70 años después, la catástrofe continúa

Por Javier Pineda, Aurora Roja

Sobre el pueblo palestino pesa una condena que está pronta a cumplir 70 años. Desde 1948 han sido despojados sistemáticamente de sus tierras y de sus vidas. El inicio de este despojo es llamada Al Nakba: la catástrofe.

Tal como si fuera una torta, el Estado de Israel devora el territorio Palestino año a año. Primero, fue con la bendición de la Comunidad Internacional, la cual entregó más de la mitad de la tierra de lo que hasta 1947 era territorio palestino bajo el Mandato Británico para crear un Estado judío – Israel – y un Estado árabe – Palestina –, sin importarles que vivieran millones de palestinas y palestinos. Segundo, la Guerra del 48 le permitiría al Estado de Israel anexarse más territorio que el previsto. Tercero, la “Guerra de los Seis Días” produciría la ocupación total del Territorio Palestino, incluyendo Gaza, Cisjordania y Jerusalén. Por último, desde esas fechas hasta el día de hoy, se extiende una colonización a través del establecimiento de asentamientos ilegales en territorio palestino ocupado.

Hoy todo el Territorio Palestino se encuentra ocupado por el Estado de Israel, tanto Gaza y Jerusalén como Cisjordania. Este control es absoluto e incluye el espacio marítimo, aéreo y terrestre, incluyendo las fronteras. No obstante, el control en la Franja de Gaza es mucho mayor: por eso es llamada la cárcel más grande del mundo. Su extensión es de 365 kilómetros cuadrados. 40 km de costa al Mediterráneo, 11 km de frontera con Egipto y 55 km de frontera con Israel. Más de 2 millones de habitantes. Todos ellos encarcelados por el Estado de Israel. Sin su autorización, nadie puede salir vivo de la jaula.

En este escenario, este 30 de marzo fue especial. Desde 1976 en esta fecha se conmemora el Día de la Tierra, en recuerdo de 6 jóvenes palestinos asesinados en ese año por exigir la recuperación de sus tierras expropiadas por el Estado de Israel. 42 años después, el robo de tierras continúa. Los asesinatos también.  Este año en el Día de la Tierra se llamó a realizar la “Gran marcha del retorno”, dando inicio a una serie de movilizaciones que durarán 6 semanas, hasta el 15 de mayo, día en que se conmemoran 70 años de la Nakba. 

Más de 30 mil personas acudieron a esta marcha, instalando tiendas de campaña en las proximidades de la frontera entre Israel y la Franja de Gaza. Los gritos de libertad fueron respondidos con balas. Ya van 16 muertos y más de 2 mil heridos.

Como siempre, el agresor justificó su masacre invocando la “legítima defensa”. Algunos diarios hablan de “enfrentamientos” cuando en realidad estamos ante la presencia de una “masacre”. Jóvenes palestinos armados de dignidad frente a francotiradores armados con plomo. No hay teoría del empate posible, aunque quieren hacer parecer como una guerra justa la de gritos y piedras contra gases lacrimógenos y balas. O igualar la cachetada de Ahed Tamimi a un fusil de un militar. La única esperanza es que esta guerra tenga el desenlace bíblico de la batalla entre David y Goliat.

Si bien tienen las armas y un Ejército, Israel tiene miedo. No a los cohetes ni a las piedras palestinas, sino a la valentía y dignidad de un pueblo que, a pesar de todo, resiste… y existe. La desidia de la comunidad internacional, que no sanciona al Estado de Israel, se ha visto desbordada por la organización de la sociedad civil internacional, que hace crecer con más fuerza año a año la campaña de Boicot, Desinversión y Sanción (BDS) a Israel y que logra – aunque no con el mayor impacto – romper los cercos comunicacionales, logrando generar algún grado de empatía con el pueblo palestino.

La Gran Marcha del Retorno es necesaria, pues nadie se puede ver obligado a olvidar. Más de 5 millones y medio de personas hoy son refugiados palestinos, distribuidos en una gran cantidad de países del mundo, incluyendo el nuestro. La única solución para estos millones de personas afectadas por el sistema de apartheid de Israel, es la creación de un solo Estado, con una sociedad laica y basada en la justicia social.

Tal como sostenía Ghassan Kanafani: “La causa palestina no es una causa solo para los palestinos sino una causa para toda persona revolucionaria donde quiera que esté ya que es una causa de las masas explotadas y oprimidas de nuestro tiempo”. Estas palabras pronunciadas en los años 70 resuenan hasta el día de hoy, esperando con su eco entre mares y montañas, valles y desiertos, despertar la solidaridad de millones de pueblos que se alcen contra el genocidio israelita, que se lleva todos los años – con prisión, tortura y asesinatos – generaciones de jóvenes palestinos. El silencio y la indiferencia son cómplices: no podemos callar.

 

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