Entrevista a Luciano Fabbri: “Necesitamos construir herramientas para interpelar a otros varones”

Por Salvador Bello Schlack

En el marco de la presentación del libro “Apuntes sobre feminismos y construcción de poder popular” (Tiempo Robado Editoras y Proyección editores), decidimos hablar con Luciano Fabbri respecto al rol de los varones en el feminismo, el cuestionamiento a la masculinidad y la conformación de organizaciones feministas mixtas.

S: ¿Por qué te parece importante que los varones cuestionemos la masculinidad? Considerando que en algunos casos el lugar común al que llegamos es al auto-flagelo “bueno, nosotros también somos oprimidos por el patriarcado” o, por ejemplo, tú lo has mencionado en otras ocasiones, la fascinación que despierta que un hombre se cuestione a sí mismo, ¿Cómo crees que debe llevarse ese cuestionamiento? ¿Cuál es el camino que debiésemos transitar?

L: Es difícil, vamos a ensayar y a errar muchísimas veces. Al menos yo siento que venimos haciendo eso en muchos casos, no creo que haya una experiencia ideal, pero sí me parece que hay algo que es muy importante en ese proceso de deconstrucción que es generar espacios colectivos entre varones. Esas reflexiones no pueden ser individuales. Generar espacios colectivos de varones donde haya compañeros formados en feminismo, que tengan la capacidad de mantener siempre latente esta sospecha, de no generar auto-complacencia, de no dar lugar a la victimización, de cuidar las formas en las que estos procesos se hacen públicos para que no redunden en una invisibilización de las compañeras, o en un excesivo protagonismo de los compañeros. Y a la vez, me parece que esa estrategia de construcción colectiva entre varones tiene que estar acompañada de un ejercicio de intercambio constante con las compañeras. Ahí hay algo que para mí es muy importante, que es la construcción de complicidades políticas y afectivas con las compañeras, para que en algún punto sean ellas las que puedan ir midiendo nuestros procesos de cambio, que puedan interpelarnos, que puedan hacernos una crítica, que puedan marcarnos nuestras contradicciones, que podamos elaborar con ellas el pasaje a lo público, en qué contexto es productivo, en qué contexto es riesgoso salir a visibilizar estas políticas de varones -claramente no es en las efemérides del movimiento de mujeres-, de qué formas lo transmitimos, con qué discursos. Creo que algo clave, de los procesos de cuestionamiento de nuestra propia masculinidad, es evitar el auto-centramiento, es decir, que el proceso de incorporación del feminismo no sea para nuestro propio bienestar, que no sea centrado en nuestro ombligo, sino como podemos hacernos de las propuestas de los feminismos para construir relaciones más justas, más igualitarias, más éticas, etc. y pensándonos en relación.

Me parece que la clave va por ahí, y creo que fundamentalmente que nosotros tenemos que poder incorporar la perspectiva feminista para construir herramientas que nos permitan interpelar a otros varones, y romper con esos lazos de complicidad que construimos entre nosotros.

S: En relación a esto, ¿Por qué te parece que los varones debemos involucrarnos o sentirnos interpelados por el feminismo? Y a su vez, ¿porque crees que genera tanta resistencia trabajar esto? ¿Por qué sería relevante trabajar esto en las organizaciones mixtas?

L: A ver, yo creo que los varones nos tenemos que involucrar en estos temas siempre y cuando seamos varones que persigamos la construcción de una sociedad igualitaria, probablemente, a muchos otros varones no les importa un carajo una sociedad igualitaria. Por lo tanto, tampoco van a reflexionar sobre cuáles son las desigualdades vinculadas a su condición de género. Sí me parece, que siendo varones activistas, militantes, comprometidos con el cambio social, no podemos no trabajar en clave feminista, porque sin feminismo no va a existir una sociedad igualitaria.

Entonces, desde ese lugar tenemos que ser partícipes de esa construcción, por otro lado, y vinculado a esto, porque nosotros somos reproductores cotidianos de las condiciones de desigualdad, y a la vez beneficiarios de esas condiciones, es decir, somos causantes o copartícipes por acción u omisión de las situaciones de violencia que padecen principalmente nuestras compañeras, entonces no es solo por una cuestión de coincidencia política-ideológica, sino que también es principalmente una responsabilidad ética. Por otra parte, creo que si hay algún tipo de resistencia hacia este involucramiento, son las resistencias propias como varones relacionadas a perder el poder, o a tener que distribuirlo, a perder privilegios, a veces decimos perder el poder o perder el privilegio, y suena como un poco abstracto, pero nosotros estamos socializados en el poder y los privilegios, es inescindible de nuestra personalidad, nuestra subjetividad, nuestra corporalidad, nuestra forma de movernos, de hablar, entonces las resistencias son realmente muchas y profundas, porque la deconstrucción que tenemos que hacer también lo es, en ese sentido es que nos incomoda, nos genera malestar, nos deja desorientados, no sabemos para donde ir, no encontramos interlocutores con los cuales construir complicidad para eso: efectivamente desaprender la masculinidad es desaprender el lugar que tenemos en el mundo, y eso nos deja a la intemperie en algún punto, y es movilizante y traumático, y a la vez, lo que aún nos cuesta encontrar son ciertos modelos de referencia positivo, que nos permitan ver que perder privilegios, es ganar en libertades también. Efectivamente detrás de todo eso, que nos resulta tan imposible, lo que nos vamos a encontrar es con mayor autonomía, mayor libertad, con mayor capacidad de expresión, de deseo, y básicamente con otras condiciones de ética y de justicia en nuestras relaciones sociales.

Ahora, la resistencia que genera en las compañeras -protagonistas de esta construcción- nuestro involucramiento en el feminismo, tiene que ver con que muchas veces llegamos a involucrarnos de manera meramente discursiva, incorporando discursos políticamente correctos, y por tanto con la construcción de nuevas hegemonías. Porque ya sabemos que, en determinados contextos de inserción, ya no es posible practicar la masculinidad de una manera tradicional, porque no hay cabida para eso, entonces ¿qué hacemos? Incorporamos discursos políticamente correctos, nos adecuamos a las expectativas de nuestras compañeras, para no perder los lugares de privilegio que tenemos en nuestras organizaciones, nos perfeccionamos, somos más sutiles, manipulamos de otras maneras, copamos la palabra, generamos idealización, y eso es lo que genera resistencia en las compañeras.

Yo no creo que esas resistencias sean siempre abstractas o sobre-ideologizadas, sino que me parece que muchas veces están ancladas en las experiencias que las compañeras transitan cuando ven a un compañero marchar el 25 de noviembre o subir al facebook la foto de #NiUnaMenos, pero a la vez, es ese compañero el que las acosa en las fiestas que hacen en la organización, el que saben qué cuando se acostó con otra compañera, se sacó el preservativo a la mitad de la relación sexual, el que saben que habla de amor libre pero manipula 3 relaciones en simultáneo sin que estén consensuadas. Nos conocen, nos ven actuar, y desconfían de esos discursos, porque ven que hay una práctica que no es consecuente, entonces ahí me parece que hay una sospecha que es legítima. Creo que en todo caso, lo que tenemos que hacer como organizaciones mixtas -siempre que seamos organizaciones mixtas, o que apostemos en sentido amplio a que el feminismo sea una mirada política que permee a todas las organizaciones del pueblo-, es efectivamente intentar que esa sospecha sea productiva, que esa incomodidad la transitemos en la práctica, y no que definamos a priori que sujetos son los predeterminados, por experiencia, por biología, o lo que sea, a llevar a adelante la política feminista. Me parece que en ese sentido hay que intentar que estas tensiones y estos conflictos que efectivamente van a surgir -porque estamos hablando de relaciones de poder- los podamos ir intentando resolver, corriendo sus límites y sus condiciones de posibilidad en la práctica política misma, y no saldarlo en abstracto.

S: Durante el último periodo político, varias organizaciones políticas y sociales han adscrito al feminismo, en general estas organizaciones son mixtas, sin embargo, se observa que históricamente la capacidad y necesidad de elaboración política proviene de las mujeres, contando con límites o nulos aportes por parte de los varones. Desde la experiencia que han tenido en Argentina y desde tu propia organización, ¿cómo caracterizarías el trabajo en organizaciones mixtas, o bien el trabajo de varones y mujeres por separado? ¿Cómo se da el trabajo feminista considerando esas tres variantes orgánicas?

L: En nuestra experiencia, el trabajo empezó siendo por mucho tiempo solo de las compañeras, lo digo como antecedente ya que es la vía por la cual yo me involucro en la militancia feminista en el Frente Popular Darío Santillán (FPDS). Las primeras que se organizan son las compañeras piqueteras, en función de las dificultades que tenían para participar en política en el movimiento; por los problemas que tenían en sus casas, por los problemas que tenían con los compañeros por el uso de la palabra, la distribución de las vocerías públicas, etc. Después de varios años, recién en 2009, a partir de una experiencia de acercamiento hacia el espacio de mujeres en el FPDS, es que hicimos el primer campamento (mixto) de formación en género, abriendo algunos cupos para la participación de varones: en palabras de las compañeras, esto fue posible porque ya ubicaban a un compañero-interlocutor, porque ellas no se iban a encargar de gestionar un espacio para los varones, tenía que haber un compañero en condiciones de cumplir ese rol.

En simultáneo a ese proceso, con otro compañero -ambos auto definidos putos y feministas- empezamos a ver la necesidad de construir una estrategia de interpelación e involucramiento de los varones que no participaban en nada relacionado con formación en género: porque eran espacios de mujeres, porque no tenían interés, porque les era indiferente, porque tenían resistencias, y si tenían algún interés genuino en el tema no tenían espacio para hacerlo. Entonces ahí dijimos “bueno, en los colectivos de diversidad sexual, no se trabaja la reflexión sobre los privilegios de la masculinidad porque se supone que por el solo hecho de no ser heterosexual, no tenés esos privilegios”, error. Por otro lado, veíamos que no había dentro del feminismo, o de las políticas de género en nuestra organización, una estrategia de interpelación hacia los varones heterosexuales, entonces ahí decidimos armar Varones Antipatriarcales (VA) como dispositivo que permitiese juntar esta reflexión de los varones no heterosexuales sobre los privilegios de la masculinidad, aún no siendo una masculinidad hegemónica, y a la vez una estrategia de convocatoria hacia los varones heterosexuales que encuentran un espacio donde involucrarse en esta política. Y ahí claramente fue una estrategia espejo de la estrategia de las compañeras ¿por qué? Porque tomamos básicamente su experiencia en relación a los grupos de auto-conciencia, los espacios de educación popular, de politizar lo personal, trabajar desde los afectos, trabajar desde la concientización de las relaciones de poder. Digo, como en algún punto alimentándonos de la experiencia feminista en esa clave y buscando re significarla para el trabajo con varones. Y eso a la vez, cómo complementarlo en el sentido de qué espacios puente podíamos construir en clave inter-géneros: primero, fueron estos campamentos, que eran campamentos anuales de formación, de 2 o 3 días, después fue una escuela de formación política en género, que hicimos en la Ciudad de La Plata (2010), que armamos un equipo pedagógico mixto, y la participación de la militancia también era inter-genero, y bastante más adelante la construcción de las colectivas Mala Junta, que explícitamente son colectivos que denominamos feministas populares, mixtas y disidentes.

Entonces hay toda una estrategia de reflexión con la construcción de un feminismo que aloje a la diversidad de sujetos que se sientan interpelados por el mismo, ahí desde una experiencia concreta vemos todo el trabajo de las compañeras, que aún cuando fueron abriendo los espacios hacia otros sujetos, no perdieron sus espacios propios de trabajo entre mujeres, siempre al calor de los Encuentros Nacionales de Mujeres en Argentina, en la organización previa, en los encuentros por sectores y en los encuentros posteriores. Los trabajos entre varones que son más esporádicos, que no tienen una estrategia sistemática, continua, que es como un síntoma, digamos, del grado de involucramiento actual de los varones en estos temas -seguimos siendo muy pocos-. Y, por otra parte, estos espacios más mixtos o inter-género que tienen que ver con la formación política militante.

Un comentario sobre “Entrevista a Luciano Fabbri: “Necesitamos construir herramientas para interpelar a otros varones”

  • el 27/03/2018 a las 20:59
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    Soy de Puerto Montt, (48) agradezco la experiencia y seguiremos intentando formar grupos de Varones. Hay mucha coincidencia, ya que participo de una Escuelita Libre en una poblacion, si bien El trabajo es mixto, lo encabezan compañeras feministas que han sacado adelante El trabajo, que nuestro MACHISMO hizo perder militancia, por ende ellas ayudan mucho a mi deconstruccion…
    UN abrazo fraterno

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