A 47 años de la fundación del campamento Nueva Habana

Por Víctor Flores Gallardo

El primero de noviembre 2017 se celebró el 47 aniversario de la fundación del campamento nueva Habana. Esta vez con notorias diferencias de las celebraciones anteriores dado que fue protagonizada, en parte, por pobladores de la nueva toma de terreno que queda a un costado de la histórica población y que también lleva por nombre Campamento Nueva Habana.

Raíces históricas, con el auge de las tomas de terrenos en los años 50-60s por miles de familias que vivían hacinadas en conventillos, a la orilla de canales y alrededor de vertederos municipales, como fenómeno de la gran migración del campo a la ciudad y la falta de trabajo en estas, las tomas de terrenos se fueron convirtiendo en una practica de los mas pobres y marginados del país y con ello se fue creando el imaginario identitario del poblador.

A fines de los 60, luego de la emergencia del movimiento de izquierda revolucionaria MIR (año 1965) nuevas tomas de terrenos son impulsadas, esta vez con claro contenido político y el fortalecimiento de la identidad del poblador y de un imaginario de sujeto social, los “pobres del campo y la ciudad”. La toma de terrenos “26 de enero” fue el primer paso de este poblador convertido ya en sujeto, problematizando el carácter de la organización, evidenciando la necesidad de las milicias de autodefensa de la toma, las brigadas de sanidad y el levantamiento de barricadas para impedir la agresión policial, la olla común etc. En este contexto emerge el primer dirigente popular de alcance nacional, jefe del campamento 26 de enero, cargador de la vega y miembro del comité central del MIR, Víctor Toro.

De esta experiencia surgió la base material sobre la que se proyectaría el campamento Nueva Habana dos años después. De las tomas de terrenos Magaly Honorato, Elmo Catalán y Ranquil conducidas por el MIR y luego de extensas movilizaciones y luchas callejeras, se obtiene como solución la expropiación del fundo Los Castaños en el sector nororiente de la comuna de La Florida. Allí nació el 1 de noviembre el campamento Nueva Habana, y de experiencias similares, la población La Bandera en la intersección de Santa Rosa con Américo Vespucio, zona sur de Santiago.

El campamento nueva Habana se caracteriza inmediatamente por su alto grado organizativo como por su nombre, que provocaba terror a las clases privilegiadas del país. 1600 familias se organizaron en manzanas, cada manzana tenía una directiva y los integrantes de esas directivas y jefes de otras organizaciones integraron el “Directorio”, una especie de órgano legislativo, es decir, la asamblea como órgano de poder máximo con una jefatura elegida a mano alzada que junto con los frentes de vigilancia, de salud, de educación, el almacén del pueblo y la guardia constituyeron la característica organizativa principal.

De las acciones de la guardia y el frente de vigilancia surge la mayor controversia con el Estado al prohibir el ingreso de la policía a la población. En adelante era responsabilidad del frente de vigilancia resolver casos de mala conducta de pobladores, robos u otros. La declaratoria de ley seca – prohibición de venta de alcohol dentro de la población – fue otro hecho que la caracterizó. La vida cotidiana estaba dada por el amplio trabajo voluntario, redes de agua, de luz, letrinas colectivas, turnos de aseo público, abastecimiento. En lo externo, la movilización y coordinación con otras tomas de terrenos para una solución definitiva a la demanda de la vivienda, dieron lugar a amplias marchas y protestas en el centro de Santiago. El gobierno de Allende responde a esta demanda con la creación del Departamento de Ejecución Directa de CORVI y como resultado de ello se construyen cientos de miles de viviendas para familias trabajadoras. La población participó activamente en el diseño de las casas a construir y supervisó la calidad de las mismas  interviniendo en la recepción de materiales.

De esta experiencia surge otro dirigente poblacional de gran alcance, Alejandro Villalobos, el “Myque”. Tal como los demás dirigentes del campamento, son de una composición popular, vienen de los sectores mas marginales del pueblo y se construyen con este. Es por ello que esta “generación” de pobladores del campamento Nueva Habana trasciende su propia historia.

Pobladores del campamento Nueva Habana mantuvieron, luego del golpe militar, una red solidaria para ayudar a quienes eran buscados y desarrollaron actividad de resistencia, principalmente propaganda, durante los primeros años de dictadura. Ya a inicio de los ochenta se desarrollan otras formas de resistencia, ollas comunes, movilizaciones y extensa propaganda antidictatorial.

La actual toma de terrenos “Nueva Habana” protagonizada por hijos y nietos de estos pobladores busca recoger el legado solidario y popular de esa experiencia. Ya ganaron la pelea por el terreno, ahora viene la lucha por la construcción de sus viviendas.

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