Entrevista a Hugo Marchant luego de 25 años de destierro: “Hay que seguir luchando por el proyecto revolucionario”

Por Daniela Castillo Pérez

“Entonces, si tenemos claro que las revoluciones las hacen las masas, no lo hace una vanguardia, es distinta la relación que tiene que tener una vanguardia con las masas en lucha, habría sido mucho más efectivo el accionar revolucionario del MIR si estas contradicciones hubieran sido resueltas en su debido momento”.

Después de 25 años se pone fin al destierro de Hugo Marchat Moya en Finlandia, ex militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Hugo fue expulsado de Chile el año 1992 luego de que tras 9 años privados de libertad en la ex cárcel pública se le conmutara la condena de presidio perpetuo por extrañamiento que recibiera a consecuencia del ajusticiamiento de Carol Urzúa.

El cumplimiento de la condena el 17 de noviembre reciente pasado es un hito en la vida de Hugo que implicar tomar importantes decisiones sobre su futuro al tiempo que reabre reflexiones políticas.  Nos recibe afectuoso bajo el gélido otoño nórdico para compartir algunas de ellas y realizar juntos un ejercicio de memoria que permite revisar aciertos y desaciertos así como proyectar las luchas del futuro.

Daniela Castillo: Hugo, muchas gracias por la entrevista. ¿Podrías contarnos tus inicios en la militancia y qué significó para ti militar en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria?

Hugo Marchat: Soy militante de la Izquierda Revolucionaria desde los 16 años. Desde el exilio asumí la militancia en el MIR y fui militante hasta el año 88, cuando el MIR se divide. Ante la imposibilidad de que esa crisis haya tenido solución, ya no tenía nada más que hacer ahí. Ahí consideré y seguiré considerando que el proyecto revolucionario que dio origen al MIR, es un proyecto que todavía sigue vigente, dentro del cual yo me defino como militante de la izquierda revolucionaria que, además, es lo más importante dentro de un ser humano, ya que la militancia no es algo que comienza y termina con una militancia partidaria. La militancia revolucionaria es una posición política ante la vida ya que fundamentalmente el objetivo nuestro es la transformación de la realidad, la que se resume en la existencia de ricos y pobres.

Desde los 16 años – cuando estudiaba en el liceo – asumí el compromiso revolucionario. Primero como estudiante, después como conscripto en las Fuerzas Armadas. Después lo que nos correspondió en el gobierno de la Unidad Popular, la resistencia, el exilio. Después el retorno. Luego participar activamente en la resistencia popular en la clandestinidad a fines de los años 80 hasta que caímos presos en septiembre del año 83. Y después, la vida de preso político, por 9 años.

Y bueno, ahí nos tenemos que ver enfrentados a la realidad que nos tocó, donde somos derrotados política y socialmente y como presos políticos tuvimos que ver todo el proceso de descomposición de la Izquierda Revolucionaria de aquella época. El triunfo de lo que fue la estrategia de la oposición burguesa, que es lo que se expresó en todos los gobiernos que vienen después de la dictadura.

El haber combatido a la dictadura estaba considerado un crimen y, por lo tanto – como en el caso mío – fuimos condenados a 25 años de destierro, lo que en estos días ya está acabando.

DC: ¿Cuál fue el contexto político en el cual se realizó el ajusticiamiento a Carol Urzúa?

HM: A partir del año 83 y desde fines del año 82 aproximadamente, irrumpe el movimiento de masas de una manera definida y ascendente, el cual es brutalmente reprimido. Particularmente, en la protesta que tuvo lugar el mes de marzo del 83, cuando la dictadura decide enviar 18.000 soldados a las calles de Santiago, hubo una cantidad importantes de víctimas fatales. Por ello, la dirección del MIR toma la decisión de ajusticiar al Intendente de Santiago con todos sus guardias de seguridad. Nosotros como combatientes no teníamos idea, sabíamos que íbamos a participar en una acción de ajusticiamiento, pero no teníamos ningún detalle por razones obvias, y en ese contexto político es que se lleva a cabo la operación.

DC: ¿Tú crees que fue la decisión más correcta para ese momento político?

HM: Yo creo que las operaciones anti represivas que se llevaron a cabo fueron correctas, el problema no está en ese plano, creo que el problema está en que una de las deficiencias que tienen todas las operaciones, es que no existía la unidad entre proyectos, lo cual debilitaba enormemente la apuesta. Creo que una de las grandes deficiencias es que no queda clara la manera de ligar permanentemente el accionar armado con el accionar de masas, porque la cuestión no se trataba en ningún punto de vista de un enfrentamiento entre los aparatos de una organización revolucionaria con el aparato represivo de la dictadura. En realidad, sabemos perfectamente que el objetivo principal nuestro es la burguesía, pues no sacábamos nada con una política de aniquilamiento a las fuerzas represivas si el poder se mantiene intacto.

Entonces, si tenemos claro que las revoluciones las hacen las masas – no la hace una vanguardia – es distinta la relación que tiene que tener una vanguardia con las masas en lucha. Habría sido mucho más efectivo el accionar revolucionario del MIR si estas contradicciones hubieran sido resueltas en su debido momento. O sea, pienso que lo que después dio origen a la división del MIR, era algo que ya estaba anidado, eso ya venía existiendo antes que se iniciara el proyecto del retorno. Ahora, yo no cuestiono en absoluto las acciones que se hicieron, el problema fue justamente esto otro.

DC: ¿Cuáes eran los debates políticos que tenía el MIR en ese tiempo?

HM: Antes de seguir quiero decir que yo era solo un militante, yo no era un miembro de dirección. Pese a ello mi percepción – más lo que yo pensaba en ese momento – estas son las reflexiones que he hecho después de todo este tiempo, mientras estuve solo como un ermitaño aquí en Finlandia.  En primer lugar, yo no cuestiono en absoluto una militancia revolucionaria. Por el contrario, al buscar una explicación del porqué fuimos derrotados, por qué nuestra organización no pudo sobrevivir a esa lucha, yo creo que básicamente, es el costo que tuvo que pagar el MIR por desarrollar una política revolucionaria inmediatamente después del golpe militar. Paga un costo demasiado alto, donde pierde a hombres como Miguel Enríquez, Bautista Van Schouwen, Dagoberto Pérez. Lo más brillante que tenía la dirección política, ni todo el Comité Central en su conjunto, lograron llenar el vacío que quedó con la caída de estos compañeros. Pues una de las cosas de que adoleció enormemente la organización el no haber tenido una discusión profunda y un balance adecuado en el cual hubiese sido posible valorar la fuerza propia, porque no se tomó en consideración que los militantes que sobrevivieron a la tortura y en qué condiciones salieron. Y la verdad no podían seguir en la primera línea. Creo que ahí hubo una evaluación incorrecta. Como militante no vi que este partido hubiese tenido una discusión colectiva que fuese el reflejo de las decisiones. El problema es que se siguió funcionando con todas esas contradicciones sin resolver.

Pese a eso y a que los costos fueron muy dolorosos, finalmente lo que se hizo fue instalar una alternativa revolucionaria en la lucha contra de la dictadura. Este fue uno de los grandes logros, pero por cierto se pagó un precio muy alto.

DC: ¿Cómo enfrentaste emocionalmente tanto la situación de la prisión de la tortura y luego el destierro?

HM: Creo que la militancia revolucionaria es algo que no se obtiene una vez para que exista de por vida, la militancia revolucionaria es algo que se tiene que ganar cada día, yo pienso que todos los reveses que pudimos tener en el transcurso de la lucha, ya sea ayer en el exilio, durante la inducción, durante la clandestinidad, durante el destierro, son parte de la militancia. Pienso que siempre nuestra ideología revolucionaria es la propia realidad en la cual nosotros vivimos. Son justamente las características criminales que tiene el sistema capitalista las cuales veo en todos lados, lo veo en Chile, lo veo donde esté. Es algo que a mí me reafirmó la convicción revolucionaria, es algo que no se debilita. Todo lo contrario, tengo un cariño muy profundo a todos mis compañeros, particularmente, a mis compañeros que cayeron, porque ellos siguen viviendo.

DC: ¿Qué ha significado para ti el destierro?

HM: Para mí el destierro es un castigo, aunque muchos crean que es un exilio dorado. Para mí lo más terrible que me haya podido pasar es que me destierren de mi realidad, que me saquen de lo que es mi historia, que me imposibiliten seguir luchando en mi país. Más aun en esa época, cuando termina la dictadura e indudablemente cambia la situación política y las tareas son enormes como eran las de entrar a reconstruir la organización revolucionaria, sobre todo cuando hay todo un proceso de dispersión y descomposición. Que me saquen de esa realidad, es el costo que hemos tenido que pagar por nuestra derrota en el mundo, porque el retroceso que tiene el movimiento revolucionario no es solamente en Chile, sino que es a escala mundial.

DC: ¿Por qué optaste por Finlandia?

HM: Yo tenía una situación privilegiada al resto de los compañeros para elegir donde hacer el exilio. Me atrajo su geografía, sus bosques, lo inhóspito de su naturaleza. La historia de Finlandia es atractiva, después de haber vivido todo lo que viví, la derrota, la caída de los socialismos reales, el avance impetuoso del sistema capitalista al resolver su crisis de acumulación iniciando la época del neoliberalismo, yo había tenido una experiencia en el exilio en el 90. En esa época yo estaba solo.

Ahora no, tengo mi familia, que es una situación bastante especial. Todos los años que pude pasar, física y mentalmente, no son sólo para mí, sino también para ellos. Yo que tengo si se quiere, más “recursos” para poder enfrentarme a ellos, pensé que esta naturaleza podía ser un elemento, el hecho de que no hubiera otras familias chilenas, cosa que ellos pudieran hacer su propia experiencia. Por cierto, hay cosas terriblemente difíciles, pero por lo menos pudimos sobrevivir, aunque no me interesaba más que mi vida modesta, no tenía en la cabeza ninguna motivación de obtener recursos ni lujos.

DC: ¿Intentaste militar en Finlandia? ¿Tener algún proyecto político en el cual desenvolverte o siempre pensaste en volver a Chile y militar allá?

HM: La idea del regreso, del retorno, es algo que siempre estuvo encendido dentro de mí, pese a que sabía que la situación política. No era algo tan fácil poder hacerlo, por lo tanto, era muy probable que tuviera que esperar 25 años para que se pudiera llevar a cabo. Sin embargo, muchas veces anduve pendiente de poder realizar alguna actividad política, pese a las limitaciones del idioma. Pero la mayor parte de las veces no lograba superar mi aislamiento político porque lo que separaba mi visión de lo que aquí se llamaba la izquierda, era un abismo. En realidad, lo que significó el derrumbe de los socialismos reales y el avance de la contra revolución, con lo que la gente conoce con el neoliberalismo, lo que se produce luego de la derrota, es una cosa de la que Finlandia no quedó ausente.

Algunos investigadores de izquierda, más bien el 70 por ciento de la izquierda, aquí en Finlandia “se fue pa’ la casa” y lo que quedó tuvo un viraje absolutamente hacia la derecha. Lo que sigue existiendo aquí como izquierda pescó a Carlos Marx y a Lenin y los tiraron a la basura.

Con el avance de los años y la agudización de la crisis, a fines de la primera década del siglo, empieza a haber un nivel de discusión, pero sin ningún resultado. Aquí hay una izquierda, aquí hay muchos anarquistas, pero producidos por la academia, por lo que la discusión es muy limitada. De todas formas, después de los años empezaron a aparecer compañeros de otras latitudes, con los que uno empieza a encontrarse, lo cual es muy reconfortante. Si yo lo comparo a la década de los 70, cuando fui exiliado por primera vez, la distancia es enorme.

Por lo tanto, desde luego gracias a mi compañera, por su desempeño en el trabajo social – que no es mi fuerte – he aprovechado para saber que se hace aquí y, además, con los viajes a Chile, nos encontramos con lo que es la emergencia del movimiento social allá el 2011. A partir de esto, a nosotros se nos ocurre realizar una acción desde aquí, que ya años anteriores habíamos pensado en hacer. Se trataba de una campaña, pero la verdad de las cosas es que yo me quedé en minoría del tipo de accionar que ellos pensaban porque para mí era fundamental que fuera una acción directa. No podía ser algo tan pasivo y tan formal, y dado que eso era totalmente intrascendente y dado que en Chile había cambiado totalmente la situación política, nosotros pensamos en solidarizar con ese movimiento social y en saludar a esos movimientos mediante la acción propia, esa fue la idea.

Pienso que la campaña que hicimos a finales del 2011 y 2012, fue completamente exitosa porque logramos generar el hecho político que nosotros pensábamos. Pero quedó claro una cosa: que la condena la iba a tener que cumplir, porque lo que el régimen estaba dispuesto a ofrecerme era negociar. Y yo no estaba dispuesto siquiera a comenzar a hacerlo, porque eso es inconversable. Porque eso implicaba que salieran los criminales que estaban en las cárceles que, aunque fueran cárceles de oro, es una gran cosa que un juez haya dicho que determinado tipo realizó crímenes, asesinó y desapareció gente. Frente a ello, prefiero cumplir los 25 años de destierro antes que yo sea la llave para que ellos se vayan a sus casas. En ese plano soy totalmente inflexible.

DC: ¿Tú crees que algo falló en estos intentos de volver a Chile?

HM: Yo creo que no, que no era posible, porque los dueños del poder siguen siendo los mismos. No hay que olvidarse que nosotros estamos cumpliendo un castigo por el hecho de haber sido derrotados, y los poderosos tienen las formas de hacer política que es desde la negociación. Nosotros los revolucionarios exigimos, porque mediante la justicia no creo que sea posible conseguir nada.

DC: ¿Cuáles es tu análisis político respecto a la situación en Chile, desde la transición hasta hoy?

HM: Pienso que la situación política en Chile ha dependido y depende completamente del nivel de desarrollo, de la dinámica, de la crisis de legitimidad. Creo que antes de la caída de los socialismos reales estaba establecida una hegemonía, una disputa entre dos fuerzas. Esa realidad cambió con la derrota que sufren los revolucionarios a escala mundial y, por otra parte, la solución que da el modelo capitalista. Por lo tanto, tenemos el hecho de que el imperialismo norteamericano inicia todo un proceso de exterminar todo aquello que parezca socialismo y que parezca Estado de Bienestar. Para ello emplea distintos medios: la lucha política, la lucha económica y donde no puede resolver políticamente, lo resuelve con guerra.

En el caso de Chile, dentro de esa dinámica queda mucho más definido el rol en el resto del mundo: es un proveedor, pues Chile tiene enormes riquezas naturales. Desde luego, durante dos ocasiones nos acercamos a una revolución: como es el proceso de la Unidad Popular y después, la lucha de la resistencia popular, llegando a la época más avanzada que es el proceso donde irrumpen todas las protestas nacionales.

La contra revolución sabe responder de manera efectiva y nosotros somos derrotados por diferentes flancos: en la lucha frontal con el enemigo, pero también, somos derrotados en el seno de nuestras organizaciones revolucionarias donde parte de nuestra militancia emigró a lo que se llamó el “movimiento de los renovados”, tales como el MAPU, el Partido Comunista y el Partido Socialista. No fue una pequeña cantidad de militantes la que emigró a la estrategia de la burguesía, por lo tanto, dados todos esos elementos que conforman la situación política, lo que le llaman el proceso de transición, no fue más que el proceso de continuidad de la dictadura. Bajo una supuesta democracia, pero que indudablemente durante los años de dictadura, se construyó un nuevo estado que no va a dar lugar a que se genere otra coyuntura como la que se dio en esa época de la Unidad Popular. Entonces, el famoso proceso de transición es cambiar la dictadura llevada por las Fuerzas Armadas por una casta política pos dictadura, hoy se ha hablado mucho de la corrupción, colusión, pero pienso que todo eso es parte sustancial, es inherente al sistema capitalista. Solo que hoy es más desvergonzado que antes.

Hoy día quedó totalmente establecido, con el surgimiento del movimiento de masas, que después del 2011 está planteada la posibilidad real de desarrollarnos en todos los escenarios. Sólo el hecho de que cientos de miles se movilicen, significa que hay contradicciones del sistema que son detectadas por los diferentes sectores sociales. Por lo tanto, creo que por una parte tenemos el irrumpimiento del movimiento social y, por otro lado, la incapacidad del sistema capitalista de poder resolver sus contradicciones. En vez de resolver la crisis, se profundiza y entra en estado de pudrición y eso lo reflejan los fenómenos de corrupción, colusión y la deslegitimación que tienen, donde es masiva la apatía electoral por parte de los distintos sectores sociales.

La situación política que se está viviendo en Chile no es muy distinta a la que se está viviendo en Europa, guardando el sentido de las proporciones. Quizás en Chile es un poco diferente porque el desmantelamiento del Estado de Bienestar en Europa ha sido gradual a diferencia de Chile, que se hace drásticamente mediante una dictadura militar, con gente torturada, asesinada y todo lo que significó la dictadura para nosotros.

Por otro lado, para que pueda existir el proyecto revolucionario es lograr avanzar en la unidad de los mismos, lo cual no es fácil por todo el proceso de dispersión que quedó después de esa unidad. Debe construirse a partir del trabajo concreto que cada organización o colectivo, ese es un trabajo que se tiene que dar, porque el enemigo es poderoso. No es la misma situación que se tiene en los años 60, creo que hacer la revolución es completamente posible, pero requiere mucho trabajo y creatividad. Por ningún motivo podemos hacer la política del mal menor, y eso se está viendo en Chile como, por ejemplo, las acciones que se vienen desarrollando con la coordinadora No más AFP. Esas son acciones que no necesitan de balazos, pero que tienen un impacto para la gente. El pueblo mapuche también lo viene haciendo con elementos muy sencillos.

DC: ¿Que sientes ahora que has terminado la condena? ¿Quieres volver a Chile a continuar tu militancia?

HM: La pena ya se cumplió y lo que quiero hacer es continuar mi militancia revolucionaria, sino para mí no tendría sentido ir a Chile si no es ir a encontrar mi lugar en la lucha. Ahora bien, con qué organización lo voy a hacer, eso ya es otra cosa.

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