Feminismo y práctica terapéutica

Por Catalina Figueroa

Una reflexión para profesionales y trabajadores de la salud y educación

El feminismo sin duda nos ha traído desafíos que la práctica de izquierda no nos había traído antes. Ésta es la necesidad de transformar nuestras prácticas machistas de manera inmediata, o a muy corto plazo, por las conductas feministas que hasta ahora conocemos. Es por esto que creo fundamental llevar el feminismo a nuestras prácticas laborales, y en específico quiero hablar de la que más me atañe: la práctica terapéutica.

De profesión, soy fonoaudióloga y me dedico a la terapia infanto-juvenil desde hace no mucho tiempo, sin embargo, he logrado ir identificando ciertos espacios en donde el feminismo puede florecer e insertarse en nuestras prácticas.  Sin ir más lejos hace algunas semanas con un pequeño de 8 años tuvimos una interesante conversación sobre conductas heteronormadas o de frentón misóginas. Yo le pedí que me repitiera algo que me había dicho, él ofuscado me dice “es que las mujeres no entienden nada”, yo sorprendida pregunté por qué, y me respondió que las mujeres eran sordas y que por eso no comprendían lo que les decían. Muy complicada le pregunté si los hombres también eran sordos, y ahí comenzó una conversación sobre porqué él conocía a su género y sabía que no era así y por qué yo conocía al mío y sabía que sí habían mujeres sordas, pero otras no lo eran, y sin duda, también habían hombres sordos. Acabada la conversación y transcurrido más tiempo de terapia, antes de irse me dice: “es verdad, las mujeres no son sordas”. Es en ésta y en otras ocasiones las que me han permito darme cuenta de lo internalizados que están los roles de género desde pequeños, y cómo sin importar el estrato socioeconómico o la edad, estos se siguen reproduciendo. Muchas veces creemos que por encontrarnos en entornos ricos académicamente, como la universidad, las nuevas generaciones vienen con un cambio en las formas de pensar, pero esto no es algo que ocurra de forma espontánea, es algo por lo que hay que trabajar. Como ésta conozco otras conversaciones que se han logrado dar dentro de la sala de clases y que han sido incentivadas por docentes y profesionales de la salud; lo fundamental es animarse a darlas y no dejarlas pasar.

Para abordar otra arista es que creo importante comentar también, como las y los terapeutas nos encontramos con el machismo representado en las relaciones de los padres y madres y sus hijos. Es usual encontrarse con madres completamente comprometidas con las terapias de sus hijos, muchas madres que dejan de trabajar por llevar a sus hijos en situación de discapacidad a las múltiples terapias que podrían necesitar, y así de frecuente es como nos encontramos con padres que no se involucran en las terapias. Padres que se consideran incapaces de ser co-terapeutas, padres que creen que por entregar bienes materiales no deben involucrarse en la crianza y (re)habilitación, o padres que simplemente no están interesados en sus hijos. Es en ejemplos como estos donde me parece importante considerar las dobles o triples jornadas que muchas mujeres tienen, que además de trabajar y hacer las cosas del hogar, deben acompañar a terapia a sus hijos y trabajar de forma activa por ellos. Creo que el involucrar a los padres de manera más intencionada a la terapia no solo beneficia el proceso terapéutico en si, sino que también cristaliza una práctica sorora para con la mujer y madre con la que estamos trabajando.

Como estos dos podría haber muchos ejemplos en donde la práctica feminista se hace presente en terapia o prestaciones de salud generales y es nuestro deber como feministas encontrarlas y trabajar en ellas. Tomando esto en cuenta creo que para muchos podría considerarse poco ético el trabajar desde una ideología propia con un niño o niña, yendo en contra, quizás, del estilo de crianza de sus padres y madres. Es aquí donde creo importante recalcar lo profundamente ideologizados y politizadas que ya están nuestras prácticas terapéuticas. Nuestras prácticas no están solo basadas en los muchos papers que leemos para poder desempeñarnos en ellas, sino que están basadas en la génesis ideológica de cada uno de esos textos. Porque qué es la terapia si no una ideología, una decisión política llevada a la práctica en actividades o ejercicios, el por qué decidimos usar una corriente terapéutica y no otra, es una decisión profundamente política, un camino que decidimos tomar cuando nos desarrollamos como terapeutas, y creo que si somos feministas, ese camino debiese estar también impregnado de feminismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *