Movilización en Derecho UCH: Análisis actualizado

Por ContraCorriente – Derecho UCH

12 de noviembre 2017

Este apunte corresponde a la continuación de otro documento elaborado hace dos semanas, el cual se dedicaba a realizar una lectura detallada del escenario político que enfrentamos las y los estudiantes de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. En esta ocasión, realizaremos un análisis de los últimos sucesos ocurridos y actualizaremos la parrilla de opciones que existen.

La metodología de análisis será similar: principales actores e intereses comprometidos; agregados a la coyuntura; y, posibles salidas al conflicto.

i) Principales actores e intereses comprometidos

a) Estudiantes

El estamento estudiantil ha dado paso a una movilización cuyos grados de legitimidad difícilmente se han visto en su historia reciente -último 27 años-, con ratificaciones de toma semanales que superan el 92% de aprobación (vale la pena recordar que la toma 2009 sólo se votó una vez y continuó hasta la renuncia del Decano Nahum).

De esta manera, la transversalidad de nuestras demandas, que afectan a una multiplicidad de realidades y grupos de interés, han decantado en posiciones de escepticismo frente a cualquier propuesta que emane de las autoridades, pues, para varios de ellos – y también para nosotros-, existe un historial de conversaciones frustradas o simplemente rechazadas que contextualizan todas las decisiones.

Al respecto, podemos mencionar que las y los estudiantes deportistas han tratado de dialogar con las autoridades desde principio de año -incluso antes- siendo ignorados por estas.  El manoseo que se ha hecho sobre las complicaciones paternales y maternales de estudiantes, funcionarios y académicos/as a propósito de la programación académica del próximo semestre que además ha sido duramente criticada durante la movilización por ser instrumentalizada por un sector de académicos/as. Compañeros y compañeras ciegos que carecen de la infraestructura necesaria para realizar sus labores académicas y de esparcimiento también han salido a criticar las actuales medidas de la administración. Todos botones de muestra de que hoy existe un justificado cansancio del pisoteo, la hipocresía y la mentira descarada, al punto de que solicitar la renuncia de las actuales autoridades de la Escuela es una posibilidad que ya ronda en distintos sectores de la movilización.

Sin embargo, lo anterior no necesariamente se traduce en una posición clara de fuerza. Tener amplias votaciones los días jueves no entregan nada más que una Escuela tomada, y con ello un accionar político que se osifica frente a una coyuntura que se va moviendo más rápido ¿a qué vamos con lo anterior? Las posiciones de fuerzas deben ser demostradas, o, lo que es lo mismo, deben tener su existencia en el plano de lo real para ser efectivas, ejemplo de lo anterior fue la marcha de más de 300 estudiantes y funcionarios en dirección a Casa Central para intervenir en el Senado Universitario, o la concentración en las afueras del primer Consejo de Facultad que tuvo al Decano con dificultad de aprobar la moción de “no diálogo”. Así, la decisión adoptada por las y los estudiantes el día jueves de “radicalizar la movilización” debe tenernos en alerta máxima para responder a cualquier coyuntura a que llamen nuestros dirigentes. El compromiso no puede estar sólo en el voto, cuestión necesaria pero insuficiente si lo que planeamos es ganar.

Por ahora, podríamos caracterizar al estudiante de la Facultad como un sujeto que comprende la necesidad de movilizarse, que está atento – o más atento de lo normal- a la coyuntura de lo que sucede en su casa de estudios, pero que no necesariamente se hace parte de la movilización. A ello se debe agregar también, que el atento seguimiento de la coyuntura no necesariamente se ha traducido en una reflexión estratégica de la movilización.

Cuando se hace un llamado a radicalizar la lucha estudiantil para terminar este conflicto lo antes posible, se hace al mismo tiempo una interpelación a cada uno de los individuos que componen este movimiento a pensar de forma audaz, a participar de las comisiones de funcionamiento y de las asambleas, a comprender que lo está en juego en este momento no es solo la posibilidad misma de organizarnos en tanto estudiantes y de luchar por condiciones dignas de estudio -que es otra forma de trabajo-, sino que también , el rol protagónico que nos cabe en el devenir de la Escuela para asegurar que nunca más nuevas generaciones tengan que pasar por lo mismo. A eso nos referimos con “democratizar la Escuela”.

Insistimos, la movilización actual se caracteriza por tener a dos partes con posiciones duras, por lo que la intervención de más actores en el conflicto resulta del todo necesaria. Tenemos que estar dispuestos a hacer grandes y arriesgadas cosas, so pena de transformarnos en una simple suma de intereses fácilmente fraccionables ¿qué dirán los deportistas si en plena negociación les dan los horarios especiales o si a los padres y madres les ofrecen todas las facilidades que sean demandadas? Necesitamos fortificar nuestra unidad política para que la pregunta anterior ni siquiera pueda ser pensada como un problema.

Finalmente, es preciso destacar la labor que hacen decenas de compañeros y compañeras día a día en la toma de la Facultad, articulándose para reproducir la vida de quiénes ahí hacemos carne la movilización; aseo, cocina, finanzas, comunicaciones, cronograma, vocerías, etc. En la toma de la Facultad se organiza colectivamente la vida de las y los estudiantes que se están movilizando: necesitamos fortalecer esa organización, la cual es la primera línea de batalla cada vez que algo sucede en la coyuntura. Ojalá más compañeras se hagan parte de las “asambleas de mujeres” y del espacio “SESEGEN toma” convocadas para elaborar lineamientos tácticos en lo que respecta a nuestra movilización y para luchar por conquistar espacios seguros para nuestras compañeras, como lo es hoy nuestra toma. Ojalá nutramos esa política estudiantil que se ha construido los últimos 10 años con nuestras experiencias, con nuestros análisis. Hagamos de la política una preocupación si no queremos ser fácilmente derrotados.

b) Académicos/as

El fraccionamiento inicial que vimos una vez comenzada la movilización se ha ido normalizando en dos bloques. Por un lado, aquellos que están por la política de rechazo al diálogo, donde a su vez es posible encontrar dos subgrupos: Aquellos que siendo contrarios a la actual administración rechazan la toma como herramienta política legítima (herencia del 2009) y prefieren ver a los estudiantes derrotados y no dispuestos a movilizarse nunca más. Aquí podemos ubicar a los profesores Ruiz-Tagle , Juan Manuel Baraona o María Cristina Gajardo, cuando plantean que nuestro accionar solo es una consecuencia de la mala e irresponsable administración. Y, otros cercanos a la autoridad, quienes simplemente se cuadran con la orden del Decano de “no dialogar”

El segundo gran bloque es de aquellos que, no mostrando acuerdo con las tomas en general, están dispuestos a escuchar las demandas estudiantiles y llamar al diálogo para su negociación. Profesores como Eric Palma o Maricruz son la cabeza más visible de esta postura, pero tienen detrás de sí a muchos profesores y profesoras que prefieren mantenerse al margen de esta disputa por posibles consecuencias para ellos, tal como le ocurrió a la propia profesora Maricruz a quien le fuera solicitada la renuncia por apoyar a un profesor contrario a las filas oficialistas.

Tras los últimos sucesos, hemos podido observar un fortalecimiento de las posiciones más duras del oficialismo que no quieren negociar nada con los estudiantes mientras permanezcamos en toma y que tienen una correlación de fuerzas positivas al interior del Consejo de Facultad. En este escenario, resulta crucial que el estamento estudiantil realice esfuerzos por informar de mejor manera a las profesoras y profesores: compartir en u-cursos nuestros comunicados; mandar mails a nuestros profesores y profesoras cercanos preguntando por su opinión, son todos métodos que nos permiten permear al estamento académico con nuestras propuestas y discusiones.

De esa caracterización de posturas, es menester tratar de dilucidar los intereses que operan por detrás de estas expresiones políticas. Las fuerzas clientelares que se ordenaron detrás del actual decanato están conformadas por profesores insignes e influyentes que pretenden hacer de esta Universidad algo similar a lo que vieron en sus doctorados en Europa. A ellos se fueron sumando sus pupilos que hicieron análoga carrera y que prontamente cobraron poder propio frente a esta vieja guardia. Así podríamos leer el autoexilio del profesor Bascuñán o el silencio insospechado de la profesora Figueroa, quien primero apoyara al Decanato para, luego del primer año, denunciar sus malas prácticas sobre todo en lo referido a contrataciones.

Esta ordenación de fuerzas oficialistas se lee a sí misma con escaso margen de acción para implementar su programa político (sobre todo por el despido del sector vinculado a la profesora Maricruz, pero que se encuentra nuevamente fortalecido por la contratación de nuevos investigadores/as con jornada completa) Es desde esa lectura que algunos académicos/as han justificado la forma de implementar política de la actual administración, es decir, las medidas autoritarias impuestas por decanato se justifican en tanto no den opción para que la oposición las contrarreste. Dicho lo anterior, es posible concluir que el estamento estudiantil no entra en los análisis del oficialismo como una fuerza principal o aliada, sino meramente como un actor reactivo a la coyuntura al cual sólo hay que domesticar.

c) Funcionarios/as.

El estamento funcionario se encuentra en una posición más incómoda que hace algunas semanas, sus mesas de negociación se encuentran congeladas a la espera del resultado de nuestra movilización por lo que, mientras la autoridad no atente directamente contra sus intereses, debiéramos seguir esperando contar con su apoyo.

Así en más, la relación que actualmente tenemos con el estamento funcionario goza de buena salud -quizás la mejor que hemos tenido en años- pero se encuentra estancada políticamente, al menos en los referido a la coyuntura de esta movilización. Este flanco debe ser trabajado a nivel de bases y dirigencias: seguir apostando por las asambleas bi-estamentales y organizar manifestaciones conjuntas pueden ser las mejores maneras de seguir trabajando esta relación.

Por otro lado, debemos estar atento a cómo avanzan las negociaciones del sector público que pueden decantar en movilizaciones funcionarias a nivel nacional durante el mes de noviembre, tal y como ya hay una convocada para el día martes 14 por la CONFUSAM.

d) Rectoría.

A raíz de nuestra solicitud de intermediación, Rectoría comienza a jugar un rol más activo en esta pasada, no es que antes estuviera al margen, pero el Prorrector se ha mostrado incapaz de encontrar una posición sólida para intervenir. Este actor corre con intereses propios, las elecciones de Rector son en mayo del próximo año, por lo que los aspirantes a dicho cargo ya operan con calculadora en mano.

Los objetivos que observamos en Rectoría son dos. Por una parte, cerrar lo antes posible el conflicto para calmar las aguas en una Facultad con muchas jornadas y, por tanto, decisoria para el momento de la elección. Por otro lado, evitar una polarización que implique perder votos de una parte considerable de académicos. De ahí en más, que no podemos esperar mucho de la intervención Rector, a menos que sea forzado a realizar ciertas acciones que debemos definir en nuestras asambleas y para las cuales debemos estar preparados.

ii) Agregados a la coyuntura.

Para comprender mejor este punto, recomendamos releer el primer apunte publicado en su apartado coyuntura.

Por ahora basta decir que el escenario estudiantil mantiene a las organizaciones políticas entregas al tema eleccionario, ya sea apoyando el trabajo de sus listas a la Fech, o haciendo de mano de obra en las campañas nacionales, tanto en las presidenciales como las parlamentarias. Esperemos que este escenario cambie una vez realizada la elección Fech el 13 y 14 de noviembre, y luego las presidenciales del 19. Necesitamos a más organizaciones políticas pensando el espacio, es ese el rol primario que siempre han debido tener en sus inserciones estudiantiles.

iii) Posibles salidas al conflicto.

Hasta ahora las posiciones estudiantiles se han condensado en su totalidad bajo la idea de “radicalizar la movilización”, lo que de acuerdo a nuestros análisis es todavía una posición vaga, no en tanto carezca de ideas para hacer efectiva dicha radicalidad, sino por cuanto todavía falta ver en la subjetividad estudiantil un estado de ánimo que permita comprender de forma clara qué significa “radicalidad” en un escenario como el actual.

En un momento donde las posiciones oficialistas (decanato) se endurecen y los estudiantes hemos decidido radicalizar nuestra movilización, debemos apostar por el fortalecimiento de nuestra organización interna y tratar de buscar la solidaridad del resto del movimiento estudiantil tanto a nivel local como nacional. Es necesario buscar más aliados en este conflicto: sindicatos, federaciones estudiantiles, centros de estudiantes, organizaciones sociales y políticas, todos bajo el eje discursivo de “sí al diálogo” versus la posición obtusa de nuestras autoridades con egos demasiado grandes para reconocer sus propios errores. De igual manera, creemos que cada día se hacen más inviables ciertas tácticas que tratan de que nuestra movilización sea lo menos molesta para las y los estudiantes. Es necesario comprender que el momento al que nos acercamos, es el punto crítico y de inflexión de todo el proceso de movilización y que, por ende, requerirá redoblar el compromiso y los esfuerzos que realicemos.

Finalmente señalar que el actual escenario está decantando en una guerra de posiciones que apunta al desgaste en el largo plazo, por lo que nuestra movilización debe comenzar a racionalizar sus esfuerzos, a pensar en términos estratégicos con urgencia, estar dispuestos a llevar a cabo acciones arriesgadas y a seguir fortaleciendo la unidad funcionario-estudiantil. Hay miradas atentas en el mundo social respecto a lo que suceda con nuestra movilización, por lo cual debemos estar a la altura de los desafíos.

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