Palabras de Izani Bruch, Pastora de la Iglesia Luterana, en la despedida de Joane Florvil

El día de ayer, domingo 6 de mayo, un conjunto de comunidades cristianas se dieron cita en el Primer Templo Metodista de Santiago para despedir en una liturgia ecuménica los restos de Joane Florvil. Metodistas, Luteranos, Bautistas y Católicos ante la presencia de chilenos, peruanos, paraguayos, brasileros y haitianos enviaron un poderoso mensaje de unidad de lo pueblos contra la violencia y la opresión.

Aurora Roja comparte en esta ocasión las palabras de la pastora de la Iglesia Evangélica Luterana en Chile, Izani Bruch.

 

Texto bíblico: Evangelio de Juan 11: 17-27, 43-44

Querida familia de Joane, querido compañero de Joane Wilfrid Fidele, querida comunidad haitiana, queridos amigos, queridas amigas, hermanos y hermanas. Han pasado más de siete meses que Joane nos dejó, hoy estamos aquí para despedirla.. Que nuestro buen Dios, nos sostenga en la esperanza, contra toda desesperanza.

Quién hubiera imaginado este momento, quién hubiera imaginado que Joane encontraría la muerte en la búsqueda de la vida, en el país donde ciertamente soñaba encontrar una nueva vida, con menos pobreza y más dignidad. Si, quién hubiera imaginado este momento. En la vida siempre hay situaciones que a uno/a lo toman por sorpresa, que nos chocan, que nos paralizan, que nos indignan, situaciones que nos deparan con nuestra fragilidad humana.

La vida humana tiene una dinámica propia que nos excede, como es la muerte. La partida repentina de Joane el 30 de septiembre de 2017, de una mujer joven, a poco tiempo de gestar una nueva vida, muerte después de una injusta acusación de abandono de su pequeña hija nos ha obligado a hacer una pausa, a parar nuestro ritmo de vida, guardar silencio, y preguntarnos por nuestra propia humanidad.

Quizás para muchos/as, en especial para su familia, para su compañero, la muerte de Joane ha significado el propio abandono y silencio de Dios, y así como Marta, hermana de Lázaro, han manifestado: “Señor, si hubiera estado aquí, nuestra Joane no habría muerto” (Juan 11:22)

La muerte de Joane nos impactó, nos ha llevado a meditar sobre nuestra propia vida, sobre nuestro país y en especial sobre qué país queremos para nuestros hijos e hijas, nietos y nietas. Su muerte fue el grito visible de tantas muertes injustas, muertes que no son voluntad de Dios, sino consecuencia de nuestra sociedad deshumanizada. La muerte de Joane a quién no la conocía personalmente hizo visible el trato que estamos dando a nuestros hermanos y hermanas migrantes, hizo visible nuestro racismo y falta de hospitalidad. Hizo visible a nosotros/as cristianos/as nuestro olvido de que nuestro Dios nos dice: “No hagan sufrir al extranjero que viva entre ustedes. Trátenlo como a uno de ustedes; ámenlo, pues es como ustedes” (Levítico 19: 33).

Tu historia Joane es tu historia, pero la hacemos parte de nuestras vidas y de nuestra historia para nunca más en Chile ocurra muertes como la tuya, como consecuencia del racismo, violencia e injusticia.

Ay, Joane Florvil, te pedimos perdón por nuestra falta de amor y de hospitalidad. Hoy tu muerte nos une, nos hace uno en nuestra diversidad, nos ayuda a recuperar nuestra humanidad y compromiso con la vida y los derechos humanos. Ya no estarás en nuestro país, partirás a tu país y allá tu cuerpo marcado por el racismo y violencia descansará. En medio del dolor y del largo vía crucis vivido, tu repatriación constituye para nosotros y nosotras una señal visible de esperanza, pues tiene como base la dignidad humana.

Joane nos deja su historia emblemática, historia que hemos de hacer memoria una y otra vez para que nunca más veamos una muerte como la suya. Que ninguna familia tenga que vivir lo vivido por su familia, que ninguna mujer sea separada de su hijo/hija. Que sea juzgada sin ser escuchada.

Tú historia Joane nos mueve a trabajar fuertemente en los diferentes espacios de nuestra sociedad para que podamos ser un país más justo y acogedor, un país que entienda la migración como derecho. Tu historia Joane es tu historia, pero la hacemos parte de nuestras vidas y de nuestra historia para nunca más en Chile ocurra muertes como la tuya, como consecuencia del racismo, violencia e injusticia.

Tu muerte Joane me ha llevado a preguntarme por mi lugar en este país como migrante, también llegué a este país como tú, hace 26 años, como mujer y pobre, pero como mujer blanca, y el color de nuestra piel ha marcado la diferencia, el color de mi piel me ha permitido desarrollarme, construir familia y ser una más en Chile. El color de mi piel me dado un lugar de privilegio. A mí y a otras mujeres blancas que vivimos en esta tierra no nos toca vivir este trato injusto e indigno que viviste, pues somos blancas. Sufrimos discriminación, pero positiva, representamos “lo lindo”, lo “bueno” la “mejora de la raza” como tantas veces he escuchado.

Tu muerte saca el velo de tantas violencias invisibles, violencias normalizadas en nuestra cultura, como la violencia racial. Pero tu muerte nos deja signos de esperanzas, lo que hoy estamos viviendo en esta liturgia nos da esperanza. La migración es una riqueza y no una amenaza como muchos/as quieren instalar en nuestras vidas. Hoy tu muerte nos hace aproximarnos, nos hacemos prójimos unos de los otros, unas de otras, tu historia hace posible que seamos más humanos, esto nos anima, es uno de los signos de resurrección que celebramos contigo.

En la vida hay situaciones que son demoledoras y devastadoras, experiencias que nos tocan la esencia misma de la vida. La muerte, la experiencia de pérdida de una persona que amamos es una de esta experiencia que mueve, que nos desacomoda, que nos saca de este lugar cómodo que hemos estado, es una experiencia que duele, es una experiencia que nos hace derramar lágrimas y lágrimas.

Nuestras vidas, nuestro mundo está atravesado por situaciones de violencias y muertes. Y cuando uno mira la realidad que nos rodea pareciera que la muerte nos gana por goleada. La vida de Joane estuvo marcada por la violencia, por el racismo, por nuestro deshumanizador trato, por la injusticia, por el desamor humano… Su cuerpo que hoy descansa, tiene las marcas de racismo, de la violencia, de la injusticia, de la falta de hospitalidad y del desamor.

Pero el cuerpo violentado de Joane también tiene las marcas de la resurrección, de la resistencia, de la lucha, de la convicción y del amor…Marcas que muestran que la injusticia, la violencia, el racismo, la muerte no tiene la última palabra sobre la vida.

 

Es siempre nuestra esperanza contra toda desesperanza que Dios va a destruir todo lo que está al servicio de la muerte. Todo ese dolor que causa la violencia, la injusticia y la muerte por quienes se apropian de todos los bienes del pueblo no va a quedar sin recibir consuelo.

Con la muerte de Joane hacemos memoria de todas las muertes injustas. El profeta Isaías en el capítulo 25:8-9 señala la promesa de Dios, de que él va a destruir la muerte para siempre y que Dios va a secar las lágrimas de los ojos de quienes lloran esas muertes injustas.

Las muertes injustas vienen de la mano de gente concreta, la muerte es un ejército poderoso, la muerte es una forma de gobernar que destruye, la muerte es una relación de trabajo que mata a la gente que trabaja. La muerte no es una sombra que sobrevuela como un fantasma entre el pueblo, las casas y la gente. La muerte tiene una forma concreta. La muerte está encarnada en nuestra sociedad, en una estructura, en un poder, en el estado opresor que es una herramienta de opresión y negación de la vida.

Es siempre nuestra esperanza contra toda desesperanza que Dios va a destruir todo lo que está al servicio de la muerte. Todo ese dolor que causa la violencia, la injusticia y la muerte por quienes se apropian de todos los bienes del pueblo no va a quedar sin recibir consuelo. Dios mismo va a secar sus lágrimas. Dios se hizo hombre, se encarnó en la persona de Jesucristo, de forma concreta y visible para toda la humanidad, él muestra su rostro, su rostro humano, justo y lleno de misericordia y amor con los y las sufrientes del mundo.

Por medio de Jesucristo, con su muerte y resurrección, nosotros/nosotras cristianos/as tenemos la esperanza en la resurrección, en una nueva vida. Pues en Cristo, el poder de la muerte ha sido destruido. La tumba vacía de Cristo, nos revela que la muerte no tiene la última palabra. El amor de Dios es más fuerte, y de este amor nadie ni nada nos separa, pues tanto en la muerte como en la vida somos de Dios, de este Dios que no es racista ni machista.

Creemos en un Dios que creó un mundo multiforme, que cada pieza tiene su característica inconfundible. La diversidad es la marca de la creación. Pero una diversidad en la misma dignidad. Ningún ser humano, por pertenecer a otra raza, cultura o sexo, es inferior o tiene menos valor.

La segregación de personas y categorías humanas que vivimos es un pecado. Pues la discriminación racial es un desprecio al mismo Dios creador, que moldeó el mundo así con su diversidad y por amar este mundo diverso dio su propio Hijo.

Hemos escuchado en el Evangelio el anuncio de la buena noticia, Marta tu hermano volverá a vivir. Hoy Jesús nos acoge con nuestros dolores, con nuestras quejas y protestas frente la muerte de Joane, y nos dice Joane volverá a vivir. ¿Creen esto?

Desde nuestra fe, decimos si, creemos en la nueva vida, pues tú Señor, eres la vida y la resurrección. En nuestra tristeza, también escuchamos las palabras de Jesús a Lázaro, palabras de Jesús para Joane hoy: sal de ahí, sal de ahí(Juan 11:43), sal de este lugar de muerte, ahora hay otra vida para ti, las amarras de la muerte, los nudos de la violencia, del racismo ya no estarán presentes. Ahora hay una nueva historia para ti Joane, donde has de vivir la plena libertad y la paz que te ha sido negada aquí en este Chile.

A nosotros/nosotras que sigamos caminando en este mundo, en este Chile. Jesús nos invita a desatar las amarras de la muerte y dejarla ir. Déjenla ir(Juan 11: 44). Dejemos a Joane ir, aún con toda nuestra tristeza, dejemos que vaya a su país, que vaya hacia su plena libertad y paz, esta es la historia que a ella le toca ahora vivir.

Y nosotros/as nos quedamos aquí, nos quedamos con su historia que nos impactó y que marcó nuestras vidas. Y desde esta historia que termina, renovamos nuestra esperanza de que es posible aquí en este mundo vivir de otra manera. Unimos nuestras voluntades, lo mejor que tenemos cada uno/una, no importa si somos chilenos, haitianos, brasileños, peruanos, colombianos, venezolanos, alemanes… Hemos de seguir caminando celebrando la vida, afirmando el valor de la vida y la dignidad de cada ser humano. Desde nuestra diversidad en la misma dignidad hemos de seguir siendo signos de vida, siendo resistencia, siendo porfiados/as, siendo justicia, haciendo posible que en nuestro cotidiano, en los espacios que estamos acontezca la solidaridad, la justicia, el encuentro, el abrazo, el amor…La historia de Joane, su vida nos deja en nuestras manos varias semillas…Sembremos estas semillas, para que vuelva a brotar, una y otra vez, la vida.

En esta esperanza en la vida, nos despedimos, nos separamos físicamente de Joane confiando que la vida siempre triunfa sobre la muerte.

Que nuestro Dios, que se manifiesta en la diversidad de la vida con su paz, paz que es mayor que nuestro entendimiento humano guarde y cuide de nuestros corazones, ahora y siempre. Amén.

 

Pastora Izani

6 de mayo 2018

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