DECLARACIÓN DE MOVIMIENTO AMBIENTAL CIUDADANO DE LA CUENCA DEL TRANCURA

Hoy, cerca del lago Mallolafkén y frente al Rukapillán, dos símbolos de nuestro territorio, nos hemos reunido con el objetivo de crear las condiciones para generar un movimiento horizontal por la defensa del territorio. Están aquí presente, organizaciones de Kurarewe, Pukón, Villarrica, Koñaripe y Pitrufkén.

Preocupados por la salud del Mallolafkén, nos reunimos para analizar la situación del ecosistema lacustre, fijarnos tareas concretas y dotarnos de una estructura organizativa que nos permita defender nuestro territorio y nuestros derechos ambientales.

Así constatamos –con rabia y tristeza– que nuestros suelos, aguas, bosques y diversidad biológica y cultural están siendo –rápidamente– degradados.

La contaminación medioambiental de nuestro territorio se expresa, entre otros, en la acelerada pérdida de diversidad biológica como resultado de las emisiones de gases de efecto invernadero, del cambio de uso de suelo, la deforestación, el despilfarro de recursos naturales, la urbanización descontrolada, el crecimiento demográfico, la mala gestión de los desechos y el turismo que –con énfasis y responsabilidades diferentes– han traído  como consecuencias –visibles– la contaminación de las aguas, la agonía del Mallolafkén y problemas a la salud humana y de todos los ecosistemas de la cuenca lacustre.

Sería fácil culpabilizar –única y exclusivamente– a la legislación y a las autoridades como responsables de la situación medioambiental del territorio, pero, no podemos desconocer que tenemos una legislación en la que el medio ambiente es una mercadería y que tenemos autoridades incapaces de pensar en el futuro. Esto no es un detalle menor, es una desgracia sobre la que, también, debemos reflexionar.

Pero, sería cobarde y necio que nosotros, los habitantes de este hermoso territorio, no reconozcamos nuestra propia responsabilidad frente a la situación medioambiental. Hoy, tenemos que preguntarnos cuáles son nuestras responsabilidades, qué podemos hacer o cómo mitigar los efectos negativos de nuestros propios comportamientos.

Así, hace algunos meses, nos planteamos crear comisiones de trabajo que están elaborando proposiciones concretas a las autoridades y a la ciudadanía para, juntos y cada uno en sus espacios de competencia, hacer frente a la degradación medioambiental de nuestro territorio.

Se debe recordar que nuestra comunidad tiene el derecho constitucional a vivir en un medio ambiente sano. Sabemos que concretizar ese derecho no será fácil, es un objetivo ambicioso pero visionario en el que debemos embarcarnos apagando nuestras vanidades y reconociendo el trabajo colectivo como el motor de esta propuesta. Será un proceso en el que todos debemos ser parte.

También estamos conscientes que se trata de un desafío que, para lograrlo, se hace necesario transformar nuestro modo de producir, consumir y gestionar los desechos. Debemos cambiar las formas impuestas y construir otras con la más amplia participación, con identidad propia y visión a largo plazo, pensando en las generaciones que aún no han nacido.

No somos ilusos, pues es urgente proponer y exigir una gestión sostenible de los desechos, reclamar el derecho a contar con aguas limpias, apoyar la búsqueda de la soberanía alimentaria de todos los habitantes del territorio, y, fortalecer y proyectar  nuestra identidad cultural local y territorial, resguardando nuestro patrimonio tangible e intangible.

Sentimos la obligación de asumir nuestro deber y nos comprometemos –colectivamente– a resguardar, proteger y respetar nuestra Ñuke mapu, y, al mismo tiempo, nos comprometemos a trabajar promoviendo el  respeto entre las personas, la naturaleza y la vida en general.

Estamos convencidos que la educación medioambiental es la base para mejorar la vida de las personas y de los ecosistemas, por ello, nos proponemos difundir y promover actividades que tengan como objetivo proteger y preservar nuestros ecosistemas. Creemos que, en esta etapa,  nuestra acción fundamental es auto–educarnos y no sentarnos a esperar, de manera pasiva, que otros resuelvan nuestros problemas.

Indudablemente, para que la estrategia de trabajo que proponemos sea eficaz, se necesitan alianzas que comprometan –de manera real y efectiva– a los gobiernos locales, al sector privado y a la sociedad civil. Dichas alianzas deben contar con la más amplia participación de la comunidad, ser inclusivas y tener en cuenta las diferentes cosmovisiones existentes en el territorio.

Por todo lo anterior, invitamos a todas las personas y todas las organizaciones del territorio a hacer parte de este movimiento contribuyendo con sus ideas y conocimientos.

Nuestro territorio es nuestro patrimonio. El bienestar de nuestra tierra es nuestro propio bienestar y debe manifestarse en nuestra forma de vida y en nuestro trabajo.

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