Entrevista a Hernán Rojas, ex militante del FER y del MIR – Primera Parte

Primeras experiencias de militancia en el movimiento estudiantil: “nuestra tarea era de autoeducación y de la transformación de la educación en Chile”

Por Javier Pineda, Aurora Roja

En el frío invierno de Oslo, Noruega, conversamos con el compañero Hernán Rojas, quien fue militante del Frente de Estudiantes Revolucionario (FER), del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y de la Liga Comunista (LC), y quien lleva aproximadamente 40 años en el país escandinavo, empapándose de las luchas del norte y del continente europeo, aunque aún mantiene vínculos activos en nuestro país y en el Wallmapu.

A pesar de los 10 grados bajo cero, el café nunca falta y la calidez de la conversación nos lleva a conocer un poco la historia de este militante, quienes nos relata sus experiencias estudiantiles en el FER, luego su experiencia con los cordones industriales en Santiago las corridas de cerco en conjunto al Movimiento de los Campesinos Revolucionarios (MCR) en la zona de Linares, bajo el mando de Anselmo Cancino, para luego relatarnos la crudeza de la clandestinidad y el exilio. Finalmente, conversamos sobre su lucha en Noruega, sus vínculos con nuestro país y sus perspectivas para la construcción de un proyecto socialista a nivel mundial.

En esta primera parte conversamos sobre sus primeras experiencias como militante, su participación en el FER y la relación obrero-estudiantil en los tiempos de la Unidad Popular.

Javier Pineda: Compañero Hernán. ¿Qué lo llama a militar y cuáles son sus primeras experiencias de militancia tanto en el movimiento social como en organizaciones políticas?

Hernán Rojas: Yo personalmente desperté muy pequeño, era un viejo chico. Nací cerca de la población La Legua, y mis padres se trasladaron a otra población obrera, que es la población Vicuña Mackenna Sur, en el paradero 5 de Vicuña Mackenna. Mi padre, como dirigente de la recién organizada ANEF, estudiaba Derecho y abandona la carrera para convertirse en sindicalista, participando en la construcción de la ANEF dentro de la CORFO. Ahí vino una persecución sindical a los trabajadores y a mi padre lo echaron, entonces estuvo un año en la cesantía, en la pelea corta de sobrevivir. Y ahí con mi padre, con quien íbamos a las tabernas que había por alrededor de Vicuña Mackenna, siempre nos encontramos con dirigentes obreros. También había lugares donde se encontraba la gente, en casas privadas con sus fogones; había mucho colectivo, la gente conversaba mucho. Habían diputados obreros, dirigentes de distintas zonas. Entonces ahí mi padre me introdujo a estos temas, al tema del trabajo, la falta de recursos, el gobierno y estos planes de ayuda a la pobreza; desde temprano me contó que había que tomar elecciones, participar.

JP: ¿Y cuál es tu primera experiencia de militancia? ¿Fue en la Escuela?

HR: Antes del colegio, yo partí en 1964, cuando fue la candidatura de Allende contra Frei. Y resulta que yo, como niño, a los 8 años ya andaba en los camiones gritando por la candidatura de la izquierda. Era muy bonita esa experiencia en las poblaciones obreras, arriba de un camión gritando “¡Allende! ¡Allende!, ¡El pueblo te defiende!”.

Y bueno, después en la escuela fui siempre un dirigente rebelde. Estuve en una escuela cristiana donde me sacaban la mierda todos los días, así que me levanté temprano y le grité a la monja: “Cara de pingüino, hasta cuándo me vai a molestar!”. Por supuesto, me echaron de la escuela. Yo estaba en un jardín infantil de la Estándar Electric que tenía una escuelita atrás del jardín infantil. De ahí volví a la escuelita católica donde tuve que soportar varios años bajo esa disciplina; luego a la Escuela Argentina, y empecé a participar muy activamente en clubes juveniles, de deportes, entre otras actividades. Posteriormente, entré al Liceo 10 de donde me sacaron. Luego, me fui al Liceo Valentín Letelier donde también fui dirigente y también me sacaron. Y, por último, fui al Liceo 8 donde también me sacaron (risas).

JP: ¿Y en los colegios que me mencionaste militaste en alguna organización?

HR: Claro. Primero fui dirigente de las Juventudes Comunistas cuando estaba en el Liceo 10 con un amigo que se llamaba Lenin Gamboa, un gran compañero. Y después, cuando me fui al Valentín Letelier, yo era miembro de la Brigada Ramona Parra, cuando era muchachito sí todavía. Yo no compartía la idea de perseguir a los compañeros miristas en la Alameda por defender al gobierno que iba a venir, o sea, al gobierno de Allende. Y bueno ahí me metí a lo que se llamaba el FER y al MIR, poco a poco. Mientras todavía estaba en el Valentín Letelier ya estaba como dirigente de todo el comité local del FER en la zona norte de Santiago, y después me trasladaron al sur para ser jefe de todo el comité local del FER.

JP: ¿Cuál es la experiencia que tuviste en el movimiento estudiantil secundario? ¿Cuáles eran las actividades políticas que ustedes desarrollaban tanto dentro del Liceo como fuera de éste?

HR: La primera tarea que nosotros nos dábamos era organizarnos a nosotros mismos, a los sectores populares y los que estaban de acuerdo con nuestras ideas de hacer buenas alianzas. Después, con el alrededor. O sea, comunicarse con la gente que estaban alrededor: había escuelas de diferente tipo, había escuelas de niñas, escuelas normales de educación pública con quienes solidarizábamos. Habían fábricas y cultura alrededor, y nuestra tarea fundamental era solidarizar con los sectores más desposeídos.

JP: ¿Qué actividades de solidaridad realizaban?

HR: Hubo muchas formas. Pero de manera regular, apoyábamos huelgas, apoyábamos cuando habían catástrofes con trabajo voluntario. Apoyo concreto a largos procesos de autonomía que hubo en la educación en escuelas comerciales y otro tipo de escuelas que eran obreras.

Pero también participamos en la primera encuesta nacional de estadísticas. Y ese fue un trabajo gigantesco que nos hizo conocer la pobreza directamente. Yo me fui a zonas gigantes de cités y poblaciones en muy malas condiciones. Nos dimos cuenta de cómo vivía la clase trabajadora en Chile, con muchísimas dificultades. Eso llevó a que posteriormente nos fuéramos a apoyar la lucha poblacional y campesina. También siempre estuvo presente la lucha por una mejor educación, que nos resultó finalmente en esto de la Escuela Nacional Unificada, que era una forma de democratización de la educación donde estaban los padres, los auxiliares, los profesores y nosotros mismos participando de igual a igual con los rectores. Esto nos permitió unir los dos estamentos de la educación: la nocturna con la diurna, lo que nos hizo también apoyar mucho a los compañeros trabajadores de la nocturna.

JP: ¿Y ustedes cómo se organizaban al interior de los Liceos?

HR: En asambleas del FER. Nos juntábamos antes de iniciar las clases y hacíamos siempre asambleas, con más o menos personas en distintas ocasiones. Pero la juventud estaba politizándose, o sea la gente tomaba partido: unos eran demócrata cristianos progresistas, otros eran demócrata cristianos de derecha, habían muy pocos de extrema derecha o de derecha, y en la izquierda también habían diferentes opciones: estaban los socialistas, estaban los comunistas, y estaba el MIR. Y ahí teníamos una alianza entre nosotros, porque la tarea nuestra era llegar a la mayor cantidad de estudiantes. Yo fui elegido Secretario General por parte de la directiva del Liceo 10, y trabajando un poco el tema sabíamos cómo se hacían y se desarrollaban los proyectos en cada liceo. Porque cada liceo tenía una particularidad. Algunos tenían unas dificultades y otros tenían algunas tradiciones de lucha, como el Liceo 7 y el Liceo 8 que fueron siempre liceos de tradición de lucha.

Entonces nuestra tarea era de autoeducación y de la transformación de la educación en Chile. Esto fue una tarea muy seria. Participamos en varios congresos para discutir cómo veíamos los estudiantes la nueva educación, o sea cómo nosotros postulábamos a construir un nuevo engranaje de la educación. Nosotros veíamos que había cosas que estaban mal, como las Inspectorías que nos castigaban, habían falta de incentivos, habían malas notas. Buscamos un sistema para darle nota y evaluar a los profesores, buscamos la posibilidad de alternar o elegir ciertos ramos. Se integró poco a poco la educación cívica. La educación física se hizo una cosa mucho más agradable y participativa. Y traíamos a los trabajadores a contar un poco cuál era la visión de ellos respecto de la educación y qué es lo que ellos esperaban de la juventud chilena.

JP: ¿Cuál era el mensaje que daban los trabajadores a los estudiantes en ese entonces?

HR: Ellos eran muy claros en el sentido de que la lucha de los trabajadores en Chile fue muy desigual. Ellos contaban con muy pocos recursos y los que triunfaban pensaban siempre en ahorrar todo lo que tenían para sus hijos, para que ellos tuvieran una educación gratuita y para que tuvieran una opción para elegir de mejor forma cómo vivir. Entonces a los estudiantes nos llamaba más que la atención. Nos emocionaba mucho saber que nuestros padres tenían una visión de lo que esperaban de nosotros. Ellos nos decían “chiquillos, ustedes en el futuro serán los que nos tienen que defender”. Por eso ellos vinieron con una propuesta para que ellos como trabajadores se pudieran integrar a estudiar en las escuelas nocturnas y diurnas, que pudieran asistir y que nosotros fuéramos a apoyar la producción en las fábricas y que también pudiéramos ayudarlos a producir en las fábricas. Y en el nombre de la unión obrera-estudiantil. Esta unión fue realmente bellísima. La gente cuando escuchaba este discurso se emocionaba, lloraba, realmente fue muy hermoso.

JP: ¿Cuál ha sido tu mensaje cuando has vuelto a Chile y te has reunido con estudiantes? ¿Cuál sería tu mensaje a los estudiantes hoy en día?

HR: Nosotros teníamos varias consignas, que en nuestra época eran bien radicales porque se trataba del poder obrero y popular. Y esas consignas tenían una filosofía, que era creer en la fuerza propia, en la fuerza de los trabajadores y en la fuerza de los estudiantes, y no confiar en las dádivas y en los rollos de los pasillos. Recuerdo que hace un par de años atrás me comunicaron unos compañeros que estaban en Suecia que conocían a unos compañeros del FER que mandaban a preguntar qué hacer porque habían echado a como a 150 estudiantes – no recuerdo la cifra exacta – por haber participado en una de las huelgas largas. Entonces me preguntaron cómo podían solucionar el asunto, porque estaban echando a un montón de estudiantes, y yo les dije “mira, la única posibilidad es tomarse el liceo de vuelta”. Eso hicieron y finalmente consiguieron mantener sus lugares de estudio. Yo pienso que no hay otra cosa, la lucha es lo único. Hay una consigna que dice “la lucha da lo que la ley niega”, y yo pienso que esa es válida para la mayoría de la gente en Chile.

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