El gabinete de los ejecutivos y la contraofensiva del capital en los sectores productivos: un duro golpe a las huelgas en Chile y EEUU

Por Escuela Sindical UDEC


El 2017 fue el año con menos huelgas en el último ciclo, desde el 2010. Esta situación no sólo ocurrió en Chile, sino que también en Estados Unidos.

Esto es uno de los últimos signos de la evidente contraofensiva y auto-representación de los grandes grupos empresariales criollos ante la escena pública, luego de estar muy conformes con el retorno de Michelle Bachelet, quien en Ministerios como Energía y Medio Ambiente nombró a Altos Ejecutivos de grupos económicos. No obstante, los grupos empresariales están más cómodos aún, con un empresario especulador como lo es Sebastián Piñera.

La batalla cultural por la disputa de las orientaciones subjetivas es indispensable y la clase dominante lo sabe muy bien. Esto significa que Alfredo Moreno, y sectores del empresariado de Chile y Latinoamérica estarían generando las nuevas coordenadas de las interrelaciones geopolíticas ante el reacomodo global que se está viviendo. En otras palabras, los grandes empresarios no solo quieren seguir con bajos sueldos, derechos precarizados y expulsar de la formalidad a grandes masas de personas, sino que también quieren volver a conquistar las mentes y corazones de la clase trabajadora para fortalecer la servidumbre como en el siglo XIX.

El empresariado ha demostrado su lucha más enconada contra la clase trabajadora organizada en su centro productivo, cooptando, desarticulando, sometiendo a los cientos de sindicatos que han luchado de manera más aguda por un mejor salario, derechos y beneficios, y la clase explotadora ha mantenido una baja salarial que ya se hace insostenible para las mayorías de la clase trabajadora, fomentando inmediatamente el endeudamiento como salida corta al problema de la reproducción de la vida y del capital, constituyendo verdaderos enclaves del capitalismo patriarcal en todos los sectores de la sociedad, de forma pública y privada.

El resultado inmediato de la reforma laboral de Michelle Bachelet terminó siendo una consolidación del modelo de José Piñera (al igual que el proyecto de las pensiones), produciendo un retroceso del aumento sostenido de la lucha y movilización sindical, lo cual no necesariamente se traducía en victorias para la clase trabajador, pero sí significa un aumento de la conflictividad. Estos resultados son avalados por lo datos entregados por la Dirección del trabajo en relación al año 2017.

Menos huelgas que el año 2010.

Si antes de la Reforma Laboral teníamos un escenario de grandes huelgas sin un resultado satisfactorio para la clase trabajadora, la entrada en vigencia del plan laboral de Bachelet ha marcado el inicio de un peor escenario post reforma laboral. El Sector Público está más dividido por la actuación nefasta de las dirigencias de la ANEF y la CUT ligadas al PC, la creación de otra multi-sindical ligada a intereses del sector asociado a Arturo Martínez, el reordenamiento del conjunto de las direcciones sindicales y gremiales es un escenario que debe ser parte del mapa político laboral que da cuenta de la depuración y rearme de los sectores organizados de los centros productivos.

Si hace un año la información que entregaban los centros de estudio del trabajo es que existían más huelgas (legales o extralegales), este periodo se manifiesta contrario a aquello, como una forma de construir más diálogo y entendimiento social, tal como lo indicaba la Ministra del Trabajo. Como una ofensiva concreta de los sectores empresariales lo viven realmente miles de trabajadores y trabajadoras.

Según la Dirección del Trabajo en el año 2017 sólo se realizaron 18,5% de las huelgas aprobadas, una de las cifras más baja de los últimos años. El 2016 se concretó el 23,8% de las movilizaciones votadas por los sindicatos, mientras entre 2010 y 2017 los paros efectivamente realizados promedió el 23,24% del total de huelgas aprobadas.

Christian Melis, el Director Nacional del Trabajo señaló en una entrevista que: “Los niveles de conflictividad tienen que ver con el número de huelgas efectuadas y aprobadas. Lo que nos empezaron a arrojar las cifras es que la curva de huelgas aprobadas versus las efectuadas bajó notablemente. La cantidad de huelgas que se materializaban bajó en relación a los años anteriores.” (…) “Tengo la impresión que hay un efecto ley, pero también hay otros factores y que habrá que esperar más tiempo para poder analizarlo. Pero el dato duro es que bajó efectivamente ese nivel de conflictividad asociado a las huelgas efectuadas.”

Mientras tanto en Estados Unidos.

Las cifras de la Oficina de Estadísticas Laborales indican que el año pasado fue el de menor número de huelgas relevantes en la historia de EEUU: siete. Lo que se acerca al mínimo histórico de 2009 (cinco) en las profundidades de la Gran Recesión por la crisis Subprime. Esta es la triste historia de la decadencia del arma más poderosa de los trabajadores: la movilización y la huelga.

Esta disminución podría ser un síntoma de algo más complejo como es la superexplotación y baja salarial permanente, mayor nivel de precarización e inestabilidad en el trabajo y sus recortes de beneficios. El saber generar un diagnóstico general del panorama es uno de los primeros desafíos de la clase trabajadora.

En definitiva, esto significa que los grandes grupos económicos y los capitales trasnacionales no se deben preocupar por posibles huelgas reales, y que en general nunca ha sido un gran problema por desgracia. Además, con las modificaciones que avala la CUT (PC) y siguen defendiendo los sectores “progresistas”, lo cual consiste en aprobar una regulación de la negociación colectiva reglada en el sector público, se creará otra camisa de fuerza legal. Esto significará que el Poder Ejecutivo también viva en la permanente calma por la falta de potencia de conflicto en el mundo del trabajo formal.

Por tanto, aparte de un diagnóstico general, se le debería sumar propuestas políticas concretas de generar un tipo de organización dentro de la clase trabajadora de forma superior, con mayor capacidad real de movilización y una huelga más amplia que las que conocemos para que sean victorias reales. Por último, una articulación general con el conjunto de los sectores en lucha, puesto que el dinamismo social y las múltiples batallas de la clase trabajadora deben expandir su forma de entender la vida en sentido general, asumiendo la conducción de un proceso global para salir realmente de este atolladero en la historia.

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