Mayo Feminista de 2018: Algunas reflexiones para el debate y la acción

Por ContraCorriente

El presente escrito surge al calor de la coyuntura, con premura, cansancio y rabia… pero también con la enorme alegría de estar viviendo un momento histórico que interpela al conjunto de la sociedad para decir basta. Aquí hemos querido volcar y entremezclar las reflexiones que nuestras compañeras, pertenecientes a ContraCorriente y a  Convergencia 2 de Abril, han venido elaborando desde hace ya algún tiempo, adquiriendo nuevas fuerzas y perspectivas. La razón de publicarlas responde al ánimo de compartir nuestros análisis, nuestras inquietudes y por sobre todo nuestras propuestas. Nuestra intención no es otra que aportar a los intensos debates que por estas horas se viven en los cientos de tomas y paros a lo largo del territorio, de poner a disposición nuestras herramientas y nuestro trabajo.

Hoy vemos con entusiasmo y orgullo cómo el feminismo ha vuelto a activar políticamente a las universidades, ha vuelto a convocar a cientos de compañeras y compañeros a movilizarse, ha vuelto a llenar nuestras asambleas universitarias. Es posible denotar cómo ese poder soberano, que se vio diezmado en los últimos años de reflujo movilizatorio, vuelve a ser quien toma las decisiones al interior de nuestros espacios, con asambleas de mujeres, paros o tomas. La urgencia que ha provocado hacerle frente a la violencia patriarcal que inunda las distintas instituciones en las que estudiamos, nos ha hecho a las mujeres reaccionar y organizarnos en distintas partes del país, pudiendo contar hoy con más de 15 universidades movilizadas y varios liceos a lo largo del territorio . Sin embargo, es necesario destacar que ésta es sólo la primera etapa del ejercicio de movilización, ya que de aquí en adelante es necesario avanzar colectivamente más allá de la reacción. Hay que avanzar hacia la construcción de una hoja de ruta que oriente nuestra acción en el mediano y largo plazo. Como mujeres feministas es nuestro deber cuestionar la manera en que este sistema educativo reproduce el capitalismo patriarcal y permite que la violencia hacia nosotras se siga perpetuando. Este ejercicio es de suma necesidad para poder avanzar, finalmente, hacia la construcción de una sociedad feminista.

La labor de hoy, debe centrarse en hacerle frente a la violencia patriarcal, a través de la elaboración de líneas programáticas que nos permitan la comprensión global del conflicto, para desbordar de contenido feminista. Pues una educación no sexista debe tener distintos focos de trabajo y requiere de una movilización coordinada que nos permita darle relevancia como demanda central. Debemos hacer una lectura acuciosa de la realidad, y elaborar un programa que permita su transformación, pues sólo respondiendo a la realidad concreta, es que como pueblo podremos constituir un proyecto de emancipación feminista, superando las paredes propias del ambiente universitario. En este sentido, consideramos fundamental la construcción programática desde la noción de proyecto educativo feminista, en tanto el feminismo debe comprenderse como un principio transversal a las comunidades educativas.

Ver el momento actual requiere de echar mano a los aprendizajes del movimiento estudiantil y feminista, y en base a eso, entregar contenido a lo que significa una educación no sexista. Sin aventurarse demasiado, muchos de estos contenidos ya se encuentran desarrollados como ejes de disputa de la educación en perspectiva de las comunidades educativas que permitan la construcción de un proyecto educativo emancipador para todos/as.

Entre algunas de sus líneas podemos identificar la necesidad de:

(1) La disputa de la orientación del conocimiento

(2) Condiciones laborales dignas e igualitarias para las trabajadoras

(3) La disputa de una extensión y vinculación universitaria hacia el servicio del pueblo

(4) Democracia interna en los establecimientos (triestamentalidad)

(5) Mecanismos de acción para la prevención y responsabilizarían ante la violencia machista.

Lo necesario es continuar dotando estos últimos de perspectiva feminista, poniendo principal énfasis en la necesidad de estudiar en espacios libre de violencia machista, en donde nuestra participación y desenvolvimiento no solo se vea posibilitado, sino también resguardado.

La disputa por la orientación del conocimiento ya tiene ciertos avances a nivel en algunas universidades, aunque no suficientes. En concreto, en esta coyuntura es necesario apuntar hacia los perfiles de egreso, perfiles de docencia y mallas curriculares para que dejen de invisibilizar el rol de la mujer en la reproducción de conocimiento, disputando así el rol histórico de cuidado y afecto como una de las tareas históricamente atribuidas a la mujer que han sido permanentemente invisibilizadas. La lucha por condiciones laborales dignas para las trabajadoras de la universidad, es decir, eliminación de brecha salarial entre trabajadoras y trabajadores y fin de la subcontratación, comprendiendo que las trabajadoras más precarizadas suelen ser mujeres, sobre todo en las áreas de subcontratación en las universidades que son el aseo y jardinería. Además, visibilizar que la mayor brecha salarial existe dentro de las mujeres de la academia, las cuales, incluso con postítulos, siguen ganando sueldos inferiores a los de sus colegas.

En cuanto a la extensión, debe estar dirigida a transmitir la experiencia sobre los procesos de violencia patriarcal que ya ha vivido la universidad, y así poder socializar con establecimientos secundarios en cuanto a su manejo, como con la creación de protocolos y acompañamientos integrales. Por último, debemos reconocer que las jerarquías al interior de los centros educativos concentran el poder de toma de decisiones en ciertos organismos cerrados, por lo que la histórica demanda por democracia interna, como elección triestamental de autoridades y la participación efectiva de las instancias deliberativas de los centros educativos sigue siendo fundamental. Es en esos espacios donde se puede disputar la elaboración de cátedras universitarias transversales de contenido no sexista, como cuestión básica en la formación académica y la elaboración y aplicación de protocolos contra la violencia.

¿Cómo dar salida al conflicto de la violencia?

Esta es una pregunta que nos costará responder, y que nos perseguirá constantemente. La violencia patriarcal es parte constitutiva del modelo actual, por lo que, a pesar de combatirlo, muchas veces volverá a aparecer. Por esto, para combatirla necesitamos visibilizar por qué, cómo y para qué opera, identificando dónde se esconden sus consecuencias, reparar dónde ha hecho daño y prevenir donde continúa apareciendo. Existen universidades que no tienen  secretarías o vocalías de género como parte de la orgánica estudiantil, para conseguir el objetivo anterior es fundamental que sean estos espacios estudiantiles, en conjunto con las instituciones, quienes visibilicen la violencia en sus recintos educativos en vistas a darle un alto definitivo. Como segundo paso, es urgente generar un protocolo único contra la violencia machista (incluyendo el acoso laboral con perspectiva de género) a nivel nacional, para que toda institución educativa sepa cómo abordar los casos que aparezcan, tomando las adecuadas medidas de seguridad, resguardo y apoyo a las denunciantes, comprendiendo como vitales los procesos previos y posteriores a las aplicaciones de protocolo. Este también debe tener la capacidad de comprender cómo la violencia no le es indiferente a ningún tipo de mujer, incluyendo a trabajadoras y estudiantes en procesos igual de resguardados. Finalmente, la prevención es uno de los pasos más importantes para lograr espacios seguros, sin embargo, es uno de los que menos se ha desarrollado. Todas y todos los integrantes de las comunidades educativas (trabajadoras, trabajadores y estudiantes) deben estar formados en perspectiva de género y en la prevención de la violencia patriarcal. Esto debe incluir, además, el desarrollo de distintas formas comunicacionales que continúen la visibilización y prevención de acoso y abuso sexual en nuestros recintos educativos.

Hoy tenemos bastantes piezas a nuestro favor y debemos saber utilizarlas. El movimiento feminista ha logrado articularse con mujeres trabajadoras en lucha, y la experiencia de esas mujeres deben ser llevadas a los espacios educativos, todas las luchas deben hacerse una. Los espacios seguros son necesarios en todos los lugares de trabajo y de la vida misma, en este sentido, la disputa por un espacio educativo libre de violencia machista es solo el primer paso. Trabajadoras asalariadas, trabajadoras sin remuneración, pobladoras, estudiantes, disidencias, migrantes, TODAS son necesarias para hacerle frente al capitalismo patriarcal.

Las universidades movilizadas en todo el territorio han tenido bastantes procesos de lucha previos, logrando erigir una organización que les ha permitido avanzar en articulación y democracia. Sabemos que los espacios representativos como las Federaciones universitarias y su Confederación han perdido legitimidad por diversas razones (la violencia patriarcal entre ellas), pero hoy no es momento de abandonar nuestras asambleas, centros de estudiantes y federaciones.  Estas son las herramientas colectivas por las que los y las estudiantes hemos luchado, así hemos ido construyendo nuestro movimiento por la educación. Hoy en día debemos llenarlas y seguir disputarlas con el fin de desbordarlas de feminismo para así poder interpelar a los centros educativos y al Estado por su responsabilidad y complicidad ante la violencia patriarcal. En este mismo sentido, es necesario explorar formas de transformar estas herramientas a la luz de la crítica feminista, pues no se puede desconocer que son espacios que no están exentos de lógicas patriarcales. Y que incluso sus estatutos han significado trabas para el avance del movimiento feminista dentro de las universidades.

Además de esos espacios, también es importante relevar el levantamiento de espacios nuevos desde fuera de nuestra orgánica tradicional, tales como las asambleas de mujeres, las colectivas feministas, entre otras. Estos espacios han contribuido decisivamente a generar organización donde no la había, dotando de contenido a esta movilización y levantando intensos y necesarios debates al interior del movimiento estudiantil.

Sobre el rol de los hombres en la lucha feminista

Por otra parte, sobre el intenso debate respecto de la participación de compañeros hombres en la movilización feminista. Partimos la reflexión sobre dos cuestiones fundamentales: la violencia patriarcal como algo estructural- transversal, y la opresión de género como nodos constitutivos del capitalismo patriarcal, esto quiere decir que el problema afecta a tod@s quienes constituimos esta sociedad, ya sea para quienes simbolizamos lo “femenino” en desmedro de lo “masculino” o dentro de lo femenino o masculino quienes no respondemos a los patrones hegemónico de cómo se han entendido los roles y estereotipos de género.

En ese marco, es fundamental que nuestros compañeros se involucren en las movilizaciones de manera activa y en sintonía con la movilización feminista, respetando la legitimidad y necesidad de los espacios separatistas de mujeres, pero también generando los propios para que, de manera reflexiva y crítica, puedan cuestionar sus privilegios. De este modo apostamos a generar una mirada de totalidad que vaya más allá de las expresiones más evidentes de violencia machista, logrando evidenciar el cómo opera la masculinidad hegemónica en toda su complejidad, tanto nivel de la estructura como de nuestras individualidades. Sin embargo, esto no significa, por ningún motivo, que sea “tarea” de las compañeras “educar” a los compañeros en feminismo. Por otra parte, estos tampoco deben asumir una posición victimizante al develar sus responsabilidades, ni tampoco creer que por haber discutido un par de veces sobre feminismo están libres de actitudes machistas. No, décadas de socialización sexista no se desaprenden en algunos meses, o incluso años, a lo que debemos apostar es a una nueva forma de concebir nuestras relaciones sociales en el largo plazo, un nuevo compromiso de vida. En definitiva, el rol que pueden jugar los hombres en la movilización feminista es fundamentalmente hacia adentro de sí mismos y de sus prácticas, dejando de lado la disputa de la palestra pública que han utilizado por cientos de años. Esta vez, el protagonismo le corresponde a las mujeres y las disidencias.

En conclusión, los hombres se deberían exigir a sí mismos:

  1. Toma de consciencia y renuncia a los privilegios machistas
  2. Traicionar la complicidad machista y construir estrategias de interpelación hacia otros varones.
  3. Hacerse responsable de su formación y debates generales.
  4. Asumir tareas de cuidado y de reproducción, siempre relegadas a lo femenino, pero tan necesarias para mantener vigente los espacios: tareas domésticas, de limpieza, cuidados, alimentación, etc.

Finalmente, a modo de cierre, sabemos que estamos y continuaremos haciendo historia. Por eso, con más convicción que nunca, con la memoria presente de todas nuestras antepasadas, seguimos gritando con fuerza:

¡Cuando las mujeres avanzan ningún pueblo retrocede!

¡“La Revolución será feminista o no será” !

¡Contra la precarización de nuestras vidas!

 

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