Del conflicto amigo-enemigo al conflicto sujeto-proyecto

Sergio Morales y Mauricio Rifo

En el último tiempo, debido principalmente a la pequeña ofensiva electoral de las izquierdas, se ha vuelto a poner de moda la comprensión política del nazi de carnet, Carl Schmitt. Esta comprensión política entendería que la última “ratio” del poder sería el escenario real de los conflictos sociales y que una serie de artilugios jurídicos sujetos a la democracia liberal o democracia burguesa no permitirían que se expresará la verdadera esencia del conflicto de poder.

De esta manera, la esencia del conflicto por el poder estaría compuesta por una línea infranqueable entre quienes son parte de una concepción de poder (amigos) y quienes están en contra o disputan esa concepción de poder (enemigos).

Por cosas raras de la vida está concepción, absolutamente ajena y antagónica a cualquier movimiento obrero y popular del mundo, comenzó a ser utilizada por los intelectuales ligados a las izquierdas que vivieron situaciones de autoritarismo político y represión para enfrentar un cambio en la correlación de fuerzas de la lucha de clases.

De aquí en adelante, hemos sido testigos de los diversos eufemismos para nombrar este conflicto amigo-enemigo y en las más diversas escalas. Quizás la más famosa del último tiempo es la impulsada por Chantal Mouffe y su teoría del conflicto político como agonista. Este conflicto agonista, también muy en la moda de ocupar conceptos desde las ciencias duras, es la versión “soft” del conflicto vital de Schmitt en donde la disputa política es parte esencial del dinamismo de un sistema social. Habría que agregar que esta visión nace en un escenario en donde la izquierda mundial discutía, en los años 60 y 70, la posibilidad de la convergencia entre los esquemas polares de la época desde una socialización de la economía norteamericana y una democratización de la Unión de repúblicas socialistas soviéticas que diera paso a un “fin material” de las ideologías. Ante el fracaso de una posibilidad histórica de tal envergadura, emerge la visión de las “ideologías” como dinamismo connatural a la vida social.

El principal impacto de esta visión, amigo-enemigo, en el pensamiento de izquierda es la disolución conceptual, teórica y de conocimiento por la organización colectiva del conflicto de clases. Esto se debe principalmente a que se asume que la sociedad connaturalmente está compuesta por malestares, relativizando el rol que juega la construcción del tejido social que de coherencia y orientación a los malestares. De esta forma la política es una canalización de malestares en clave amigo-enemigo que debe ser sorteada por una correcta captación subjetiva del malestar. Las clases se diluyen en el océano del descontento.

Por lo tanto, desde una fraternal discrepancia, debemos insistir en lo central del viejo y actual conflicto de clases. Entendido este como una trayectoria histórica de prácticas, ideas y decisiones que nos permiten reconocer diversas clases sociales operando desde intereses comunes, que no es lo mismo que “aparatos ideológicos” del Estado actuando como estructuras sin conflictos y a favor de la dominación. Esta visión es absolutamente ajena a una comprensión clasista de la sociedad, por mucho que sea el caballo de batalla de la izquierda más “radical”.

Desde aquí, proponemos un “método”, divido en numerales, de trabajo militante que permita configurar un espacio político que entienda la construcción de tejido social como una relación entre la construcción de sujeto (clases) y proyecto (socialismo) y no la relación amigo (pueblos) y enemigos (políticos-empresarios):

1.- Inserción: El militante debe analizar de forma meticulosa el lugar donde está inserto, debe estar principalmente preocupado de 3 cosas:

    1. Legitimidad: la legitimidad dentro de un espacio social es crucial para cualquier iniciativa, ya que, si no se posee, todas sus acciones serán limitadas por este mismo grupo social.

    2. Organicidad: se debe estar muy atento a la dinámica que tiene el lugar donde se está inserto, ya que esto permite al militante constructor darse cuenta de; canales de información reales, espacios e instancias de reunión, de sus finalidades y alcances.

    3. Alcance: Cantidad de gente que se mueve alrededor de esta organización social, su periferia y su alcance teórico (Ej; Junta de vecinos que representa a 100 familias, pero a ninguna actividad llegan más de 20 personas, y las actividades son organizadas por 3 personas).

2.- Diagnóstico: El diagnóstico es una fotografía del espacio donde se está inserto, y dependiendo de las condiciones el militante podrá construirlo de forma individual o ampliada, siendo mucho más provechoso hacerlo de forma ampliada, para generar un diagnostico hay que dar respuestas a 2 clases de datos:

    1. Cuantitativos: Son la base más fría del análisis, es todo dato que pueda ser numerado, cuantas personas son, ingresos promedio, etc.

    2. Cualitativos: Son dados principalmente por el sentido común, tiene que ver con los gustos, las características propias y las carencias del sector donde se está inserto.

3.- Necesidades: Depende del diagnóstico, se infieren de los datos recolectados por él, y se verbalizan en las carencias mismas del lugar o sector intervenido, estas carencias deben ser sentidas por la población o debemos conocer una forma de sensibilizar al respecto si es que se quiere transformar esta necesidad en demanda.

4.- Demanda: Es la superación de la necesidad, ya que toma apuesta por una solución en particular.

5.- Configuración de la Contraparte: La adopción de esta demanda traerá consigo la definición de:

    1. Fuerza Propia: será todo el espectro posible de beneficiados directos de la demanda, prestando especial atención en el grado de compromiso y entrega que puedan poner en función de la demanda.

    2. Aliados: Quienes son beneficiados Indirectos, o quienes tienen compromisos o intereses puestos en el desarrollo de experiencias o demandas como las levantadas.

    3. Enemigos: Parte afectada, son quienes entregaran recursos que le son escasos para el cumplimiento de la demanda, por lo tanto se opone o limita el desarrollo o alcance de la demanda.

6.- Tareas: Son de orden permanente, aquí entran de lleno las herramientas del militante constructor, es decir:

    1. Espacio Ampliado: Hay que identificar el espacio deliberativo dentro de este movimiento social, generalmente tendremos dos posibles tipos de espacios; por una parte tendremos un espacio ampliado “formal o institucional” que es el que se dota de forma ampliada para todos los miembros, es decir, la asamblea general de socios en un sindicato, los consejos generales de estudiantes, consejo de presidentes o delegados para los estudiantes y las asambleas de juntas de vecinos para los pobladores, las asambleas o encuentros de los conflictos socio-ambientales; por otro lado tenemos a los espacios auto-convocados, los cuales son abiertos o semi-abiertos, pero tienen un carácter más político, por ende menos masivos o simplemente con otro objetivo, el cual generalmente es generar insumos o ampliar la visión de la asamblea, esto es, un colectivo o comisión que pueda actuar como “vanguardia” del movimiento social, instancia que va siendo punta de lanza del mismo y la instancia donde el militante va tensando el avance del movimiento hacia la generación de esta tendencia independiente. Hay que ser extremadamente estrictos al hacer el diagnóstico inicial de la organización social, ya que generalmente mientras más ambiciosas sean las metas establecidas por las demandas, más profundos serán los cambios que habrá que generar su seno, esto inevitablemente puede llevar a tensiones, que de no hacer un buen diagnostico y visión en los planteamientos, incluso pueden derivar en retrocesos, quiebres y pérdidas de valiosos actores en la lucha.

    2. Agitación: La agitación es vital al interior del movimiento social, hay que generar una “línea comunicacional” acorde al diagnóstico, a la demanda y al análisis de fuerzas. Es decir, la línea comunicacional debe agitar la demanda, directa o indirectamente, golpear a la contraparte siempre, pero en un lenguaje apropiado para el diagnóstico realizado.

    3. Formación: Parte fundamental de la generación de una franja independiente en el seno del pueblo depende de la posibilidad de instalar capacidades al interior de los espacios sociales, para que estos sean lo más autónomos posible, es decir, la formación debe estar destinada a dos ámbitos centrales; por un lado instalar herramientas, técnicas e ideológicas que le permitan tener tanto una comprensión más general sobre su entorno como ayudar a la ejecución de tareas técnicas, generalmente vinculadas a comunicaciones (por ejemplo aprender a diagramar); por otro lado generar pensamiento autónomo al interior de este movimiento, comprensión de su historia, y de elementos que le permitan ubicarse dentro de la formación económica y social, ubicándose así dentro de una clase y de esta forma encontrar su papel en la lucha de clases.

    4. Plan de Trabajo: El plan de trabajo es la concreción formal y articulada de lo anterior, haciendo un desglose especifico del conjunto de objetivos políticos y tareas de diverso orden, junto con asignarles una fecha o un intervalo de tiempo en el cual deberán desarrollarse y evaluarse.

 

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