad. Así, el cuestionamiento al concepto tradicional de familia puede dar paso a un debate más interesante, que dice relación con el análisis crítico del lugar ocupado por la familia en el sistema, en tanto espacio privado destinado a la reproducción de la vida. Ahora, el límite ya está puesto: como mencionamos más arriba, esta posibilidad existe sólo en la medida en que aquellas parejas que deseen adoptar sean cónyuges, es decir, hayan contraído matrimonio.

Nos parece, entonces, que esta demanda posee serias limitaciones para el campo de acción de la comunidad LGBTIQ, toda vez que ella no se aleja de los cánones impuestos por la heteronorma, los cuales han sido impresos en la figura del matrimonio.  Consideramos aún más complejo que está demanda haya sido posicionada por sobre muchas otras sentidas por amplios sectores del movimiento LGBTIQ. El fin a la homo-lesbo-trans fobia y la posibilidad de acceder a una vida digna, libre de discriminación y violencia, son algunos ejemplos de dichas demandas, y quizás las más urgentes, pues mes a mes nos encontramos con nuevos ataques a integrantes de esta comunidad, algunos de los cuales terminan incluso en la muerte. Esta violencia se traduce, también, en una profunda desigualdad en el acceso y trato en instituciones educacionales, de salud y hasta en el trabajo, principalmente en el caso de la población trans, por lo que su urgencia radica en la necesidad de acceder a condiciones de vida mínimamente dignas.

Como feministas socialistas, consideramos que hoy es prioridad atender e incluir en nuestras discusiones el amplio espectro de necesidades y urgencias que impulsa el movimiento LGBTIQ, no desde una perspectiva liberal, sino desde una que permita visibilizar a l-s más oprimid-s de dicho movimiento. El desafío será entonces, impulsar espacios de construcción conjunta, a partir de la comprensión de que es el sistema patriarcal el que nos violenta, tanto por ser mujeres como por ser disidentes, y que, por lo tanto, sólo la transformación radical de la realidad nos permitirá autodeterminar nuestras vidas.

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