Por nuestras caídas y caídos: ¡A fortalecer la memoria combativa y a reconstruir el camino para alcanzar la revolución!

Por Convergencia 2 de Abril // Fotografía de Paloma Rodriquez

Este lunes se cumplen 44 años del Golpe de Estado que puso fin al proceso revolucionario más avanzado que nuestro país haya conocido. Esta fecha, para todos y todas quienes tenemos la esperanza de un mundo nuevo en nuestros corazones, siempre va cargada de emociones, pensamientos y recuerdos muy dolorosos sobre la derrota política del año 73, y sobre todos y todas quienes dieron sus vidas luchando por la libertad y la dignidad de nuestro pueblo.

Este año, sin embargo, las imágenes del horror vivido por nuestros padres, madres y abuelos, de la tortura sistemática, de los asesinatos y desapariciones impunes, y de un régimen por completo servil a los poderosos, no son sólo un recuerdo. Este año aparecen como un temor concreto, en tanto las garras del imperialismo se posan sobre Venezuela y el proceso de la revolución bolivariana. Las tácticas de desestabilización, desprestigio y sabotaje que hoy se ejercen sobre el proceso bolivariano son conocidas por nosotros. Frente a la amenaza de un nuevo proceso de intervención extranjera en Latinoamérica, con todo lo que sabemos que aquello implica, nuestro deber con los compañeros caídos es solidarizar con el proceso bolivariano.

En este lado del continente también se escuchan los ecos de la represión. Al igual que en los años de la dictadura, tanto la Derecha como la Nueva Mayoría bogan por fortalecer la dimensión persecutora y represiva del aparato estatal. La situación de militarización que se vive en el Wallmapu nos recuerda que éste es el mismo Estado dispuesto a aplastar cualquier cuestionamiento por parte de nuestros pueblos al sistema de dominación impuesto en la dictadura. La desaparición de Santiago Maldonado nos recuerda que luchar por la libertad sigue siendo, para el bloque en el poder, motivo suficiente para la represión más cruda.

Por otro lado, los últimos sucesos en nuestro país ponen en evidencia la hipocresía de los sectores más conservadores del país. La aprobación del proyecto de ley que despenaliza el aborto en tres causales es un mínimo gesto de desagravio hacia las mujeres en Chile, que contribuye a mitigar la escandalosa situación respecto a los derechos reproductivos para las mujeres en nuestro país, pero que en ningún caso representa el fin de la lucha por el aborto libre. La derecha, sin embargo, muestra una vez más su hipocresía política y moral. Mientras defienden a los presos por violaciones a los Derechos Humanos, mantienen los pactos de silencio, y defienden la labor genocida de sujetos tales como el dictador Augusto Pinochet o Jaime Guzmán, se oponen al aborto en nombre de la vida, y proclaman que la ley de aborto en tres causales abre la puerta a situaciones de violaciones a los derechos humanos. Todo esto constituye una burla a las cientos de mujeres que perdieron su vida en manos de la dictadura, en particular, las mujeres que fueron detenidas desaparecidas estando embarazadas. Es nuestro deber asumir la lucha por la liberación de las mujeres frente a todas las trabas que les impone el orden capitalista y patriarcal como una necesidad política de primer orden.

Nuestro mayor homenaje a los caídos es seguir luchando, con su ejemplo en la memoria, por la construcción de una sociedad distinta. Y es que el Golpe vino a interrumpir un proceso de organización, acumulación de fuerzas y empoderamiento popular de largo aliento, por medio del cual el pueblo chileno fue capaz de construir un proyecto político propio, independiente, que planteaba una sociedad distinta, contrapuesta al proyecto de sociedad capitalista que nos venía impuesto desde arriba.

Pese a la situación de estancamiento y reflujo en que el movimiento popular se ha visto sumido este año, determinado en buena parte por la coyuntura electoral, los últimos años han estado marcados por un proceso de aumento de la conflictividad social. Después de años de terror, falsas reconciliaciones, vacías promesas de alegría y una política activa de represión, desarticulación y cooptación de los luchadores sociales, segmentos cada vez mayores del pueblo hemos logrado retomar la senda de construcción interrumpida por el golpe. Este proceso de rearticulación, cuyos antecedentes podemos rastrear en las distintas manifestaciones de descontento popular de los años 2001, 2006, y con mayor fuerza el 2011, hoy nos permite situarnos en un período político en que el escenario se encuentra abierto, y donde está planteada la tarea de construir las herramientas para permitir y potenciar la acumulación de fuerza popular en torno a los distintos ejes de conflictividad que se encuentran abiertos.

Frente a la profunda crisis de representatividad que vive el régimen, los poderosos apostarán, con Piñera a la cabeza, por recomponer el consenso dominante en nuestra sociedad. Por nuestra parte, debemos apostar a mantener dicha crisis abierta, y profundizarla hacia niveles cada vez mayores de cuestionamiento a las causas estructurales que determinan la desigualdad y las injusticias de nuestra sociedad. En ese sentido, los y las revolucionarios debemos estar a la altura de los desafíos que se nos presentan, pues los próximos años serán cruciales en la determinación del curso que tomarán los acontecimientos venideros.

Creemos que tres son las principales tareas que el escenario nos plantea: (i) Abrir y profundizar la discusión estratégica fraterna al interior del pueblo, con la perspectiva de superar con claridades políticas la situación de fragmentación en la cual nos encontramos. En este sentido, la discusión sobre estrategia feminista debe ser un énfasis especial, en tanto asumir la perspectiva feminista es una deuda histórica de la izquierda, e impulsarla con toda la radicalidad que amerita es una necesidad impostergable; (ii) Contribuir en la construcción de los espacios orgánicos y de los lineamientos programáticos que permitan fortalecer las distintas luchas que el pueblo ha venido dando, y unificar políticamente los programas parciales que han venido surgiendo al calor de la lucha en una sola visión de mundo anticapitalista y antipatriarcal; (iii) Poner todos los acentos de nuestra acción en la perspectiva de la construcción de un actor político con independencia de clase, con un programa propio y con capacidad de lucha para defender e implantar dicho programa.

A 44 años, el sueño de una sociedad distinta sigue intacto. Cada compañero y compañera caída es una razón más para luchar. Seguiremos avanzando con unidad, radicalidad, y con la perspectiva de construir las fuerzas con que, el día de mañana, retomaremos la ofensiva por nuestra libertad y dignidad.

A 44 años del Golpe de Estado:

Por nuestras caídas y caídos, ¡A fortalecer la memoria combativa y a reconstruir el camino para alcanzar la revolución!

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